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2 Reyes 6
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2 Reyes 6Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1LOS hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho.

2Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámonos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad.

3Y dijo uno: Rogámoste que quieras venir con tus siervos. Y él respondió: Yo iré.

4Fuése pues con ellos; y como llegaron al Jordán, cortaron la madera.

5Y aconteció que derribando uno un árbol, cayósele el hacha en el agua; y dio voces, diciendo: ¡ Ah, señor mío, que era emprestada!

6Y el varón de Dios dijo: ¿ Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y echólo allí; e hizo nadar el hierro.

7Y dijo: Tómalo. Y él tendió la mano, y tomólo.

8Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y consultando con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento.

9Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal lugar, porque los Siros van allí.

10Entonces el rey de Israel envió a aquel lugar que el varón de Dios había dicho y amonestádole; y guardóse de allí, no una vez ni dos.

11Y el corazón del rey de Siria fue turbado de esto; y llamando a sus siervos, díjoles: ¿ No me declararéis vosotros quién de los nuestros es del rey de Israel?

12Entonces uno de los siervos dijo: No, rey señor mío; sino que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey de Israel las palabras que tú hablas en tu más secreta cámara.

13Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que yo envíe a tomarlo. Y fuéle dicho: He aquí él está en Dotán.

14Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y carros, y un grande ejército, los cuales vinieron de noche, y cercaron la ciudad.

15Y levantándose de mañana el que servía al varón de Dios, para salir, he aquí el ejército que tenía cercada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡ Ah, señor mío! ¿ qué haremos?

16Y él le dijo: No hayas miedo: porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.

17Y oró Eliseo, y dijo: Ruégote, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del mozo, y miró: y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

18Siros descendieron a él, oró Eliseo a Jehová, y dijo: Ruégote que hieras a esta gente con ceguedad. E hiriólos con ceguedad, conforme al dicho de Eliseo.

19Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, que yo os guiaré al hombre que buscáis. Y guiólos a Samaria.

20Y así que llegaron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de estos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y halláronse en medio de Samaria.

21Y cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo a Eliseo: ¿ Herirélos, padre mío?

22Y él le respondió: No los hieras; ¿ herirías tú a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y se vuelvan a sus señores.

23Entonces les fue aparejada grande comida: y como hubieron comido y bebido, enviólos, y ellos se volvieron a su señor. Y nunca más vinieron cuadrillas de Siria a la tierra de Israel.

24Después de esto aconteció, que Ben-adad rey de Siria juntó todo su ejército, y subió, y puso cerco a Samaria.

25Y hubo grande hambre en Samaria, teniendo ellos cerco sobre ella; tanto, que la cabeza de un asno era vendida por ochenta piezas de plata, y la cuarta de un cabo de estiércol de palomas por cinco piezas de plata.

26Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le dio voces, y dijo: Salva, rey señor mío.

27Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿ de dónde te tengo de salvar yo? ¿ del alfolí, o del lagar?

28Y díjole el rey: ¿ Qué tienes? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío.

29Cocimos pues mi hijo, y le comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido su hijo.

30Y como el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y pasó así por el muro: y llegó a ver el pueblo el saco que traía interiormente sobre su carne.

31Y él dijo: Así me haga Dios, y así me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat quedare sobre él hoy.

32Estaba a la sazón Eliseo sentado en su casa, y con él estaban sentados los ancianos: y el rey envió a él un hombre. Mas antes que el mensajero viniese a él, dijo él a los ancianos: ¿ No habéis visto cómo este hijo del homicida me envía a quitar la cabeza? Mirad pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la puerta, e impedidle la entrada: ¿ no viene tras él el ruido de los pies de su amo?

33Aun estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿ Para qué tengo de esperar más a Jehová?

Sobre 2 Reyes 6

¿Qué pasa aquí?

Un hacha de hierro prestada cae al Jordán; Eliseo la hace flotar. Unos saqueadores sirios quedan ciegos por la palabra de Eliseo, son llevados a Samaria y alimentados en lugar de muertos. Los sirios sitian Samaria y el hambre se vuelve catastrófica. El texto relata que dos mujeres hicieron un pacto para comerse a sus hijos, y que una se comió al hijo de la primera pero luego escondió al suyo. El rey, al oírlo, rasga sus vestidos, culpa a Eliseo y envía a un hombre a matarlo.

¿La idea principal?

Los milagros de Eliseo abarcan lo trivial y lo catastrófico en el mismo capítulo: un hacha que flota, un ejército cegado y una ciudad tan hambrienta que las madres se comen a sus hijos.

Una línea para recordar

29: "Cocimos pues mi hijo, y le comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido su hijo." Es canibalismo de asedio contado sin adornos. El texto no aparta la mirada.

El contexto

Hacia el año 843 a.C. El sitio de Samaria por Ben-adad fue un estrangulamiento militar y económico. El precio de una cabeza de asno y del estiércol de palomas en el versículo 25 da una medida del horror económico: en condiciones normales, eso no era comida. El asedio se presenta como el colapso total del orden social, el peor desenlace posible cuando convergen la apostasía y la invasión extranjera.

¿Quién aparece?

Eliseo; el rey de Israel, dividido entre la fe y la desesperación; las dos mujeres del asedio, cuyo pacto es uno de los más perturbadores de las Escrituras; el rey sirio Ben-adad.

Por qué importa

El hacha que flota es un milagro menor de compasión. El canibalismo del asedio es el resultado más oscuro posible de un bloqueo militar. Ambos están en este capítulo, y esa yuxtaposición no es casual. El texto insiste en que el mundo de Eliseo incluye tanto la misericordia pequeña como el horror impensable. Deuteronomio 28 había advertido que el asedio traería exactamente esto.

Para cuando sientes...

Para cuando lees algo en las Escrituras que te revuelve el estómago y te preguntas por qué está ahí. Está ahí porque esto es lo que los seres humanos se hacen unos a otros bajo presión, y el texto se niega a fingir lo contrario.