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Romanos 1
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Romanos 1Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1PABLO, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,

2Que él había antes prometido por sus profetas en las santas Escrituras,

3Acerca de su Hijo, ( que fue hecho de la simiente de David según la carne;

4El cual fue declarado Hijo de Dios con potencia, según el espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos ), de Jesucristo Señor nuestro,

5Por el cual recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe en todas las naciones en su nombre,

6Entre las cuales sois también vosotros, llamados de Jesucristo:

7A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados santos: Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

8Primeramente, doy gracias a mi Dios por Jesucristo acerca de todos vosotros, de que vuestra fe es predicada en todo el mundo.

9Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones,

10Rogando, si al fin algún tiempo haya de tener, por la voluntad de Dios, próspero viaje para ir a vosotros.

11Porque os deseo ver, para repartir con vosotros algún don espiritual, para confirmaros;

12Es a saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la común fe vuestra y juntamente mía.

13Mas no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros ( empero hasta ahora he sido estorbado ), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás Gentiles.

14A Griegos y a bárbaros, a sabios y a no sabios soy deudor.

15Así que, cuanto a mí, presto estoy a anunciar el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.

16Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud a todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego.

17Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe.

18Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia:

19Porque lo que de Dios se conoce, a ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó.

20Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables:

21Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de ellos fue entenebrecido.

22Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos,

23Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes.

24Por lo cual también Dios los entregó a inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de suerte que contaminaron sus cuerpos entre sí mismos:

25Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo a las criaturas antes que al Criador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

26Por esto Dios los entregó a afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza:

27Y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de las mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la recompensa que convino a su extravío.

28Y como a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene,

29Estando atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades;

30Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,

31Necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia:

32Que, habiendo entendido el juicio de Dios que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, mas aun consienten a los que las hacen.

Sobre Romanos 1

¿Qué pasa aquí?

Pablo abre su carta más formal con sus credenciales, un saludo y el deseo expreso de visitar Roma. Anuncia su tema: el evangelio es potencia de Dios para salvación. Luego da un giro brusco. Las naciones gentiles tenían suficiente conocimiento de Dios por medio de la creación para adorarle, pero eligieron ídolos. El resultado fue un deterioro moral en todas las áreas de la vida, una espiral descendente que va de la verdad suprimida al caos.

¿La idea principal?

Rechazar el conocimiento de Dios que da la creación no deja a nadie en terreno neutral; pone en marcha un desmoronamiento progresivo de la adoración, la razón y la ética.

Una línea para recordar

16: "Porque no me avergüenzo del evangelio: porque es potencia de Dios para salud a todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego." Pablo clava su bandera en el primer capítulo y ancla todo lo que sigue a esta tesis.

El contexto

Pablo escribe desde Corinto hacia el año 57 d. C., mientras se prepara para ir a Jerusalén con una ofrenda de ayuda. Roma es la capital del imperio, una ciudad cosmopolita de un millón de personas donde toda religión y toda filosofía competían por adeptos. Al escribir a una iglesia que conoce su fama pero no su rostro, Pablo es deliberado y minucioso desde la primera frase.

¿Quién aparece?

Pablo, apóstol de los gentiles, que escribe desde Corinto con urgencia y propósito sistemático. La iglesia de Roma, formada por creyentes judíos y gentiles a quienes Pablo nunca ha visitado en persona.

Por qué importa

Este capítulo establece el marco diagnóstico de toda la carta. Antes de explicar la salvación, Pablo debe demostrar que la humanidad la necesita. El acceso del mundo gentil a la revelación natural, y su fracaso en actuar conforme a ese conocimiento, establece una responsabilidad moral universal. Todo argumento posterior sobre la gracia descansa en este diagnóstico.

Para cuando sientes...

Para cuando sientes que el mundo gira hacia algo peor. Pablo le pone nombre al patrón, no para condenar sino para diagnosticar, y el diagnóstico es el primer paso hacia la cura.