Jeremías 15Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y DÍJOME Jehová: Si Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, mi voluntad no será con este pueblo: échalos de delante de mí, y salgan.
2Y será que si te preguntaren: ¿ A dónde saldremos? les dirás: Así ha dicho Jehová: El que a muerte, a muerte; y el que a cuchillo, a cuchillo; y el que a hambre, a hambre; y el que a cautividad, a cautividad.
3Y enviaré sobre ellos cuatro géneros, dice Jehová: cuchillo para matar, y perros para despedazar, y aves del cielo y bestias de la tierra, para devorar y para disipar.
4Y entregarélos a ser agitados por todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalem.
5Porque ¿ quién tendrá compasión de ti, oh Jerusalem? ¿ o quién se entristecerá por tu causa? ¿ o quién ha de venir a preguntar por tu paz?
6Tú me dejaste, dice Jehová, atrás te volviste: por tanto yo extenderé sobre ti mi mano, y te destruiré; estoy cansado de arrepentirme.
7Y aventélos con aventador hasta las puertas de la tierra; desahijé, desbaraté mi pueblo; no se tornaron de sus caminos.
8Sus viudas se me multiplicaron más que la arena de la mar; traje contra ellos destruidor a medio día sobre la madre y los hijos; sobre la ciudad hice que de repente cayesen terrores.
9Enflaquecióse la que parió siete; llenóse de dolor su alma; su sol se le puso siendo aún de día; fue avergonzada y llena de confusión: y lo que de ella quedare, entregarélo a cuchillo delante de sus enemigos, dice Jehová.
10Ay de mí, madre mía, que me has engendrado hombre de contienda y hombre de discordia a toda la tierra! Nunca les di a logro, ni lo tomé de ellos; y todos me maldicen.
11Dijo Jehová: De cierto tus reliquias serán en bien; de cierto haré que el enemigo te salga a recibir en el tiempo trabajoso, y en el tiempo de angustia.
12Quebrará el hierro al hierro de la parte de aquilón, y al bronce?
13Tus riquezas y tus tesoros daré a saco sin ningún precio, por todos tus pecados, y en todos tus términos;
14te haré pasar a tus enemigos en tierra que no conoces: porque fuego se ha encendido en mi furor, y arderá sobre vosotros.
15Tú lo sabes, oh Jehová; acuérdate de mí, y visítame, y véngame de mis enemigos. No me tomes en la prolongación de tu enojo: sabes que por amor de ti sufro afrenta.
16Halláronse tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón: porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.
17No me senté en compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; sentéme solo, porque me llenaste de desabrimiento.
18Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió cura? ¿ Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?
19Por tanto así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te repondré, y delante de mí estarás; y si sacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.
20Y te daré para este pueblo por fuerte muro de bronce, y pelearán contra ti, y no te vencerán: porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová.
21Y librarte he de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes.
Sobre Jeremías 15
¿Qué pasa aquí?
Dios le dice a Jeremías que ni Moisés ni Samuel podrían evitar lo que viene. Jeremías estalla: ha sido fiel, ha comido las palabras de Dios, se ha sentado solo, y ahora Dios le parece un arroyo engañoso que se seca. Dios lo reprende por esto, pero también le promete: si se vuelve y habla lo digno, será restaurado y defendido.
¿La idea principal?
El profeta acusa a Dios de ser un arroyo poco confiable, y Dios no lo fulmina por ello. Lo corrige, y luego renueva la promesa.
Una línea para recordar
18: "Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió cura? ¿ Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?" Una de las líneas más desgarradoras de todo el conjunto profético.
El contexto
Jeremías está en algún punto a mitad del reinado de Joacim. Los golpes y las prisiones aún no han comenzado, pero el aislamiento ya es profundo. Sus vecinos lo odian, lo rechazan en el templo, y ahora empieza a cuestionar a quien lo llamó.
¿Quién aparece?
Jeremías, que acusa a Dios de ser un arroyo seco. Dios, que corrige la acusación y renueva el llamado. Moisés y Samuel, invocados como los dos mayores intercesores de la historia de Israel, y luego dejados a un lado.
Por qué importa
Esta es la segunda de las confesiones de Jeremías. La acusación del versículo 18 llega a un punto de crisis teológica: el profeta está llamando mentiroso a Dios. La respuesta de Dios no es una defensa, sino una rehabilitación. Vuélvete y yo te restauraré. Ese intercambio se volvió fundamental para el pensamiento judío y cristiano sobre la oración auténtica: se puede sobrevivir a la honestidad con Dios.
Para cuando sientes...
Para las largas temporadas en que Dios parece callado, cuando el esfuerzo ha costado todo y la ayuda prometida no ha llegado. Jeremías lo nombra con precisión. El pasaje deja espacio a esa experiencia sin resolverla de manera barata.