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2 Reyes 17
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2 Reyes 17Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1EN el año duodécimo de Acaz rey de Judá, comenzó a reinar Oseas hijo de Ela en Samaria sobre Israel; y reinó nueve años.

2E hizo lo malo en ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel que antes de él habían sido.

3Contra este subió Salmanasar rey de los Asirios; y Oseas fue hecho su siervo, y pagábale tributo.

4Mas el rey de Asiria halló que Oseas hacía conjuración: porque había enviado embajadores a So, rey de Egipto, y no pagaba tributo al rey de Asiria, como cada año: por lo que el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel.

5Y el rey de Asiria partió contra todo el país, y subió contra Samaria, y estuvo sobre ella tres años.

6En el año nueve de Oseas tomó el rey de Asiria a Samaria, y trasportó a Israel a Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos.

7Porque como los hijos de Israel pecasen contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto de bajo la mano de Faraón rey de Egipto, y temiesen a dioses ajenos,

8Y anduviesen en los estatutos de las gentes que Jehová había lanzado delante de los hijos de Israel, y en los de los reyes de Israel, que hicieron;

9Y como los hijos de Israel paliasen cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fuertes,

10Y se levantasen estatuas y bosques en todo collado alto, y debajo de todo árbol umbroso,

11Y quemasen allí perfumes en todos los altos, a la manera de las gentes que había Jehová traspuesto delante de ellos, e hiciesen cosas muy malas para provocar a ira a Jehová,

12Pues servían a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no habéis de hacer esto;

13Jehová protestaba entonces contra Israel y contra Judá, por mano de todos los profetas, y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por mano de mis siervos los profetas.

14Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios.

15Y desecharon sus estatutos, y su pacto que él había concertado con sus padres, y sus testimonios que él había protestado contra ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las gentes que estaban alrededor de ellos, de las cuales les había Jehová mandado que no hiciesen a la manera de ellas:

16Y dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, e hiciéronse vaciadizos dos becerros, y también bosques, y adoraron a todo el ejército del cielo, y sirvieron a Baal:

17E hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y diéronse a adivinaciones y agüeros, y entregáronse a hacer lo malo en ojos de Jehová, provocándole a ira.

18Jehová por tanto se airó en gran manera contra Israel, y quitólos de delante de su rostro; que no quedó sino solo la tribu de Judá.

19Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios; antes anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales habían ellos hecho.

20Y desechó Jehová toda la simiente de Israel, y afligiólos, y entrególos en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia.

21Porque cortó a Israel de la casa de David, y ellos se hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam rempujó a Israel de en pos de Jehová, e hízoles cometer gran pecado.

22Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apartarse de ellos;

23Hasta tanto que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como lo había él dicho por mano de todos los profetas sus siervos: e Israel fue trasportado de su tierra a Asiria, hasta hoy.

24Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, y de Cuta, y de Ava, y de Hamat, y de Sefarvaim, y púsolos en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades.

25Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que no temiendo ellos a Jehová, envió Jehová contra ellos leones que los mataban.

26Entonces dijeron ellos al rey de Asiria: Las gentes que tú traspasaste y pusiste en las ciudades de Samaria, no saben la costumbre del Dios de aquella tierra, y él ha echado leones en ellos, y he aquí los matan, porque no saben la costumbre del Dios de la tierra.

27Y el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevad allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vayan y habiten allí, y enséñenles la costumbre del Dios del país.

28Y vino uno de los sacerdotes que habían trasportado de Samaria, y habitó en Bet-el, y enseñóles cómo habían de temer a Jehová.

29Mas cada nación se hizo sus dioses, y pusiéronlos en los templos de los altos que habían hecho los de Samaria; cada nación en su ciudad donde habitaba.

30Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, y los de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima;

31Los Heveos hicieron a Nibhaz y a Tartac; y los de Sefarvaim quemaban sus hijos al fuego a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim.

32Y temían a Jehová; e hicieron del pueblo bajo sacerdotes de los altos, quienes sacrificaban para ellos en los templos de los altos.

33Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las gentes de donde habían sido trasladados.

34Hasta hoy hacen como primero; que ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos, ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel;

35Con los cuales había Jehová hecho pacto, y les mandó, diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les sacrificaréis:

36Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo extendido, a este temeréis, y a este adoraréis, y a este haréis sacrificio.

37Los estatutos y derechos y ley y mandamientos que os dio por escrito, cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis dioses ajenos.

38Y no olvidaréis el pacto que hice con vosotros; ni temeréis dioses ajenos:

39Mas temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos.

40Empero ellos no escucharon; antes hicieron según su costumbre antigua.

41Así temieron a Jehová aquellas gentes, y juntamente sirvieron a sus ídolos: y también sus hijos y sus nietos, según que hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.

Sobre 2 Reyes 17

¿Qué pasa aquí?

Oseas, el último rey de Israel, deja de pagar tributo a Asiria y busca ayuda en Egipto. Salmanasar de Asiria invade, sitia Samaria durante tres años y deporta a los israelitas a diversos territorios asirios en 722 a.C. Luego el texto ofrece un largo comentario teológico: Israel cayó porque abandonó a Dios, adoró a otros dioses, rechazó a los profetas y siguió las prácticas de las naciones. Asiria repuebla la tierra con pueblos extranjeros que no conocen al Dios de Israel, y se envía de vuelta a un sacerdote para enseñarles.

¿La idea principal?

La caída del reino del norte no es un accidente militar ni un fracaso político. Es la culminación de dos siglos de quebrantar el pacto, y el texto insiste en que el lector lo entienda así.

Una línea para recordar

23: "Hasta tanto que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como lo había él dicho por mano de todos los profetas sus siervos: e Israel fue trasportado de su tierra a Asiria, hasta hoy." El exilio como la última palabra de advertencia, escrita desde el otro lado.

El contexto

Salmanasar V sitió Samaria de 724 a 722 a.C. Murió durante el asedio, y su sucesor Sargón II completó la deportación; en sus anales afirma haber deportado a 27.290 israelitas a Mesopotamia y Media. El pueblo samaritano que surge de ese repoblamiento será un punto de tensión en la historia judía posterior: una población mezclada con un culto mezclado, ni del todo israelita ni del todo pagana.

¿Quién aparece?

Oseas, el último rey de Israel; Salmanasar V de Asiria; los profetas que advirtieron durante generaciones; los pueblos extranjeros asentados en Samaria, que temen a Jehová y a sus propios dioses al mismo tiempo.

Por qué importa

El capítulo 17 es el centro teológico del libro. No pasa de prisa por la caída de Samaria. Se detiene y la explica, citando pecados concretos: los becerros de oro de Jeroboam, los altos, los bosques de Asera, la adivinación, el sacrificio de niños. Los profetas enviados a advertirles. El pacto ignorado. La deportación de Israel en 722 a.C. pone fin para siempre al reino del norte. En el registro bíblico, las diez tribus no vuelven a reunirse.

Para cuando sientes...

Para cuando miras las consecuencias de largos patrones de decisiones y te preguntas cómo se llegó hasta aquí. Se llegó una decisión a la vez, a lo largo de doscientos años, y el texto quiere que sigas cada paso.