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2 Reyes 4
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2 Reyes 4Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1UNA mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido es muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová: y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.

2Y Eliseo le dijo: ¿ Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una botija de aceite.

3Y él le dijo: Ve, y pide para ti vasos prestados de todos tus vecinos, vasos vacíos, no pocos.

4Entra luego, y cierra la puerta tras ti y tras tus hijos; y echa en todos los vasos, y en estando uno lleno, ponlo aparte.

5Y partióse la mujer de él, y cerró la puerta tras sí y tras sus hijos; y ellos le llegaban los vasos, y ella echaba del aceite.

6Y como los vasos fueron llenos, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otro vaso. Y él dijo: No hay más vasos. Entonces cesó el aceite.

7Vino ella luego, y contólo al varón de Dios, el cual dijo: Ve, y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quedare.

8Y aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer principal, la cual le constriñó a que comiese del pan: y cuando por allí pasaba, veníase a su casa a comer del pan.

9Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa, es varón de Dios santo.

10Yo te ruego que hagas una pequeña cámara de paredes, y pongamos en ella cama, y mesa, y silla, y candelero, para que cuando viniere a nosotros, se recoja en ella.

11Y aconteció que un día vino él por allí, y recogióse en aquella cámara, y durmió en ella.

12Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta Sunamita. Y como él la llamó, pareció ella delante de él.

13Y dijo él a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero: ¿ qué quieres que haga por ti? ¿ has menester que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.

14Y él dijo: ¿ Qué pues haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí ella no tiene hijo, y su marido es viejo.

15Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.

16Y él le dijo: A este tiempo según el tiempo de la vida, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.

17Mas la mujer concibió, y parió un hijo a aquel tiempo que Eliseo le había dicho, según el tiempo de la vida.

18Y como el niño fue grande, aconteció que un día salió a su padre, a los segadores.

19Y dijo a su padre: ¡ Mi cabeza, mi cabeza! Y él dijo a un criado: Llévalo a su madre.

20Y habiéndole él tomado, y traídolo a su madre, estuvo sentado sobre sus rodillas hasta medio día, y murióse.

21Ella entonces subió, y púsolo sobre la cama del varón de Dios, y cerrándole la puerta, salióse.

22Llamando luego a su marido, díjole: Ruégote que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y vuelva.

23Y él dijo: ¿ Para qué has de ir a él hoy? No es nueva luna, ni sábado. Y ella respondió: Paz.

24Después hizo enalbardar una borrica, y dijo al mozo: Guía y anda; y no me hagas detener para que suba, sino cuando yo te lo dijere.

25Partióse pues, y vino al varón de Dios al monte del Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la Sunamita:

26Ruégote que vayas ahora corriendo a recibirla, y dile: ¿ Tienes paz? ¿ y tu marido, y tu hijo? Y ella dijo: Paz.

27Y luego que llegó al varón de Dios en el monte, asió de sus pies. Y llegóse Giezi para quitarla; mas el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado.

28Y ella dijo: ¿ Pedí yo hijo a mi señor? ¿ No dije yo, que no me burlases?

29Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi bordón en tu mano, y ve; y si alguno te encontrare, no lo saludes; y si alguno te saludare, no le respondas: y pondrás mi bordón sobre el rostro del niño.

30Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.

31El entonces se levantó, y siguióla. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el bordón sobre el rostro del niño, mas ni tenía voz ni sentido; y así se había vuelto para encontrar a Eliseo; y declaróselo, diciendo: El mozo no despierta.

32Y venido Eliseo a la casa, he aquí el niño que estaba tendido muerto sobre su cama.

33Entrando él entonces, cerró la puerta sobre ambos, y oró a Jehová.

34Después subió, y echóse sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y calentóse la carne del joven.

35Volviéndose luego, paseóse por la casa a una parte y a otra, y después subió, y tendióse sobre él; y el joven estornudó siete veces, y abrió sus ojos.

36Entonces llamó él a Giezi, y díjole: Llama a esta Sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo.

37Y así que ella entró, echóse a sus pies, e inclinóse a tierra: después tomó su hijo, y salióse.

38Y Eliseo se volvió a Gilgal. Había entonces grande hambre en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo que dijo a su criado: Pon una grande olla, y haz potaje para los hijos de los profetas.

39Y salió uno al campo a coger hierbas, y halló una como parra montés, y cogió de ella una faldada de calabazas silvestres: y volvió, y cortólas en la olla del potaje: porque no sabía lo que era.

40Echóse después para que comieran los hombres; pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, dieron voces, diciendo: ¡ Varón de Dios, la muerte en la olla! Y no lo pudieron comer.

41El entonces dijo: Traed harina. Y esparcióla en la olla, y dijo: Echa de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla.

42Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coman.

43Y respondió su sirviente: ¿ Cómo he de poner esto delante de cien hombres? Mas él tornó a decir: Da a la gente para que coman, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará.

44Entonces él lo puso delante de ellos, y comieron, y sobróles, conforme a la palabra de Jehová.

Sobre 2 Reyes 4

¿Qué pasa aquí?

Eliseo multiplica el aceite de una viuda para que pague sus deudas. Una mujer rica de Sunem lo hospeda con frecuencia; él le promete un hijo, y el hijo nace. Años después el niño muere de repente. La mujer cabalga hasta Eliseo sin decirle a nadie lo que ha pasado. Eliseo envía a Giezi por delante con su bordón, pero no sucede nada. Eliseo entra en el cuarto, ora, se tiende dos veces sobre el niño muerto, y el niño revive. Más tarde Eliseo sana una olla de potaje envenenada y alimenta a cien hombres con veinte panes.

¿La idea principal?

El ministerio de Eliseo está lleno de provisión y restauración para gente común: la deuda de una viuda, un niño muerto, una comida envenenada y una multitud que no debería haber alcanzado a comer.

Una línea para recordar

26: "Ruégote que vayas ahora corriendo a recibirla, y dile: ¿ Tienes paz? ¿ y tu marido, y tu hijo? Y ella dijo: Paz." La sunamita cabalga para decirle a Eliseo que su hijo ha muerto, y responde cada pregunta con esa sola palabra, sosteniéndose entera hasta llegar a él.

El contexto

El valle de Jezreel y Sunem, en el norte de Israel, hacia el año 850 a.C. La riqueza de la sunamita y su capacidad de añadir un cuarto a su casa sugieren una clase propietaria. Su fe no es ruidosa ni teatral: nunca le dice a su marido que el niño ha muerto, se niega a entrar en pánico en público y pasa por encima de las formalidades religiosas para ir directo al profeta. Su sentido práctico se presenta como una forma de fe.

¿Quién aparece?

La viuda con acreedores; la sunamita, rica y perspicaz; su marido sin nombre; el niño muerto; Eliseo; Giezi, el criado cuyo bordón no logra nada.

Por qué importa

Este capítulo suele leerse junto a la resurrección del hijo de la viuda por Elías en 1 Reyes 17, y los paralelos son intencionales: la doble porción se hace visible. Pero los milagros de Eliseo llegan más hondo en la vida cotidiana: alivio de deudas, duelo, escasez de comida. El ministerio profético no es solo real o político, sino doméstico y humano.

Para cuando sientes...

Para cuando por fuera lo sostienes todo mientras por dentro te estás desmoronando. La sunamita responde "Paz" a cada pregunta mientras cabalga a toda prisa hacia la única ayuda que puede encontrar.