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Jeremías 38
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Jeremías 38Reina Valera 1909 · Biblia en audio

1Y OYÓ Sefatías hijo de Matán, y Gedalías hijo de Pasur, y Jucal hijo de Selemías, y Pasur hijo de Malquías, las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo, diciendo:

2Así ha dicho Jehová: El que se quedare en esta ciudad morirá a cuchillo, o de hambre, o de pestilencia; mas el que saliere a los Caldeos vivirá, pues su vida le será por despojo, y vivirá.

3Así ha dicho Jehová: De cierto será entregada esta ciudad en mano del ejército del rey de Babilonia, y tomarála.

4Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal.

5Y dijo el rey Sedequías: Helo ahí, en vuestras manos está; que el rey no podrá contra vosotros nada.

6Entonces tomaron ellos a Jeremías, e hiciéronlo echar en la mazmorra de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la mazmorra no había agua, sino cieno; y hundióse Jeremías en el cieno.

7Y oyendo Ebed-melec, hombre etiope, eunuco que estaba en casa del rey, que habían puesto a Jeremías en la mazmorra, y estando sentado el rey a la puerta de Benjamín,

8Ebed-melec salió de la casa del rey, y habló al rey, diciendo:

9Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con Jeremías profeta, al cual hicieron echar en la mazmorra; porque allí se morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad.

10Entonces mandó el rey al mismo Ebed-melec Etiope, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar a Jeremías profeta de la mazmorra, antes que muera.

11Y tomó Ebed-melec en su poder hombres, y entró a la casa del rey al lugar debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos viejos, traídos, viejos, y andrajosos, y echólos a Jeremías con sogas en la mazmorra.

12Y dijo Ebed-melec Etiope a Jeremías: Pon ahora esos trapos viejos, traídos, y rotos, bajo los sobacos de tus brazos, debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías.

13De este modo sacaron a Jeremías con sogas, y subiéronlo de la mazmorra; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.

14Después envió el rey Sedequías, e hizo traer a sí a Jeremías profeta a la tercera entrada que estaba en la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Pregúntote una palabra, no me encubras ninguna cosa.

15Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo denunciare, ¿ no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no has de escucharme.

16Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu alma.

17Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si salieres luego a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego; y vivirás tú y tu casa:

18Mas si no salieres a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los Caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos.

19Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Témome a causa de los Judíos que se han adherido a los Caldeos, que no me entreguen en sus manos y me escarnezcan.

20Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y tendrás bien, y vivirá tu alma.

21Mas si no quisieres salir, esta es la palabra que me ha mostrado Jehová:

22Y he aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del rey de Judá, serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia; y ellas mismas dirán: Te han engañado, y prevalecido contra ti tus amigos; atollaron en el cieno tus pies, se volvieron atrás.

23Sacarán pues, todas tus mujeres y tus hijos a los Caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de Babilonia serás preso, y a esta ciudad quemará a fuego.

24Y dijo Sedequías a Jeremías: Nadie sepa estas palabras, y no morirás.

25Y si los príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y vinieren a ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué te dijo el rey;

26Les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese tornar a casa de Jonatán porque no me muriese allí.

27Y vinieron luego todos los príncipes a Jeremías, y preguntáronle: y él les respondió conforme a todo lo que el rey le había mandado. Con esto se dejaron de él, porque el negocio no se había oído.

28Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que fue tomada Jerusalem; y allí estaba cuando Jerusalem fue tomada.

Sobre Jeremías 38

¿Qué pasa aquí?

Cuatro príncipes hacen echar a Jeremías en una cisterna llena de lodo donde se hunde hasta las axilas. Un eunuco etíope llamado Ebed-melec se lo informa a Sedequías y obtiene permiso para rescatarlo, usando trapos viejos para acolchar las sogas. Sedequías vuelve a reunirse en secreto con Jeremías y le ruega la verdad. Jeremías se la repite: ríndete o muere. La ciudad arderá; las mujeres de la corte serán llevadas cantando.

¿La idea principal?

El que salva a Jeremías de la cisterna es un eunuco extranjero sin poder político; el que tiene el poder y hace la pregunta correcta sigue sin poder actuar según la respuesta.

Una línea para recordar

4: "Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales palabras" Decir la verdad durante un asedio se llama traición.

El contexto

Una cisterna vacía fuera de las murallas de Jerusalén, a la que han bajado a Jeremías con sogas. Se está hundiendo en el lodo. Ebed-melec va al rey, obtiene permiso, va a un almacén, encuentra trapos viejos, vuelve a la cisterna y baja el acolchado antes que las sogas. La logística del rescate se registra con cuidado porque importa.

¿Quién aparece?

Sefatías, Gedalías, Jucal y Pasur, los cuatro príncipes que echan a Jeremías en la cisterna. Ebed-melec el etíope, que arriesga su capital político para rescatarlo. Sedequías, que hace la pregunta correcta y luego no hace nada con la respuesta.

Por qué importa

Ebed-melec se convierte en uno de los héroes discretos del libro, elogiado de forma específica en el capítulo 39 por confiar en Dios. Su condición de eunuco extranjero, doblemente marginado en aquella cultura, hace más punzante su valentía. Los primeros lectores citaban el detalle de los trapos y las ropas viejas como prueba de que Ebed-melec pensó con cuidado en cómo llevar a cabo la misericordia, en lugar de limitarse a cumplir órdenes.

Para cuando sientes...

Para cuando alguien ve lo que te está pasando y hace algo al respecto con lo que tiene a mano. Ebed-melec no tiene espadas ni autoridad. Tiene trapos y perseverancia.