Zacarías 10Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1PEDID a Jehová lluvia en la sazón tardía: Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba en el campo a cada uno.
2Porque las imágenes han hablado vanidad, y los adivinos han visto mentira, y han hablado sueños vanos, en vano consuelan: por lo cual se fueron ellos como ovejas, fueron humillados porque no tuvieron pastor.
3Contra los pastores se ha encendido mi enojo, y castigaré los machos de cabrío: mas Jehová de los ejércitos visitará su rebaño, la casa de Judá, y tornarálos como su caballo de honor en la guerra.
4De él saldrá el ángulo, de él la clavija, de él el arco de la guerra, de él también todo apremiador.
5Y serán como valientes, que en la batalla pisan al enemigo en el lodo de las calles; y pelearán, porque Jehová será con ellos; y los que cabalgan en caballos serán avergonzados.
6Porque yo fortificaré la casa de Judá, y guardaré la casa de José; y harélos volver, porque de ellos tendré piedad; y serán como si no los hubiera desechado; porque yo soy Jehová su Dios, que los oiré.
7Y será Efraín como valiente, y alegraráse su corazón como de vino: sus hijos también verán y se alegrarán; su corazón se gozará en Jehová.
8Yo les silbaré y los juntaré, porque los he redimido; y serán multiplicados como fueron multiplicados.
9Bien que los sembraré entre los pueblos, aun en lejanos países se acordarán de mí; y vivirán con sus hijos, y tornarán.
10Porque yo los tornaré de la tierra de Egipto, y los recogeré de la Asiria; y traerélos a la tierra de Galaad y del Líbano, y no les bastará.
11Y la tribulación pasará por la mar, y en la mar herirá las ondas, y se secarán todas las honduras del río: y la soberbia del Asur será derribada, y se perderá el cetro de Egipto.
12Y yo los fortificaré en Jehová, y caminarán en su nombre, dice Jehová.
Sobre Zacarías 10
¿Qué pasa aquí?
Dios reprende a Israel por consultar a los ídolos y a los falsos adivinos en lugar de pedirle directamente a él lo que necesitan, aun la lluvia. Promete reunir a las tribus dispersas de Judá y de Efraín, fortalecerlas para la batalla y traerlas de vuelta de Egipto y de Asiria. La imagen de un pastor que guía a su rebaño da paso a la de un guerrero que dirige un ejército. El cuidado personal de Dios por cada miembro de su pueblo es tan intenso que les silbará como un apicultor que llama a su enjambre de vuelta a casa.
¿La idea principal?
Al pueblo que confió en ídolos y en falsos pastores se le promete una guía divina directa que traerá de vuelta a cada exiliado.
Una línea para recordar
6: "Porque yo fortificaré la casa de Judá, y guardaré la casa de José; y harélos volver, porque de ellos tendré piedad; y serán como si no los hubiera desechado; porque yo soy Jehová su Dios, que los oiré." La frase "como si no los hubiera desechado" va más allá del perdón hacia algo cercano a una restauración de la memoria: no solo perdonados, sino devueltos a una posición en la que el exilio nunca llegó a suceder del todo.
El contexto
La comunidad en la tierra compra amuletos para la lluvia y consulta a los ídolos de la casa porque la lluvia se retrasa y los pastores le fallan. Dios corta por lo sano: pídanme a mí. Yo hice las nubes. Luego se vuelve al cuadro más amplio: el pueblo disperso desde el norte de África hasta el valle del Tigris, dos siglos y medio de dispersión asiria, será reunido. Caminarán por mares que se abren para ellos. La soberbia de Asiria caerá, el poder de Egipto se desvanecerá, e Israel volverá marchando a casa como un pueblo que sabe exactamente quién lo guía.
¿Quién aparece?
Dios habla en primera persona de principio a fin, como pastor convertido en guerrero y finalmente como aquel que llama en persona a cada disperso de vuelta a casa. La casa de Judá y la casa de José, que representan los reinos divididos, son tratadas como un pueblo reunificado. Los falsos adivinos y los machos cabríos que guían son contrastados con Jehová de los ejércitos, que visitará él mismo a su rebaño.
Por qué importa
Zacarías 10 aborda el problema de la diáspora, que sigue vigente aun después de que algunos repatriados han vuelto. Las tribus del norte, dispersadas por Asiria en el año 722 a. C., nunca regresaron. La promesa de Dios aquí llega hasta ellas, no solo a los exiliados de Babilonia. La imagen del mar en el versículo 11, pasar por el mar y herir las olas, hace eco deliberado del Éxodo y presenta el nuevo recogimiento como un segundo Éxodo de alcance aún mayor.
Para cuando sientes...
El capítulo tiene una cualidad de reunión, de regreso a casa. El enojo contra los falsos pastores es real pero breve; lo que domina es la energía de un padre que llama a todos a entrar, el silbido específico para cada disperso a cualquier distancia.