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Ezequiel 10
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Ezequiel 10Reina Valera 1909 · Biblia en audio

1Y MIRÉ, y he aquí en la expansión que había sobre la cabeza de los querubines como una piedra de zafiro, que parecía como semejanza de un trono que se mostró sobre ellos.

2Y habló al varón vestido de lienzos, y díjole: Entra en medio de las ruedas debajo de los querubines, e hinche tus manos de carbones encendidos de entre los querubines, y derrama sobre la ciudad. Y entró a vista mía.

3Y los querubines estaban a la mano derecha de la casa cuando este varón entró; y la nube henchía el atrio de adentro.

4Y la gloria de Jehová se levantó del querubín al umbral de la puerta; y la casa fue llena de la nube, y el atrio se llenó del resplandor de la gloria de Jehová.

5Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el atrio de afuera, como la voz del Dios Omnipotente cuando habla.

6Y aconteció que, como mandó al varón vestido de lienzos, diciendo: Toma fuego de entre las ruedas, de entre los querubines, él entró, y paróse entre las ruedas.

7Y un querubín extendió su mano de entre los querubines al fuego que estaba entre los querubines, y tomó, y puso en las palmas del que estaba vestido de lienzos, el cual lo tomó y salióse.

8Y apareció en los querubines la figura de una mano humana debajo de sus alas.

9Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los querubines, junto a cada querubín una rueda; y el aspecto de las ruedas era como el de piedra de Tarsis.

10las cuatro eran de una forma, como si estuviera una en medio de otra.

11Cuando andaban, sobre sus cuatro costados andaban: no se tornaban cuando andaban, sino que al lugar adonde se volvía el primero, en pos de él iban; ni se tornaban cuando andaban.

12Y toda su carne, y sus costillas, y sus manos, y sus alas, y las ruedas, lleno estaba de ojos alrededor en sus cuatro ruedas.

13A las ruedas, oyéndolo yo, se les gritaba: ¡ Rueda!

14Y cada uno tenía cuatro rostros. El primer rostro era de querubín; el segundo rostro, de hombre; el tercer rostro, de león; el cuarto rostro, de águila.

15Y levantáronse los querubines; este es el animal que vi en el río de Quebar.

16Y cuando andaban los querubines, andaban las ruedas junto con ellos; y cuando los querubines alzaban sus alas para levantarse de la tierra, las ruedas también no se volvían de junto a ellos.

17Cuando se paraban ellos, parábanse ellas, y cuando ellos se alzaban, alzábanse con ellos: porque el espíritu de los animales estaba en ellas.

18Y la gloria de Jehová se salió de sobre el umbral de la casa, y paró sobre los querubines.

19Y alzando los querubines sus alas, levantáronse de la tierra delante de mis ojos: cuando ellos salieron, también las ruedas al lado de ellos: y paráronse a la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová, y la gloria del Dios de Israel estaba arriba sobre ellos.

20Este era el animal que vi debajo del Dios de Israel en el río de Quebar; y conocí que eran querubines.

21Cada uno tenía cuatro rostros, y cada uno cuatro alas, y figuras de manos humanas debajo de sus alas.

22Y la figura de sus rostros era la de los rostros que vi junto al río de Quebar, su mismo parecer y su ser; cada uno caminaba en derecho de su rostro.

Sobre Ezequiel 10

¿Qué pasa aquí?

La figura vestida de lino toma brasas de entre los querubines y las esparce sobre la ciudad. La visión del trono y el carro del capítulo 1 reaparece en detalle: cuatro seres vivientes, ruedas dentro de ruedas, la expansión de cristal encima. La gloria de Jehová se eleva desde el umbral interior y se detiene en la puerta oriental. Es el comienzo de la partida divina del templo.

¿La idea principal?

La gloria que antes llenaba el templo está ahora en movimiento, detenida en el umbral como alguien que decide irse, y la decisión ya está tomada.

Una línea para recordar

4: "Y la gloria de Jehová se levantó del querubín al umbral de la puerta; y la casa fue llena de la nube, y el atrio se llenó del resplandor de la gloria de Jehová." La gloria aún no se ha ido, pero ya dejó su asiento.

El contexto

Ezequiel ve esto en visión hacia 592 a. C., sentado con los ancianos en Babilonia. La descripción del carro es un poco distinta de la del capítulo 1, y ahora los seres se identifican como querubines. Ezequiel vuelve sobre su primera visión para confirmarla y decir: sí, el mismo Dios que se me apareció en el exilio es el mismo Dios que ahora se va del templo.

¿Quién aparece?

El hombre vestido de lino, que esparce las brasas; los querubines, que llevan el carro; la gloria de Jehová, que comienza su partida; Ezequiel, que mira y registra.

Por qué importa

La gloria que se va es la catástrofe teológica central de los capítulos 8 a 11. El templo era la garantía de Israel de la presencia divina y, por tanto, de su protección. Perderlo no es solo una derrota política sino una ruptura cósmica: el lugar donde se encontraban el cielo y la tierra está quedando vacío. No volverá hasta el capítulo 43.

Para cuando sientes...

Para cuando algo sagrado está terminando y lo sientes irse aunque nadie más lo admita todavía. El capítulo recoge el dolor de ver algo irremplazable avanzar hacia la puerta.