2 Reyes 5Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1NAAMÁN, general del ejército del rey de Siria, era gran varón delante de su señor, y en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvamento a la Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.
2Y de Siria habían salido cuadrillas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel una muchacha; la cual sirviendo a la mujer de Naamán,
3Dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.
4Y entrando Naamán a su señor, declaróselo, diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.
5Y díjole el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré letras al rey de Israel. Partió pues él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.
6Tomó también letras para el rey de Israel, que decían así: Luego en llegando a ti estas letras, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.
7Y luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿ Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que este envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.
8Y como Eliseo, varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿ Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.
9Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y paróse a las puertas de la casa de Eliseo.
10Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve, y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.
11Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el lugar, y sanará la lepra.
12Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿ no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿ no seré también limpio? Y volvióse, y fuése enojado.
13Mas sus criados se llegaron a él, y habláronle, diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿ no la hicieras? ¿ cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?
14El entonces descendió, y zambullóse siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios: y su carne se volvió como la carne de un niño, y fue limpio.
15Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y púsose delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Ruégote que recibas algún presente de tu siervo.
16Mas él dijo: Vive Jehová, delante del cual estoy, que no lo tomaré. E importunándole que tomase, él nunca quiso.
17Entonces Naamán dijo: Ruégote pues, ¿ no se dará a tu siervo una carga de un par de acémilas de aquesta tierra? porque de aquí adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.
18En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor entrare en el templo de Rimón, y para adorar en él se apoyare sobre mi mano, si yo también me inclinare en el templo de Rimón, si en el templo de Rimón me inclino, Jehová perdone en esto a tu siervo.
19Y él le dijo: Vete en paz. Partióse pues de él, y caminó como el espacio de una milla.
20Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este Siro Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él, y tomaré de él alguna cosa.
21Y siguió Giezi a Naamán: y como le vio Naamán que venía corriendo tras él, apeóse del carro para recibirle, y dijo: ¿ Va bien?
22Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decir: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Efraín dos mancebos de los hijos de los profetas: ruégote que les des un talento de plata, y sendas mudas de vestidos.
23Y Naamán dijo: Ruégote que tomes dos talentos. Y él le constriñó, y ató dos talentos de plata en dos sacos, y dos mudas de vestidos, y púsolo a cuestas a dos de sus criados, que lo llevasen delante de él.
24Y llegado que hubo a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y guardólo en casa: luego mandó a los hombres que se fuesen.
25Y él entró, y púsose delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿ De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte.
26El entonces le dijo: ¿ No fue también mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿ es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?
27La lepra de Naamán se te pegará a ti, y a tu simiente para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve.
Sobre 2 Reyes 5
¿Qué pasa aquí?
Naamán, general del ejército de Siria, tiene lepra. Una muchacha israelita cautiva le dice a su esposa que el profeta de Samaria podría sanarlo. Naamán llega con cartas y regalos, pero Eliseo le envía un mensaje: lávate siete veces en el Jordán. Naamán se enfurece por lo sencillo de la instrucción y casi se vuelve, pero sus criados lo convencen de intentarlo. Se lava y queda sano. Le ofrece regalos a Eliseo, quien los rechaza. Giezi corre en secreto tras Naamán, miente sobre una necesidad y recibe los regalos. Eliseo lo maldice con la lepra de Naamán.
¿La idea principal?
La sanidad llega a un general extranjero dispuesto a humillarse y obedecer una instrucción sencilla, mientras el propio criado del profeta lo pierde todo al convertir la gracia en ganancia.
Una línea para recordar
13: "Mas sus criados se llegaron a él, y habláronle, diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿ no la hicieras? ¿ cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?" La lógica serena de un criado que entiende lo que cuesta el orgullo.
El contexto
Siria e Israel estuvieron en guerra, en tregua y otra vez en guerra a lo largo de este periodo. El rango de Naamán y la carta del rey de Siria sugieren que intervinieron los canales diplomáticos más altos. Que esta sanidad llegue por la palabra de una muchacha cautiva, pase por encima de todos los canales oficiales y exija que un general extranjero se lave en un río enemigo es parte del diseño.
¿Quién aparece?
Naamán, el gran general con lepra; la muchacha israelita cautiva y sin nombre, cuya pequeña palabra lo cambia todo; Eliseo, que ni siquiera sale de su casa; Giezi, el criado que miente y lo paga.
Por qué importa
Jesús menciona esta historia en Lucas 4 cuando la sinagoga de Nazaret se vuelve contra él: un extranjero fue sanado, no un israelita. El punto también vale aquí: Naamán es un soldado enemigo cuya fe produce sanidad, mientras la propia casa del profeta se derrumba por la codicia. La misericordia de Dios no está limitada por la etnia ni por la geografía.
Para cuando sientes...
Para cuando esperabas algo espectacular y recibiste algo común, y tu orgullo casi te hizo darte la vuelta. El Jordán está ahí mismo. Siempre lo estuvo.