Jeremías 18Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1LA palabra que fue a Jeremías de Jehová, diciendo:
2Levántate, y vete a casa del alfarero, y allí te haré oir mis palabras.
3Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él hacía obra sobre la rueda.
4Y el vaso que él hacía de barro se quebró en la mano del alfarero; y tornó e hízolo otro vaso, según que al alfarero pareció mejor hacerlo.
5Entonces fue a mí palabra de Jehová, diciendo:
6No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel, dice Jehová? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
7En un instante hablaré contra gentes y contra reinos, para arrancar, y disipar, y destruir.
8Empero si esas gentes se convirtieren de su maldad, de que habré hablado, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles.
9Y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar;
10Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, arrepentiréme del bien que había determinado hacerle.
11Ahora pues habla luego a todo hombre de Judá, y a los moradores de Jerusalem, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios: conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejorad vuestros caminos y vuestras obras.
12Y dijeron: Es por demás: porque en pos de nuestras imaginaciones hemos de ir, y hemos de hacer cada uno el pensamiento de su malvado corazón.
13Por tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora a las gentes, quién tal haya oído. Gran fealdad ha hecho la virgen de Israel.
14Faltará la nieve del Líbano de la piedra del campo? ¿ faltarán las aguas frías que corren de lejanas tierras?
15Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando a la vanidad, y hácenles tropezar en sus caminos, en las sendas antiguas, para que caminen por sendas, por camino no hollado;
16Para poner su tierra en desolación, y en silbos perpetuos; todo aquel que pasare por ella se maravillará, y meneará su cabeza.
17Como viento solano los esparciré delante del enemigo; mostraréles las espaldas, y no el rostro, en el día de su perdición.
18Y dijeron: Venid, y tracemos maquinaciones contra Jeremías; porque la ley no faltará del sacerdote, ni consejo del sabio, ni palabra del profeta. Venid e hirámoslo de lengua, y no miremos a todas sus palabras.
19Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que contienden conmigo.
20Dase mal por bien, para que hayan cavado hoyo a mi alma? Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos, para apartar de ellos tu ira.
21Por tanto, entrega sus hijos a hambre, y hazlos derramar por medio de la espada; y queden sus mujeres sin hijos, y viudas; y sus maridos sean puestos a muerte, y sus jóvenes heridos a cuchillo en la guerra.
22Oigase clamor de sus casas, cuando trajeres sobre ellos ejército de repente: porque cavaron hoyo para prenderme, y a mis pies han escondido lazos.
23Mas tú, oh Jehová, conoces todo su consejo contra mí para muerte; no perdones su maldad, ni borres su pecado de delante de tu rostro: y tropiecen delante de ti; haz así con ellos en el tiempo de tu furor.
Sobre Jeremías 18
¿Qué pasa aquí?
Dios envía a Jeremías a ver trabajar a un alfarero. Cuando una vasija se echa a perder, el alfarero vuelve a trabajar el barro. Dios es el alfarero; Israel es el barro. De inmediato, el pueblo de Judá conspira contra Jeremías por decirlo. Jeremías ora, y la oración se vuelve oscura: que sus enemigos mueran de hambre y a espada. Lo han hecho blanco por decir la verdad.
¿La idea principal?
La soberanía de Dios sobre las naciones no es un destino mecánico, sino un moldear que responde: él responde a lo que hacen con el barro que está trabajando.
Una línea para recordar
6: "No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel, dice Jehová? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel." La metáfora más famosa del libro, y su intención no es consolar, sino advertir.
El contexto
Un taller de alfarero en Jerusalén. El barro es local, la rueda se mueve con el pie, el trabajo es físico y repetitivo. Jeremías ve cómo una vasija fallida se aplasta de nuevo en un bulto y se empieza otra vez. La imagen es tan común y tan completa que casi no necesita interpretación. Dios la interpreta de todos modos, porque Judá no lo hará.
¿Quién aparece?
Jeremías, que observa al alfarero y recibe la interpretación. Dios, el alfarero divino que remodela naciones. El pueblo de Judá, que pasa de inmediato de oír el oráculo a conspirar contra quien lo entregó.
Por qué importa
La imagen del alfarero se volvió la metáfora más duradera de la teología de Jeremías, citada por Pablo en Romanos 9 y presente en la liturgia cristiana y judía. Pero en su contexto es una advertencia: el alfarero no abandona el barro, pero sí lo remodela, y el proceso puede ser brutal. La oración oscura que sigue en los versículos 19 a 23 es uno de los pasajes más incómodos de la Biblia.
Para cuando sientes...
Para cuando te han tergiversado, ignorado y ahora atacado activamente las mismas personas a las que intentabas ayudar. La oración de Jeremías no es noble. Es cruda. El texto no se disculpa por ella.