Jeremías 36Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y ACONTECIÓ en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que fue esta palabra a Jeremías, de Jehová, diciendo:
2Tómate un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las gentes, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy.
3Quizá oirá la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, para volverse cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.
4Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado.
5Después mandó Jeremías a Baruc, diciendo: Yo estoy preso, no puedo entrar en la casa de Jehová:
6Entra tú pues, y lee de este rollo que escribiste de mi boca, las palabras de Jehová en oídos del pueblo, en la casa de Jehová, el día del ayuno; y las leerás también en oídos de todo Judá que vienen de sus ciudades.
7Quizá caerá oración de ellos en la presencia de Jehová, y tornaráse cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo.
8Y Baruc hijo de Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová.
9Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la presencia de Jehová, a todo el pueblo de Jerusalem, y a todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá a Jerusalem.
10Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de Jehová, en la cámara de Gemarías hijo de Safán escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová, en oídos del pueblo.
11Y Miqueas hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo oído del libro todas las palabras de Jehová,
12Descendió a la casa del rey, a la cámara del secretario, y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, a saber: Elisama secretario, y Delaías hijo de Semeías, y Elnatán hijo de Acbor, y Gemarías hijo de Safán, y Sedequías hijo de Ananías, y todos los príncipes.
13Y contóles Miqueas todas las palabras que había oído leyendo Baruc en el libro en oídos del pueblo.
14Entonces enviaron todos los príncipes a Jehudí hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, para que dijese a Baruc: Toma el rollo en que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y Baruc, hijo de Nerías, tomó el rollo en su mano, y vino a ellos.
15Y dijéronle: Siéntate ahora, y léelo en nuestros oídos. Y leyó Baruc en sus oídos.
16como oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su compañero, y dijeron a Baruc: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras.
17Preguntaron luego a Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas estas palabras.
18Y Baruc les dijo: El me dictaba de su boca todas estas palabras, y yo escribía con tinta en el libro.
19Entonces dijeron los príncipes a Baruc: Ve, y escóndete tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.
20Y entraron al rey al atrio, habiendo depositado el rollo en la cámara de Elisama secretario; y contaron en los oídos del rey todas estas palabras.
21Y envió el rey a Jehudí a que tomase el rollo, el cual lo tomó de la cámara de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí en oídos del rey, y en oídos de todos los príncipes que junto al rey estaban.
22Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y había un brasero ardiendo delante de él;
23como Jehudí hubo leído tres o cuatro planas, rasgólo con un cuchillo de escribanía, y echólo en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había.
24Y no tuvieron temor, ni rasgaron sus vestidos, el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras.
25Y aunque Elnatán y Delaías y Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oir:
26Antes mandó el rey a Jerameel hijo de Hamelec, y a Seraías hijo de Azriel, y a Selemías hijo de Abdeel, que prendiesen a Baruc el escribiente y a Jeremías profeta; mas Jehová los escondió.
27Y fue palabra de Jehová a Jeremías, después que el rey quemó el rollo, las palabras que Baruc había escrito de boca de Jeremías, diciendo:
28Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras, que estaban en el primer rollo que quemó Joacim, rey de Judá.
29Y dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo, diciendo: ¿ Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella hombres ni animales?
30Por tanto, así ha dicho Jehová, en orden a Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche.
31Y visitaré sobre él, y sobre su simiente, y sobre sus siervos, su maldad; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalem, y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he dicho y no escucharon.
32Y tomó Jeremías otro rollo, y diólo a Baruc hijo de Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.
Sobre Jeremías 36
¿Qué pasa aquí?
Dios le dice a Jeremías que dicte todos sus oráculos a Baruc en un rollo. Baruc lo lee en público en un día de ayuno. Los príncipes, asustados, se lo llevan a Joacim, que escucha unas cuantas columnas, luego corta el rollo con un cortaplumas y lo quema pedazo a pedazo sin inmutarse. Dios ordena un rollo nuevo con palabras añadidas contra Joacim, que será sepultado como un asno.
¿La idea principal?
Quemar un rollo no destruye las palabras. Solo deja al rey fuera del pacto que intentaba esquivar.
Una línea para recordar
24: "Y no tuvieron temor, ni rasgaron sus vestidos, el rey y todos sus siervos que oyeron todas estas palabras." El contraste con la reacción de Josías ante el libro de la ley recuperado, cuando rasgó sus vestidos de dolor, es exacto y deliberado.
El contexto
Hacia el 605 a. C., el cuarto año de Joacim. El rey está en su casa de invierno con fuego encendido en el brasero. Es el mes noveno, hace frío. Sentado junto al calor, va echando el rollo a las llamas de tres en tres o de cuatro en cuatro columnas. El ritmo pausado de la destrucción la hace más escalofriante que si fuera por rabia.
¿Quién aparece?
Baruc, que escribe el rollo y lo lee en público. Joacim, que lo quema columna por columna sin inmutarse. Los príncipes, a quienes el rollo asusta y que intentan proteger a Jeremías y a Baruc. Jeremías, escondido.
Por qué importa
La quema del rollo por Joacim es uno de los momentos más dramáticos de resistencia a la autoridad profética en la Biblia. No fue un acto vandálico impulsivo. Fue una supresión política deliberada. La respuesta divina, un rollo nuevo con más contenido, estableció el principio de que destruir la palabra profética no es el final.
Para cuando sientes...
Para cuando entregaste algo verdadero a un costo personal y viste a alguien destruirlo sin pestañear. El rollo arde. Jeremías no ve la escena. Se entera después, escondido. Y vuelve a dictarlo todo.