Isaías 37Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1ACONTECIÓ pues, que el rey Ezequías, oído esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de saco vino a la casa de Jehová.
2Y envió a Eliacim mayordomo, y a Sebna escriba, y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de sacos, a Isaías profeta, hijo de Amoz.
3Los cuales le dijeron: Ezequías dice así: Día de angustia, de reprensión y de blasfemia, es este día: porque los hijos han llegado hasta la rotura, y no hay fuerza en la que pare.
4Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras de Rabsaces, al cual envió el rey de Asiria su señor a blasfemar al Dios vivo, y a reprender con las palabras que oyó Jehová tu Dios: alza pues oración tú por las reliquias que aun han quedado.
5Vinieron pues los siervos de Ezequías a Isaías.
6Y díjoles Isaías: Diréis así a vuestro señor: Así dice Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
7He aquí que yo doy en él un espíritu, y oirá un rumor, y volveráse a su tierra: y yo haré que en su tierra caiga a cuchillo.
8Vuelto pues Rabsaces, halló al rey de Asiria que batía a Libna; porque ya había oído que se había apartado de Laquis.
9Mas oyendo decir de Tirhaca rey de Etiopía: He aquí que ha salido para hacerte guerra: en oyéndolo, envió mensajeros a Ezequías, diciendo:
10Diréis así a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria.
11He aquí que tú oiste lo que hicieron los reyes de Asiria a todas las tierras, que las destruyeron; ¿ y escaparás tú?
12Libraron los dioses de las gentes a los que destruyeron mis antepasados, a Gozán, y Harán, Resef, y a los hijos de Edén que moraban en Telasar?
13Dónde está el rey de Hamat, y el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena, y de Iva?
14Y tomó Ezequías las cartas de mano de los mensajeros, y leyólas; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová.
15Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo:
16Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, solo tú eres Dios sobre todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra.
17Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira: y oye todas las palabras de Senaquerib, el cual ha enviado a blasfemar al Dios viviente.
18Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas,
19Y entregaron los dioses de ellos al fuego: porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, leño y piedra: por eso los deshicieron.
20Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que solo tú eres Jehová.
21Entonces Isaías hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: Jehová Dios de Israel dice así: Acerca de lo que me rogaste sobre Senaquerib rey de Asiria,
22Esto es lo que Jehová habló de él: Hate menospreciado, y ha hecho escarnio de ti la virgen hija de Sión: meneó su cabeza a tus espaldas la hija de Jerusalem.
23A quién injuriaste y a quién blasfemaste? ¿ contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.
24Por mano de tus siervos denostaste al Señor, y dijiste: Yo con la multitud de mis carros subiré a las alturas de los montes, a las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus hayas escogidas; vendré después a lo alto de su límite, al monte de su Carmel.
25Yo cavé, y bebí las aguas; y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de lugares atrincherados.
26No has oído decir que de mucho tiempo ha yo lo hice, que de días antiguos lo he formado? Helo hecho venir ahora, y será para destrucción de ciudades fuertes en montones de ruinas.
27Y sus moradores, cortos de manos, quebrantados y confusos, serán como grama del campo y hortaliza verde, como hierba de los tejados, que antes de sazón se seca.
28Conocido he tu estado, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí.
29Porque contra mí te airaste, y tu estruendo ha subido a mis oídos: pondré pues mi anzuelo en tu nariz, y mi freno en tus labios, y haréte tornar por el camino por donde viniste.
30Y esto te será por señal: Comerás este año lo que nace de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo: y el año tercero sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis su fruto.
31Y el residuo de la casa de Judá que hubiere escapado, tornará a echar raíz abajo, y hará fruto arriba.
32Porque de Jerusalem saldrán reliquias, y del monte de Sión salvamento: el celo de Jehová de los ejércitos hará esto.
33Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella: no vendrá delante de ella escudo, ni será echado contra ella baluarte.
34Por el camino que vino se tornará, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová:
35Pues yo ampararé a esta ciudad para salvarla por amor de mí, y por amor de David mi siervo.
36Y salió el ángel de Jehová, e hirió ciento ochenta y cinco mil en el campo de los Asirios: y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.
37Entonces Senaquerib rey de Asiria partiéndose se fue, y volvióse, e hizo su morada en Nínive.
38Y acaeció, que estando orando en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer, sus hijos, le hirieron a cuchillo, y huyeron a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.
Sobre Isaías 37
¿Qué pasa aquí?
Ezequías rasga sus vestidos y va al templo. Isaías le manda decir: no temas. Llega una segunda carta amenazante; Ezequías la extiende delante de Dios en oración. Isaías responde con la burla de Dios contra Senaquerib. Esa noche el ángel de Jehová mata a 185.000 soldados asirios. Senaquerib vuelve a Nínive y es asesinado por sus propios hijos.
¿La idea principal?
Cuando un rey extiende la carta del enemigo delante de Dios en lugar de responder con su propia estrategia, descubre que la blasfemia nunca fue realmente un problema que le tocara resolver a él.
Una línea para recordar
36: "Y salió el ángel de Jehová, e hirió ciento ochenta y cinco mil en el campo de los Asirios" La liberación es total, inmediata, y no le exige nada al ejército de Jerusalén.
El contexto
Jerusalén en el 701 a. C., la ciudad sitiada, el ejército asirio acampado afuera. Ezequías va al templo vestido de cilicio, extiende la carta en el suelo y ora. Esa noche mueren 185.000 soldados en el campamento sin que ningún soldado de Judá levante una espada. Por la mañana, Senaquerib ha levantado el campamento.
¿Quién aparece?
Ezequías, rey de Judá, orando en el templo. Isaías el profeta, que envía la respuesta sin que se la pidan dos veces. Senaquerib, cuya carta de burla es extendida delante de Dios. El ángel de Jehová, sin nombre y letal. Adramelec y Sarezer, los hijos de Senaquerib que lo matan.
Por qué importa
La liberación de Jerusalén en el 701 a. C. es el acontecimiento bisagra hacia el que Isaías ha venido avanzando desde el capítulo 1. Se convierte en el prototipo de liberación milagrosa en toda la Biblia y en el fundamento del salmo posterior de Ezequías (capítulo 38). La muerte de Senaquerib a manos de sus propios hijos cumple la palabra dicha antes en el mismo capítulo.
Para cuando sientes...
Para cuando te sientes acorralado y sin opciones, sin ninguna solución militar a la vista. La oración de Ezequías no es elocuente; simplemente extiende la carta y nombra lo que está en juego. La respuesta llega esa misma noche.