Libros
Ezequiel 9
9/48

Ezequiel 9Reina Valera 1909 · Biblia en audio

1Y CLAMÓ en mis oídos con gran voz, diciendo: Los visitadores de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir.

2Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que está vuelta al aquilón, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lienzos, el cual traía a su cintura una escribanía de escribano; y entrados, paráronse junto al altar de bronce.

3Y la gloria del Dios de Israel se alzó de sobre el querubín sobre el cual había estado, al umbral de la casa: y llamó Jehová al varón vestido de lienzos, que tenía a su cintura la escribanía de escribano.

4Y díjole Jehová: Pasa por medio de la ciudad, por medio de Jerusalem, y pon una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.

5Y a los otros dijo a mis oídos: Pasad por la ciudad en pos de él, y herid; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.

6Matad viejos, mozos y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno: mas a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no llegaréis; y habéis de comenzar desde mi santuario. Comenzaron pues desde los varones ancianos que estaban delante del templo.

7Y díjoles: Contaminad la casa, y henchid los atrios de muertos: salid. Y salieron, e hirieron en la ciudad.

8Y aconteció que, habiéndolos herido, yo quedé y postréme sobre mi rostro, y clamé, y dije: ¡ Ah, Señor Jehová! ¿ has de destruir todo el resto de Israel derramando tu furor sobre Jerusalem?

9Y díjome: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangres, y la ciudad está llena de perversidad: porque han dicho: Dejado ha Jehová la tierra, y Jehová no ve.

10Así pues, yo, mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia: el camino de ellos tornaré sobre su cabeza.

11Y he aquí que el varón vestido de lienzos, que tenía la escribanía a su cintura, respondió una palabra diciendo: Hecho he conforme a todo lo que me mandaste.

Sobre Ezequiel 9

¿Qué pasa aquí?

Seis hombres armados aparecen en el templo, junto con uno vestido de lino con un tintero de escribano. Dios envía al hombre de lino a marcar la frente de todos los que se duelen por las abominaciones, y luego envía a los seis a matar a todos los demás. Ezequiel ve comenzar la matanza y clama. Dios responde que la maldad de la casa de Israel y de Judá es demasiado grande y que solo se salvan los marcados. La gloria se traslada al umbral.

¿La idea principal?

Quienes lloran por el mal en lugar de acomodarse a él son marcados para ser protegidos: el dolor ante la injusticia es en sí una forma de justicia.

Una línea para recordar

4: "Y díjole Jehová: Pasa por medio de la ciudad, por medio de Jerusalem, y pon una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella." Sobrevivir al juicio está ligado a haberlo sentido antes de que llegara.

El contexto

La visión continúa desde el capítulo 8, todavía en los recintos del templo. Ezequiel ve avanzar la matanza desde el santuario hacia fuera, comenzando por los ancianos que estaban delante del templo. Su intercesión es la única resistencia de palabra en todo el capítulo. La respuesta de Dios no tiene concesiones: la tierra está llena de sangre.

¿Quién aparece?

Los seis verdugos; el hombre vestido de lino con el tintero, que marca a los fieles; Ezequiel, que intercede; Jehová, que ordena y explica; los habitantes de Jerusalén, divididos entre marcados y no marcados.

Por qué importa

Las frentes marcadas anticipan el sello de los siervos de Dios en Apocalipsis 7 y se han leído en las tradiciones judía y cristiana como un prototipo de la protección divina en medio del juicio. La letra hebrea usada para la señal (tav) se escribía como una X en las escrituras antiguas, algo que los primeros lectores cristianos encontraron significativo.

Para cuando sientes...

Para cuando el mal está en todas partes y te sientes incapaz de detenerlo. El capítulo dice: quienes se duelen por lo que ocurre ya están haciendo algo importante, y ese dolor no es invisible para Dios.