Mateo 15Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1ENTONCES llegaron a Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo:
2Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no se lavan las manos cuando comen pan.
3Y él respondiendo, les dijo: ¿ Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?
4Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y a la madre, y, El que maldijere al padre o a la madre, muera de muerte.
5Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere al padre o a la madre: Es ya ofrenda mía a Dios todo aquello con que pudiera valerte;
6No deberá honrar a su padre o a su madre con socorro. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.
7Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:
8Este pueblo de labios me honra; mas su corazón lejos está de mí.
9Mas en vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres.
10Y llamando a sí las gentes, les dijo: Oid, y entended:
11No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
12Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿ Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron?
13Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.
14Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.
15Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.
16Y Jesús dijo: ¿ Aun también vosotros sois sin entendimiento?
17No entendéis aún, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina?
18Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.
19Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.
20Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre.
21Y saliendo Jesús de allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón.
22Y he aquí una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.
23Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.
24Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
25Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.
26Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.
27Y ella dijo: Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.
28Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora.
29Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea: y subiendo al monte, se sentó allí.
30Y llegaron a él muchas gentes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos: y los echaron a los pies de Jesús, y los sanó:
31De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel.
32Y Jesús llamando a sus discípulos, dijo: Tengo lástima de la gente, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos ayunos no quiero, porque no desmayen en el camino.
33Entonces sus discípulos le dicen: ¿ Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos a tan gran compañía?
34Y Jesús les dice: ¿ Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.
35Y mandó a las gentes que se recostasen sobre la tierra.
36Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, partió y dio a sus discípulos; y los discípulos a la gente.
37Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas.
38Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños.
39Entonces, despedidas las gentes, subió en el barco: y vino a los términos de Magdalá.
Sobre Mateo 15
¿Qué pasa aquí?
Los fariseos acusan a Jesús porque sus discípulos comen sin lavarse las manos. Él les responde: invalidáis los mandamientos de Dios por vuestras tradiciones. Lo que contamina a una persona sale del corazón, no de la comida. Se retira a la región de Tiro y Sidón, donde una mujer cananea le ruega que sane a su hija. Tras un diálogo tenso, Jesús elogia su fe y sana a la muchacha a distancia. Vuelve a Galilea, sana a muchos y luego alimenta a cuatro mil con siete panes.
¿La idea principal?
Limpio e inmundo, dentro y fuera, aceptable e inaceptable: Jesús reordena cada categoría, y la persistencia de una mujer gentil es la prueba.
Una línea para recordar
28: "Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora." Ella argumentó hasta obtener un milagro, y Jesús lo honró.
El contexto
Tiro y Sidón eran ciudades fenicias en la costa del Mediterráneo, fuera del territorio judío. Que Jesús estuviera en esa región ya era inusual. Que una mujer cananea se acercara allí a un rabino judío con una petición desesperada era cruzar a la vez todas las líneas sociales y étnicas.
¿Quién aparece?
Los fariseos y escribas venidos de Jerusalén; la mujer cananea que no se deja despedir; su hija endemoniada, sanada a distancia; la multitud de cuatro mil.
Por qué importa
La mujer cananea es una de los dos no judíos en Mateo que reciben un elogio explícito de Jesús. El diálogo resulta incómodo en la superficie, con Jesús usando la metáfora del pan de los hijos para resistirse al principio. Pero ella toma la metáfora y le da la vuelta, y Jesús dice que no ha visto una fe así en Israel.
Para cuando sientes...
Para cuando te han dicho que no, o te has sentido fuera del círculo de los que reciben ayuda. La mujer no acepta el rechazo como respuesta final. Persiste sin agresividad y con un ingenio extraordinario. El resultado es la sanidad de su hija.