Jeremías 11Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1PALABRA que fue de Jehová, a Jeremías, diciendo:
2Oid las palabras de este pacto, y hablad a todo varón de Judá, y a todo morador de Jerusalem.
3Y les dirás tú: Así dijo Jehová Dios de Israel: Maldito el varón que no obedeciere las palabras de este pacto,
4El cual mandé a vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: Oid mi voz, y ejecutad aquellas, conforme a todo lo que os mando, y me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios;
5Para que confirme el juramento que hice a vuestros padres, que les daría la tierra que corre leche y miel, como este día. Y respondí, y dije: Amén, oh Jehová.
6Y Jehová me dijo: Pregona todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem, diciendo: Oid las palabras de este pacto, y ponedlas por obra.
7Porque con eficacia protesté a vuestros padres el día que los hice subir de la tierra de Egipto hasta el día de hoy, madrugando y protestando, diciendo: Oid mi voz.
8Mas no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su corazón malvado: por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron.
9Y díjome Jehová: Conjuración se ha hallado en los varones de Judá, y en los moradores de Jerusalem.
10Hanse vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, antes se fueron tras dioses ajenos para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres.
11Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré.
12E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalem, y clamarán a los dioses a quienes queman ellos inciensos, los cuales no los podrán salvar en el tiempo de su mal.
13Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de tus calles, oh Jerusalem, pusisteis los altares de ignominia, altares para ofrecer sahumerios a Baal.
14Tú pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque yo no oiré el día que en su aflicción a mí clamaren.
15Qué tiene mi amado en mi casa, habiendo hecho abominaciones muchas? Y las carnes santas pasarán de sobre ti, porque en tu maldad te gloriaste.
16Oliva verde, hermosa en fruto y en parecer, llamó Jehová tu nombre. A la voz de gran palabra hizo encender fuego sobre ella, y quebraron sus ramas.
17Pues Jehová de los ejércitos, que te plantó, ha pronunciado mal contra ti, a causa de la maldad de la casa de Israel y de la casa de Judá, que hicieron a sí mismos, provocándome a ira con incensar a Baal.
18Y Jehová me lo hizo saber, y conocílo: entonces me hiciste ver sus obras.
19Y yo como cordero inocente que llevan a degollar, pues no entendía que maquinaban contra mí designios, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, y no haya más memoria de su nombre.
20oh Jehová de los ejércitos, que juzgas justicia, que sondas los riñones y el corazón, vea yo tu venganza de ellos: porque a ti he descubierto mi causa.
21Por tanto, así ha dicho Jehová de los varones de Anatot, que buscan tu alma, diciendo: No profetices en nombre de Jehová, y no morirás a nuestras manos:
22Así pues ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los visito; los mancebos morirán a cuchillo; sus hijos y sus hijas morirán de hambre;
23Y no quedará resto de ellos: porque yo traeré mal sobre los varones de Anatot, año de su visitación.
Sobre Jeremías 11
¿Qué pasa aquí?
Dios le recuerda a Jeremías el pacto hecho en el Éxodo, que Israel y Judá han quebrantado. A Jeremías se le manda proclamarlo por todo Judá. Luego, un complot: los hombres de su propio pueblo natal, Anatot, conspiran para matarlo. Dios le revela la conspiración. Jeremías ora pidiendo juicio sobre ellos. Dios confirma el castigo: ninguno de los hombres de Anatot sobrevivirá.
¿La idea principal?
La primera amenaza de muerte contra Jeremías viene de sus propios vecinos, la gente que lo conocía antes de que fuera profeta. La traición de su pueblo natal es la primera de muchas.
Una línea para recordar
19: "Y yo como cordero inocente que llevan a degollar, pues no entendía que maquinaban contra mí designios, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, y no haya más memoria de su nombre." La inocencia de la imagen lo hace peor.
El contexto
Anatot está a unos cinco kilómetros de Jerusalén. Jeremías creció allí, en una familia sacerdotal. Los hombres que conspiran contra él no son extranjeros. Son parientes, gente que compartió la misma mesa, que lo recuerda de niño. La cercanía de la traición es parte de su peso.
¿Quién aparece?
Jeremías, que no supo del complot hasta que Dios se lo reveló. Los hombres de Anatot, sus propios parientes y vecinos, que conspiran contra él. Dios, que revela la conspiración y pronuncia juicio sobre los conspiradores.
Por qué importa
La conspiración de Anatot es la primera de cinco confesiones o pasajes de lamento en Jeremías. Estos pasajes no se parecen a nada más en los libros proféticos: crudos, personales, a veces casi acusadores hacia Dios. Se volvieron el modelo para entender el sufrimiento profético y tuvieron una profunda influencia en los Salmos de lamento.
Para cuando sientes...
Para cuando las personas más cercanas a ti son las que trabajan en tu contra. El capítulo no suaviza esto. El pueblo natal de Jeremías lo quiere muerto. Ese detalle no es simbólico.