2 Reyes 18Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1EN el tercer año de Oseas hijo de Ela rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz rey de Judá.
2Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y reinó en Jerusalem veintinueve años. El nombre de su madre fue Abi hija de Zacarías.
3Hizo lo recto en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre.
4El quitó los altos, y quebró las imágenes, y taló los bosques, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban perfumes los hijos de Israel; y llamóle por nombre Nehustán.
5En Jehová Dios de Israel puso su esperanza: después ni antes de él no hubo otro como él en todos los reyes de Judá.
6Porque se llegó a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés.
7Y Jehová fue con él; y en todas las cosas a que salía prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió.
8Hirió también a los Filisteos hasta Gaza y sus términos, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortalecida.
9En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela rey de Israel, subió Salmanasar rey de los Asirios contra Samaria, y cercóla.
10Y tomáronla al cabo de tres años; esto es, en el sexto año de Ezequías, el cual era el año nono de Oseas rey de Israel, fue Samaria tomada.
11Y el rey de Asiria traspuso a Israel a Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos:
12Por cuanto no habían atendido la voz de Jehová su Dios, antes habían quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová había mandado, ni las habían escuchado, ni puesto por obra.
13Y a los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiria contra todas las ciudades fuertes de Judá, y tomólas.
14Entonces Ezequías rey de Judá envió a decir al rey de Asiria en Laquis: Yo he pecado: vuélvete de mí, y llevaré todo lo que me impusieres. Y el rey de Asiria impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro.
15Dio por tanto Ezequías toda la plata que fue hallada en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real.
16Entonces descompuso Ezequías las puertas del templo de Jehová, y los quiciales que el mismo rey Ezequías había cubierto de oro, y diólo al rey de Asiria.
17Después el rey de Asiria envió al rey Ezequías, desde Laquis contra Jerusalem, a Tartán y a Rabsaris y a Rabsaces, con un grande ejército: y subieron, y vinieron a Jerusalem. Y habiendo subido, vinieron y pararon junto al conducto del estanque de arriba, que es en el camino de la heredad del batanero.
18Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliacim hijo de Hilcías, que era mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller.
19Y díjoles Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria: ¿ Qué confianza es esta en que tú estás?
20Dices, ( por cierto palabras de labios): Consejo tengo y esfuerzo para la guerra. Mas ¿ en qué confías, que te has rebelado contra mí?
21He aquí tú confías ahora en este bordón de caña cascada, en Egipto, en el que si alguno se apoyare, entrarále por la mano, y se le pasará. Tal es Faraón rey de Egipto, para todos los que en él confían.
22Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios: ¿ no es aquel cuyos altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalem: Delante de este altar adoraréis en Jerusalem?
23ahora yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú pudieres dar jinetes para ellos.
24Cómo pues harás volver el rostro de un capitán el menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y su gente de a caballo?
25he venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela.
26Entonces dijo Eliacim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa, a Rabsaces: Ruégote que hables a tus siervos siriaco, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros judaico a oídos del pueblo que está sobre el muro.
27Y Rabsaces les dijo: ¿ Hame enviado mi señor a ti y a tu señor para decir estas palabras, y no antes a los hombres que están sobre el muro, para comer su estiércol, y beber el agua de sus pies con vosotros?
28Paróse luego Rabsaces, y clamó a gran voz en judaico, y habló, diciendo: Oid la palabra del gran rey, el rey de Asiria.
29Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano.
30Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: De cierto nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria.
31No oigáis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y cada uno comerá de su vid, y de su higuera, y cada uno beberá las aguas de su pozo;
32Hasta que yo venga, y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará.
33Acaso alguno de los dioses de las gentes ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria?
34Dónde está el dios de Hamat, y de Arfad? ¿ dónde el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Hiva? ¿ pudieron estos librar a Samaria de mi mano?
35Qué dios de todos los dioses de las provincias ha librado a su provincia de mi mano, para que libre Jehová de mi mano a Jerusalem?
36Y el pueblo calló, que no le respondieron palabra: porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis.
37Entonces Eliacim hijo de Hilcías, que era mayordomo, y Sebna el escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rotos sus vestidos, y recitáronle las palabras de Rabsaces.
Sobre 2 Reyes 18
¿Qué pasa aquí?
Ezequías llega a ser rey de Judá, quita los altos, destruye la serpiente de bronce que había hecho Moisés y confía en Dios más que ningún rey antes o después de él. Se rebela contra Asiria. En el año catorce, Senachêrib de Asiria invade, toma todas las ciudades fortificadas de Judá y recibe de Ezequías un tributo enorme. Entonces el Rabsaces de Senachêrib pronuncia un discurso aterrador ante los muros de Jerusalén, en hebreo, para que lo oiga el pueblo sobre el muro, pensado para quebrar su voluntad: Dios no puede salvaros, ningún dios ha detenido jamás a Asiria.
¿La idea principal?
La reforma amplia de Ezequías y su confianza en Dios lo distinguen, pero la confianza se pone a prueba con más dureza cuando un general extranjero está frente a los muros de la ciudad y recita la lista de dioses que Asiria ya aplastó.
Una línea para recordar
29: "Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano." El discurso del Rabsaces es una obra maestra de guerra psicológica: suena razonable, es históricamente exacto sobre el historial de Asiria y está pensado para que confiar en Dios parezca una estupidez.
El contexto
La invasión de Judá por Senachêrib en 701 a.C. es uno de los acontecimientos de la Biblia mejor documentados históricamente. Sus anales afirman haber encerrado a Ezequías en Jerusalén "como a un pájaro en una jaula" y enumeran 46 ciudades de Judá capturadas. El tributo que pagó Ezequías (versículos 14 a 16) coincide con los registros asirios. Lo que ocurre después, en el capítulo 19, es donde los relatos se separan de forma drástica.
¿Quién aparece?
Ezequías, el rey más fiel desde David; Senachêrib de Asiria, cuyo ejército ya lo ha tomado todo; el Rabsaces, el oficial asirio que habla hebreo y se dirige directamente a la multitud; Eliacim, Sebna y Joa, los representantes de Ezequías.
Por qué importa
Que Ezequías destruya a Nehustán (la serpiente de bronce de Números 21) muestra tanto su minuciosidad como su discernimiento: un objeto sagrado se había convertido en ídolo. El discurso del Rabsaces es históricamente notable por su sofisticación retórica. Habla hebreo a propósito para saltarse a los oficiales y llegar al pueblo sobre el muro, intentando provocar una rendición popular antes de cualquier asalto militar.
Para cuando sientes...
Para cuando el argumento contra confiar en Dios suena del todo razonable, y quien lo plantea conoce tu historia y tus puntos débiles. El Rabsaces sabe exactamente qué decir. La pregunta es si el pueblo sobre el muro le va a creer.