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Romanos 2
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Romanos 2Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1POR lo cual eres inexcusable, oh hombre, cualquiera que juzgas: porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque lo mismo haces, tú que juzgas.

2Mas sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que hacen tales cosas.

3Y piensas esto, oh hombre, que juzgas a los que hacen tales cosas, y haces las mismas, que tú escaparás del juicio de Dios?

4O menosprecias las riquezas de su benignidad, y paciencia, y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía a arrepentimiento?

5Mas por tu dureza, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios;

6El cual pagará a cada uno conforme a sus obras:

7A los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, la vida eterna.

8Mas a los que son contenciosos, y no obedecen a la verdad, antes obedecen a la injusticia, enojo e ira;

9Tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo, el Judío primeramente, y también el Griego:

10Mas gloria y honra y paz a cualquiera que obra el bien, al Judío primeramente, y también al Griego.

11Porque no hay acepción de personas para con Dios.

12Porque todos los que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados:

13Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados.

14Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley a sí mismos:

15Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros;

16En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme a mi evangelio, por Jesucristo.

17He aquí, tú tienes el sobrenombre de Judío, y estás reposado en la ley, y te glorías en Dios,

18Y sabes su voluntad, y apruebas lo mejor, instruído por la ley;

19Y confías que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,

20Enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes la forma de la ciencia y de la verdad en la ley:

21Tú pues, que enseñas a otro, ¿ no te enseñas a ti mismo? ¿ Tú, que predicas que no se ha de hurtar, hurtas?

22Tú, que dices que no se ha de adulterar, adulteras? ¿ Tú, que abominas los ídolos, cometes sacrilegio?

23Tú, que te jactas de la ley, con infracción de la ley deshonras a Dios?

24Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los Gentiles, como está escrito.

25Porque la circuncisión en verdad aprovecha, si guardares la ley; mas si eres rebelde a la ley, tu circuncisión es hecha incircuncisión.

26De manera que, si el incircunciso guardare las justicias de la ley, ¿ no será tenida su incircuncisión por circuncisión?

27Y lo que de su natural es incircunciso, guardando perfectamente la ley, te juzgará a ti, que con la letra y con la circuncisión eres rebelde a la ley.

28Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne:

29Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.

Sobre Romanos 2

¿Qué pasa aquí?

Pablo dirige su argumento contra el moralista, judío o gentil, que está de acuerdo con la condena del capítulo uno pero se exime a sí mismo. Quien juzga a otros comete los mismos pecados. El juicio de Dios es imparcial: premia la perseverancia en el bien y castiga la persistencia en el mal, sin favoritismo por identidad étnica. Incluso los gentiles que siguen su conciencia sin tener la ley muestran la obra de ella escrita en sus corazones.

¿La idea principal?

Saber lo que es correcto, o tener la ley, no te exime del juicio; lo que importa es si haces lo que sabes.

Una línea para recordar

4: "O menosprecias las riquezas de su benignidad, y paciencia, y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía a arrepentimiento?" La paciencia de Dios no es un permiso. Es el espacio para dar la vuelta.

El contexto

En el panorama religioso de Roma, tanto los maestros judíos como los filósofos estoicos se presentaban como guías morales. Pablo escribe con esas voces en mente. El estoico creía que la razón llevaba a la virtud; el maestro judío creía que la observancia de la Torá separaba a los justos del mundo pagano. Pablo desmonta ambas excepciones antes de explicar la verdadera solución.

¿Quién aparece?

El moralista anónimo al que Pablo se dirige en segunda persona a lo largo del capítulo. El gentil que guarda la ley por instinto sin poseerla. El judío circuncidado cuya señal externa no corresponde a su corazón.

Por qué importa

Este capítulo cierra la salida de emergencia que los moralistas religiosos se reservan para sí mismos. La lógica de Pablo es precisa: si condenas a otros por lo que tú también haces, te condenas a ti mismo. La imparcialidad de Dios corta en ambas direcciones, lo cual es amenazante para el que está dentro del sistema religioso pero, en última instancia, esperanzador para todos los demás.

Para cuando sientes...

Para cuando te descubres juzgando las mismas faltas que cargas en privado. Pablo no es duro aquí; es exacto, y esa exactitud es lo que hace necesario el evangelio.