Deuteronomio 27Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y MANDÓ Moisés, con los ancianos de Israel, al pueblo, diciendo: Guardaréis todos los mandamientos que yo prescribo hoy.
2Y será que, el día que pasareis el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, te has de levantar piedras grandes, las cuales revocarás con cal:
3Y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hubieres pasado para entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho.
4cuando hubieres pasado el Jordán, que levantaréis estas piedras que yo os mando hoy, en el monte de Ebal, y las revocarás con cal:
5Y edificarás allí altar a Jehová tu Dios, altar de piedras: no alzarás sobre ellas hierro.
6De piedras enteras edificarás el altar de Jehová tu Dios; y ofrecerás sobre él holocausto a Jehová tu Dios;
7Y sacrificarás pacíficos, y comerás allí; y alegrarte has delante de Jehová tu Dios.
8Y escribirás en las piedras todas las palabras de esta ley muy claramente.
9Y Moisés, con los sacerdotes Levitas, habló a todo Israel, diciendo: Atiende y escucha, Israel: hoy eres hecho pueblo de Jehová tu Dios.
10Oirás pues la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.
11Y mandó Moisés al pueblo en aquel día, diciendo:
12Estos estarán sobre el monte de Gerizim para bendecir al pueblo, cuando hubiereis pasado el Jordán: Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y José, y Benjamín.
13Y estos estarán para pronunciar la maldición en el de Ebal: Rubén, Gad, y Aser, y Zabulón, Dan, y Neftalí.
14Y hablarán los Levitas, y dirán a todo varón de Israel en alta voz:
15Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.
16Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.
17Maldito el que redujere el término de su prójimo. Y dirá todo el pueblo: Amén.
18Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino. Y dirá todo el pueblo: Amén.
19Maldito el que torciere el derecho del extranjero, del huérfano, y de la viuda. Y dirá todo el pueblo: Amén.
20Maldito el que se echare con la mujer de su padre; por cuanto descubrió el regazo de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén.
21Maldito el que tuviere parte con cualquiera bestia. Y dirá todo el pueblo: Amén.
22Maldito el que se echare con su hermana, hija de su padre, o hija de su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.
23Maldito el que se echare con su suegra. Y dirá todo el pueblo: Amén.
24Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente. Y dirá todo el pueblo: Amén.
25Maldito el que recibiere don para herir de muerte al inocente. Y dirá todo el pueblo: Amén.
26Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para cumplirlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.
Sobre Deuteronomio 27
¿Qué pasa aquí?
Moisés y los ancianos le ordenan a Israel levantar grandes piedras revocadas con cal en el monte Ebal al entrar en Canaán y escribir en ellas la ley. Allí debe edificarse un altar de piedras sin labrar para holocaustos y ofrendas de paz. Luego los levitas deben pronunciar doce maldiciones, cada una sobre una categoría específica de pecado cometido en secreto, y todo el pueblo responde amén. La ceremonia divide a las tribus entre Gerizim para la bendición y Ebal para la maldición.
¿La idea principal?
Los términos del pacto deben grabarse en piedra y proclamarse a gritos desde los montes, para que después nadie pueda alegar que Israel no sabía a qué se estaba comprometiendo.
Una línea para recordar
26: "Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para cumplirlas. Y dirá todo el pueblo: Amén." Toda ratificación del pacto termina aquí: la comunidad entera acepta quedar obligada por lo que acaba de oír.
El contexto
Los campos de Moab, 1406 a. C. Moisés describe una ceremonia que tendrá lugar en el valle entre dos montes del centro de Canaán. Gerizim es verde; Ebal está pelado. La puesta en escena no es casual. Las tribus estarán de pie en esas colinas y el sonido del amén cruzará el valle.
¿Quién aparece?
Moisés y los ancianos, dando órdenes. Los levitas, que pronuncian las maldiciones en voz alta. Las tribus repartidas entre los dos montes: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín en Gerizim; Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí en Ebal.
Por qué importa
Josué celebra más tarde la ceremonia de Ebal y Gerizim en el capítulo 8 de su libro. Las doce maldiciones cubren pecados que nunca podrían juzgarse en un tribunal porque se cometen en secreto: deshonrar a los padres, mover los mojones, extraviar al ciego, torcer la justicia de los vulnerables. La lista apunta a la vida oculta.
Para cuando sientes...
Para cuando estás haciendo en secreto algo que no harías en público. Las doce maldiciones no buscan avergonzar sino recordar: las acciones ocultas siguen teniendo peso, siguen teniendo consecuencias, siguen importándole a alguien.