2 Samuel 15Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1ACONTECIÓ después de esto, que Absalom se hizo de carros y caballos, y cincuenta hombres que corriesen delante de él.
2Y levantábase Absalom de mañana, y poníase a un lado del camino de la puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalom le llamaba a sí, y decíale: ¿ De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel.
3Entonces Absalom le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas: mas no tienes quien te oiga por el rey.
4Y decía Absalom: ¡ Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia!
5Y acontecía que, cuando alguno se llegaba para inclinarse a él, él extendía la mano, y lo tomaba, y lo besaba.
6Y de esta manera hacía con todo Israel que venía al rey a juicio: y así robaba Absalom el corazón de los de Israel.
7Y al cabo de cuarenta años aconteció que Absalom dijo al rey: Yo te ruego me permitas que vaya a Hebrón, a pagar mi voto que he prometido a Jehová:
8Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gesur en Siria, diciendo: Si Jehová me volviere a Jerusalem, yo serviré a Jehová.
9Y el rey le dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y se fue a Hebrón.
10Empero envió Absalom espías por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oyereis el sonido de la trompeta, diréis: Absalom reina en Hebrón.
11Y fueron con Absalom doscientos hombres de Jerusalem por él convidados, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada.
12También envió Absalom por Ahitofel Gilonita, del consejo de David, a Gilo su ciudad, mientras hacía sus sacrificios. Y la conjuración vino a ser grande, pues se iba aumentando el pueblo con Absalom.
13Y vino el aviso a David, diciendo: El corazón de todo Israel va tras Absalom.
14Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalem: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalom; daos priesa a partir, no sea que apresurándose él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada.
15Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos están prestos a todo lo que nuestro señor el rey eligiere.
16El rey entonces salió, con toda su familia en pos de él. Y dejó el rey diez mujeres concubinas para que guardasen la casa.
17Salió pues el rey con todo el pueblo que le seguía, y paráronse en un lugar distante.
18Y todos sus siervos pasaban a su lado, con todos los Cereteos y Peleteos; y todos los Geteos, seiscientos hombres que habían venido a pie desde Gat, iban delante del rey.
19Y dijo el rey a Itai Geteo: ¿ Para qué vienes tú también con nosotros? vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar.
20Ayer viniste, y téngote de hacer hoy que mudes lugar para ir con nosotros? Yo voy como voy: tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; en ti haya misericordia y verdad.
21Y respondió Itai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que, o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo.
22Entonces David dijo a Itai: Ven pues, y pasa. Y pasó Itai Geteo, y todos sus hombres, y toda su familia.
23Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey, y todo el pueblo pasó, al camino que va al desierto.
24Y he aquí, también iba Sadoc, y con él todos los Levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto de Dios. Y subió Abiatar después que hubo acabado de salir de la ciudad todo el pueblo.
25Pero dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciudad; que si yo hallare gracia en los ojos de Jehová, él me volverá, y me hará ver a ella y a su tabernáculo:
26Y si dijere: No me agradas: aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere.
27Dijo aún el rey a Sadoc sacerdote: ¿ No eres tú el vidente? Vuélvete en paz a la ciudad; y con vosotros vuestros dos hijos, tu hijo Ahimaas, y Jonatán hijo de Abiatar.
28Mirad, yo me detendré en los campos del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso.
29Entonces Sadoc y Abiatar volvieron el arca de Dios a Jerusalem; y estuviéronse allá.
30Y David subió la cuesta de las olivas; y subió la llorando, llevando la cabeza cubierta, y los pies descalzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, y subieron llorando así como subían.
31Y dieron aviso a David, diciendo: Ahitofel está entre los que conspiraron con Absalom. Entonces dijo David: Entontece ahora, oh Jehová, el consejo de Ahitofel.
32Y como David llegó a la cumbre del monte para adorar allí a Dios, he aquí Husai Arquita que le salió al encuentro, trayendo rota su ropa, y tierra sobre su cabeza.
33Y díjole David: Si pasares conmigo, serme has de carga;
34Mas si volvieres a la ciudad, y dijeres a Absalom: Rey, yo seré tu siervo; como hasta aquí he sido siervo de tu padre, así seré ahora siervo tuyo, entonces tú me disiparás el consejo de Ahitofel.
35No estarán allí contigo Sadoc y Abiatar sacerdotes? Por tanto, todo lo que oyeres en la casa del rey, darás aviso de ello a Sadoc y a Abiatar sacerdotes.
36Y he aquí que están con ellos sus dos hijos, Ahimaas el de Sadoc, y Jonatán el de Abiatar: por mano de ellos me enviaréis aviso de todo lo que oyereis.
37Así se vino Husai amigo de David a la ciudad; y Absalom entró en Jerusalem.
Sobre 2 Samuel 15
¿Qué pasa aquí?
Absalom pasa cuatro años a la puerta de la ciudad, interceptando a los israelitas que llegan con quejas y presentándose como el rey que de verdad les haría justicia. Pide permiso para ir a Hebrón, supuestamente para cumplir un voto, y desde allí lanza su golpe. David huye de Jerusalén con su casa, descalzo por el monte de las Olivas, llorando. Husai arachita es enviado de vuelta como agente doble. Ahitofel, el principal consejero de David, se ha unido a Absalom.
¿La idea principal?
La rebelión triunfa porque Absalom explotó agravios reales y la distancia de su padre. David huye de la ciudad que construyó, confiando en Dios y en un espía.
Una línea para recordar
30: "Y David subió la cuesta de las olivas; y subió la llorando, llevando la cabeza cubierta, y los pies descalzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, y subieron llorando así como subían." El rey deja su capital descalzo, la imagen hacia la que todo el libro ha venido avanzando.
El contexto
Hacia el año 979 a.C. El golpe se desarrolla en Hebrón, la ciudad donde David fue coronado por primera vez, un eco deliberado de parte de Absalom. Doscientos hombres de Jerusalén fueron a Hebrón con inocencia, sin saber lo que Absalom pretendía. Las señales y los mensajeros difunden la noticia: Absalom es rey. David tiene apenas unas horas para evacuar la ciudad antes de que lleguen las fuerzas rebeldes.
¿Quién aparece?
Absalom, que lleva cuatro años haciendo una campaña en la sombra; David, que huye con notable dignidad y confianza; Husai, el amigo enviado de vuelta para socavar el consejo de Ahitofel; Ahitofel, el brillante desertor cuyo consejo casi le gana la guerra a Absalom; Sadoc y Abiatar, sacerdotes que se quedan atrás con el arca.
Por qué importa
La orden de David de devolver el arca a Jerusalén es sorprendente: 'Si yo hallare gracia en los ojos de Jehová, él me volverá.' Se niega a usar el arca como amuleto o como utilería. También se niega a la amargura: cuando Semei lo maldice en el camino arrojándole piedras, David prohíbe a sus hombres que lo hagan callar. La huida de Jerusalén es el punto más bajo de la vida política de David, y él lo enfrenta con honestidad teológica.
Para cuando sientes...
Para cuando todo lo que construiste se vuelve contra ti y lo dejas atrás en lugar de pelear por ello en los términos equivocados. David va descalzo y llorando, pero va. No pelea contra su hijo en las calles de Jerusalén.