Jeremías 17Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1EL pecado de Judá escrito está con cincel de hierro, y con punta de diamante: esculpido está en la tabla de su corazón, y en los lados de vuestros altares;
2Cuando sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus bosques, junto a los árboles verdes y en los collados altos.
3Oh mi montaña! tu hacienda en el campo y todos tus tesoros daré a saco, por el pecado de tus altos en todos tus términos.
4Y habrá en ti cesación de tu heredad, la cual yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, para siempre arderá.
5Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.
6Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viniere el bien; sino que morará en las securas en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.
7Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.
8Porque él será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raices, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto.
9Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿ quién lo conocerá?
10Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.
11Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que allega riquezas, y no con justicia; en medio de sus días las dejará, y en su postrimería será insipiente.
12Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario.
13Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan, serán avergonzados; y los que de mí se apartan, serán escritos en el polvo; porque dejaron la vena de aguas vivas, a Jehová.
14Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo: porque tú eres mi alabanza.
15He aquí que ellos me dicen: ¿ Dónde está la palabra de Jehová? venga ahora.
16Mas yo no me entrometí a ser pastor en pos de ti, ni deseé día de calamidad, tú lo sabes. Lo que de mi boca ha salido, fue en tu presencia.
17No me seas tú por espanto: esperanza mía eres tú en el día malo.
18Avergüéncense los que me persiguen, y no me avergüence yo; asómbrense ellos, y yo no me asombre: trae sobre ellos día malo, y quebrántalos con doble quebrantamiento.
19Así me ha dicho Jehová: Ve, y ponte a la puerta de los hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Judá, y a todas las puertas de Jerusalem,
20Y diles: Oid la palabra de Jehová, reyes de Judá, y todo Judá, y todos los moradores de Jerusalem que entráis por estas puertas.
21Así ha dicho Jehová: Guardaos por vuestras vidas, y no traigáis carga en el día del sábado, para meter por las puertas de Jerusalem;
22Ni saquéis carga de vuestras casas en el día del sábado, ni hagáis obra alguna: mas santificad el día del sábado, como mandé a vuestros padres;
23Mas ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, antes endurecieron su cerviz, por no oir, ni recibir corrección.
24si vosotros me obedeciereis, dice Jehová, no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día del sábado, sino que santificareis el día del sábado, no haciendo en él ninguna obra;
25Que entrarán por las puertas de esta ciudad, en carros y en caballos, los reyes y los príncipes que se sientan sobre el trono de David, ellos y sus príncipes, los varones de Judá, y los moradores de Jerusalem: y esta ciudad será habitada para siempre.
26Y vendrán de las ciudades de Judá, y de los alrededores de Jerusalem, y de tierra de Benjamín, y de los campos, y del monte, y del austro, trayendo holocausto y sacrificio, y ofrenda e incienso, y trayendo sacrificio de alabanza a la casa de Jehová.
27Mas si no me oyereis para santificar el día del sábado, y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalem en día de sábado, yo haré encender fuego en sus puertas, y consumirá los palacios de Jerusalem, y no se apagará.
Sobre Jeremías 17
¿Qué pasa aquí?
El pecado de Judá está grabado con cincel de hierro en el corazón: demasiado hondo para borrarse. Maldito el que confía en el hombre; bendito el que confía en Dios. Engañoso es el corazón más que todas las cosas. Dios escudriña el corazón y la mente. El capítulo cierra con una prueba del sábado: si lo honran, Jerusalén sobrevive; si se niegan, el fuego consumirá sus puertas.
¿La idea principal?
No se puede confiar en que el corazón humano se diagnostique a sí mismo. Su engaño llega más hondo de lo que alcanza la introspección, y por eso las señales externas del pacto, como el sábado, se vuelven pruebas innegociables.
Una línea para recordar
9: "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿ quién lo conocerá?" El versículo que ha mantenido a generaciones honestas frente al autoengaño.
El contexto
La prueba del sábado de los versículos 19 a 27 probablemente se pronunció en una de las puertas de la ciudad. Jeremías está en la puerta por donde entran los comerciantes en sábado con cargas para el mercado. La prueba es concreta: ¿os detendréis o no? El futuro de la ciudad depende de si se mantiene esta única señal visible del pacto.
¿Quién aparece?
Jeremías, que defiende su causa en oración. Dios, el que escudriña el corazón y la mente. Los enemigos sin nombre que avergüenzan a Jeremías señalando que sus profecías todavía no se han cumplido.
Por qué importa
El versículo 9 se volvió una de las líneas más cargadas de teología en los profetas hebreos. Fundamenta la necesidad de una revelación externa: si el corazón no puede conocerse a sí mismo, no puede ser su propia guía moral. El pasaje se citó extensamente en discusiones sobre el pecado, el conocimiento de uno mismo y la necesidad de la gracia a lo largo de siglos de comentarios.
Para cuando sientes...
Para cuando te sorprendes justificándote y no sabes hasta dónde llega la justificación. El versículo no es un consejo de desesperación. Es un llamado a dejar de confiar en el auditor interno.