Josué 6Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1EMPERO Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel: nadie entraba, ni salía.
2Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.
3Cercaréis pues la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez: y esto haréis seis días.
4Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas.
5Y cuando tocaren prolongadamente el cuerno de carnero, así que oyereis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá debajo de sí: entonces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí.
6Y llamando Josué hijo de Nun a los sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y siete sacerdotes lleven bocinas de cuernos de carneros delante del arca de Jehová.
7Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová.
8Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas: y el arca del pacto de Jehová los seguía.
9Y los armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la gente reunida iba detrás del arca, andando y tocando bocinas.
10Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no daréis grita, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad: entonces daréis grita.
11El arca pues de Jehová dio una vuelta alrededor de la ciudad, y viniéronse al real, en el cual tuvieron la noche.
12Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová.
13Y los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas; y los armados iban delante de ellos, y la gente reunida iba detrás del arca de Jehová, andando y tocando las bocinas.
14Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volviéronse al real: de esta manera hicieron por seis días.
15Y al séptimo día levantáronse cuando subía el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces: solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces.
16Y como los sacerdotes hubieron tocado las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Dad grita, porque Jehová os ha entregado la ciudad.
17Mas la ciudad será anatema a Jehová, ella con todas las cosas que están en ella: solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estuvieren en casa con ella, por cuanto escondió los mensajeros que enviamos.
18Empero guardaos vosotros del anatema, que ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, porque no hagáis anatema el campo de Israel, y lo turbéis.
19Mas toda la plata, y el oro, y vasos de metal y de hierro, sea consagrado a Jehová, y venga al tesoro de Jehová.
20Entonces el pueblo dio grita, y los sacerdotes tocaron las bocinas: y aconteció que como el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, dio el pueblo grita con gran vocerío, y el muro cayó a plomo. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno en derecho de sí, y tomáronla.
21Y destruyeron todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, mozos y viejos, hasta los bueyes, y ovejas, y asnos, a filo de espada.
22Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allá a la mujer, y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis.
23Y los mancebos espías entraron, y sacaron a Rahab, y a su padre, y a su madre, y a sus hermanos, y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y pusiéronlos fuera del campo de Israel.
24Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había: solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata, y el oro, y los vasos de metal y de hierro.
25Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía: y habitó ella entre los Israelitas hasta hoy; por cuanto escondió los mensajeros que Josué envió a reconocer a Jericó.
26Y en aquel tiempo Josué les juramentó diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. En su primogénito eche sus cimientos, y en su menor asiente sus puertas.
27Fue pues Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.
Sobre Josué 6
¿Qué pasa aquí?
Dios le da a Josué la táctica para Jericó: siete días de marcha en silencio, con sacerdotes tocando bocinas de cuerno de carnero, que terminan con un solo grito enorme el séptimo día. Israel sigue las instrucciones al pie de la letra. Los muros se derrumban. La ciudad es dada al anatema, el herem, es decir, la destrucción total, salvo la casa de Rahab, marcada por el cordón de grana.
¿La idea principal?
Jericó no cae por asedio ni por asalto sino por obediencia ritual. La batalla es enteramente de Dios; el papel de Israel es presentarse y obedecer.
Una línea para recordar
20: "Entonces el pueblo dio grita, y los sacerdotes tocaron las bocinas: y aconteció que como el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, dio el pueblo grita con gran vocerío, y el muro cayó a plomo. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno en derecho de sí, y tomáronla." El muro no se desmorona, cae a plomo, y deja a cada soldado un camino recto hacia adentro.
El contexto
Jericó hacia el 1400 a. C. es una ciudad amurallada de quizá unos pocos miles de habitantes, con las defensas más fuertes del valle del Jordán. Los israelitas la rodean en silencio absoluto, los sacerdotes en el centro tocando los cuernos, el arca llevada entre ellos. Desde los muros, la ciudad ve a un ejército no hacer nada durante seis días. El séptimo día la marcha empieza al alba y no se detiene hasta completar siete vueltas; entonces el silencio estalla en un rugido y los muros caen.
¿Quién aparece?
Josué, que manda sin armas visibles; los siete sacerdotes con bocinas de cuerno de carnero; el arca, centro visible de la procesión; Rahab, que espera dentro de los muros con su familia reunida; los soldados, que guardan silencio seis días y luego gritan a la orden; el rey y el pueblo de Jericó, atrapados tras sus propios muros.
Por qué importa
Jericó es el caso modelo de la guerra de herem, la destrucción total consagrada a Dios. El oro, la plata y los metales van al tesoro; todo lo que vive muere salvo la familia de Rahab. Es uno de los pasajes moralmente más difíciles de la Biblia y el texto no lo suaviza. La violencia es real y total. Al mismo tiempo, el relato la presenta como juicio divino sobre una ciudad de maldad notoria. El cordón de grana se vuelve una de las prefiguraciones más antiguas de la gracia dentro del juicio.
Para cuando sientes...
Seis días de silencio con el sonido de los cuernos de carnero debieron de ser irreales: soldados caminando, mirando los muros, sin decir nada, volviendo al campamento cada tarde. El séptimo día el silencio se rompe y los muros también. La tensión se acumula y se libera a lo largo de una semana entera.