Joel 2Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1TOCAD trompeta en Sión, y pregonad en mi santo monte: tiemblen todos los moradores de la tierra; porque viene el día de Jehová, porque está cercano.
2Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra, que sobre los montes se derrama como el alba: un pueblo grande y fuerte: nunca desde el siglo fue semejante, ni después de él será jamás en años de generación en generación.
3Delante de él consumirá fuego, tras de él abrasará llama; como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto asolado; ni tampoco habrá quien de él escape.
4Su parecer, como parecer de caballos; y como gente de a caballo correrán.
5Como estruendo de carros saltarán sobre las cumbres de los montes; como sonido de llama de fuego que consume hojarascas, como fuerte pueblo aparejado para la batalla.
6Delante de él temerán los pueblos, pondránse mustios todos los semblantes.
7Como valientes correrán, como hombres de guerra subirán la muralla; y cada cual irá en sus caminos, y no torcerán sus sendas.
8Ninguno apretará a su compañero, cada uno irá por su carrera; y aun cayendo sobre la espada no se herirán.
9Irán por la ciudad, correrán por el muro, subirán por las casas, entrarán por las ventanas a manera de ladrones.
10Delante de él temblará la tierra, se estremecerán los cielos: el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor.
11Y Jehová dará su voz delante de su ejército: porque muchos son sus reales y fuertes, que ponen en efecto su palabra: porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿ y quién lo podrá sufrir?
12Por eso pues ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto.
13Y lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo.
14Quién sabe si volverá, y se apiadará, y dejará bendición tras de él, presente y libación para Jehová Dios vuestro?
15Tocad trompeta en Sión, pregonad ayuno, llamad a congregación.
16Reunid el pueblo, santificad la reunión, juntad los viejos, congregad los niños y los que maman: salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia.
17Entre la entrada y el altar, lloren los sacerdotes, ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no pongas en oprobio tu heredad, para que las gentes se enseñoreen de ella. ¿ Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?
18Y Jehová celará su tierra, y perdonará su pueblo.
19Y responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, y mosto, y aceite, y seréis saciados de ellos: y nunca más os pondré en oprobio entre las gentes.
20Y haré alejar de vosotros al del aquilón, y echarélo en la tierra seca y desierta: su faz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental, y exhalará su hedor; y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas.
21Tierra, no temas; alégrate y gózate: porque Jehová ha de hacer grandes cosas.
22Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos.
23hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia arregladamente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.
24Y las eras se henchirán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite.
25Y os restituiré los años que comió la oruga, la langosta, el pulgón, y el revoltón; mi grande ejército que envié contra vosotros.
26Y comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros: y nunca jamás será mi pueblo avergonzado.
27Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro: y mi pueblo nunca jamás será avergonzado.
28Y será que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros viejos soñarán sueños, y vuestros mancebos verán visiones.
29Y aun también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.
30Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.
31El sol se tornará en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.
32Y será que cualquiera que invocare el nombre de Jehová, será salvo: porque en el monte de Sión y en Jerusalem habrá salvación, como Jehová ha dicho, y en los que quedaren, a los cuales Jehová habrá llamado.
Sobre Joel 2
¿Qué pasa aquí?
Joel da la alarma en Sion: un ejército inmenso, de precisión sobrenatural, avanza sobre Jerusalén mientras se acerca el día de Jehová. Dios llama al pueblo a un arrepentimiento genuino del corazón, no a un ritual de apariencias. Cuando la nación se vuelve, Dios promete ahuyentar al enemigo, restaurar las cosechas arruinadas y derramar su Espíritu sobre toda persona, una promesa que Pedro citará en Pentecostés.
¿La idea principal?
El arrepentimiento verdadero abre la puerta a la restauración, y el Espíritu de Dios caerá sobre todos, no solo sobre la élite.
Una línea para recordar
13: "Y lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo." Este solo versículo replantea toda la tradición profética: las señales externas de duelo no significan nada sin una entrega interior, y detrás de esa exigencia está el carácter de un Dios que busca un motivo para desistir.
El contexto
Ahora las langostas se leen como un ejército que desafía la guerra normal: escala los muros sin romper filas, entra por las ventanas como ladrones y oscurece el sol a su paso. Joel está en algún lugar entre la plaza y los atrios del templo, suplicando a gente que ha sobrevivido a una oleada que se prepare para algo peor, y aun así insistiendo en que la puerta de la misericordia sigue abierta si alguien simplemente se da la vuelta y lo hace de verdad.
¿Quién aparece?
Dios habla directamente y por extenso, como comandante del ejército que avanza y como el que ofrece misericordia. Los sacerdotes lloran entre la entrada y el altar. Se convoca a toda la congregación, desde los niños de pecho hasta los recién casados. Nadie queda exento del llamado.
Por qué importa
Joel 2:28-32 es la bisagra del Nuevo Testamento. Pedro se pone de pie en Jerusalén en Pentecostés y anuncia que el Espíritu que cae sobre la multitud es exactamente lo que Joel describió: hijos, hijas, siervos y ancianos recibiendo profecía y visiones. El pasaje sostiene la afirmación de que el nacimiento de la iglesia no fue un accidente sino un cumplimiento escrito siglos antes.
Para cuando sientes...
El capítulo sostiene el terror y la ternura en el mismo aliento. El avance del ejército es implacable e inhumano; la oferta de Dios de desistir es cálida y personal, casi urgente en su compasión.