Hebreos 6Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1POR tanto, dejando la palabra del comienzo en la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios,
2De la doctrina de bautismos, y de la imposición de manos, y de la resurrección de los muertos, y del juicio eterno.
3Y esto haremos a la verdad, si Dios lo permitiere.
4Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron el don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,
5Y asimismo gustaron la buena palabra de Dios, y las virtudes del siglo venidero,
6Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios, y exponiéndole a vituperio.
7Porque la tierra que embebe el agua que muchas veces vino sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos de los cuales es labrada, recibe bendición de Dios:
8Mas la que produce espinas y abrojos, es reprobada, y cercana de maldición; cuyo fin será el ser abrasada.
9Pero de vosotros, oh amados, esperamos mejores cosas, y más cercanas a salud, aunque hablamos así.
10Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado a su nombre, habiendo asistido y asistiendo aún a los santos.
11Mas deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el cabo, para cumplimiento de la esperanza:
12Que no os hagáis perezosos, mas imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.
13Porque prometiendo Dios a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo,
14Diciendo: De cierto te bendeciré bendiciendo, y multiplicando te multiplicaré.
15Y así, esperando con largura de ánimo, alcanzó la promesa.
16Porque los hombres ciertamente por el mayor que ellos juran: y el fin de todas sus controversias es el juramento para confirmación.
17Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;
18Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos a trabarnos de la esperanza propuesta:
19La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo;
20Donde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho Pontífice eternalmente según el orden de Melquisedec.
Sobre Hebreos 6
¿Qué pasa aquí?
El autor anima a la comunidad a avanzar hacia la madurez en lugar de volver a echar los fundamentos. Luego viene la advertencia más debatida de la carta: los que una vez fueron iluminados, gustaron el don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, si recaen, no pueden ser renovados para arrepentimiento, porque crucifican de nuevo al Hijo de Dios. Sigue una imagen agrícola: la tierra que bebe la lluvia y produce buen fruto recibe bendición; la que produce espinos está cerca de la maldición. El capítulo termina con una confianza genuina en los lectores y con el ancla del juramento de Dios a Abraham como fundamento de una esperanza inconmovible.
¿La idea principal?
El llamado a la madurez es urgente porque el estancamiento tiene su propia gravedad, pero la esperanza está anclada en el propio juramento de Dios, no en la constancia de la fe humana.
Una línea para recordar
19: "La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo;" la esperanza no es un sentimiento sobre el futuro sino un punto fijo ya asegurado detrás del velo, donde Cristo está ahora.
El contexto
Una comunidad presionada a volver al judaísmo oye que la esperanza que tiene es como un ancla que entra en el lugar santísimo. Conocen el templo. Conocen el velo. Saben que detrás de él, una vez al año, un solo hombre entraba con sangre. Ahora oyen que su esperanza ya ha pasado detrás de ese velo y está fija allí para siempre.
¿Quién aparece?
Abraham, cuya paciente perseverancia bajo el juramento de Dios se vuelve el modelo para la propia espera de los lectores. Jesús como el precursor que ya entró en el santuario interior, el punto de anclaje detrás del velo. Los lectores, llamados amados aun después de la advertencia, gente de quien el autor espera buen fruto.
Por qué importa
El capítulo 6 contiene uno de los pasajes más discutidos del Nuevo Testamento sobre el apartarse. El autor no resuelve todas las preguntas teológicas que plantea; lo usa como el borde de un precipicio para impulsar el movimiento. El acierto pastoral es que, después de la advertencia, gira de inmediato hacia lo que es firme: Dios no puede mentir, Dios hizo un juramento, y Jesús ya está dentro del velo. La advertencia y el ancla van juntas.
Para cuando sientes...
La imagen del ancla en el versículo 19 hace algo que los versículos anteriores no podían. Después del vértigo de la advertencia, el ancla no te pide sentirte más seguro; te dice que la seguridad ya está fija en un lugar que no puedes ver, sosteniéndote lo sientas o no.