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1 Samuel 2
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1 Samuel 2Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1Y ANA oró y dijo: mi corazón se regocija en Jehová, mi cuerno es ensalzado en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salud.

2No hay santo como Jehová: porque no hay ninguno fuera de ti; y no hay refugio como el Dios nuestro.

3No multipliquéis hablando grandezas, altanerías; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; porque el Dios de todo saber es Jehová, y a él toca el pesar las acciones.

4Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los flacos se ciñeron de fortaleza.

5Los hartos se alquilaron por pan: y cesaron los hambrientos: hasta parir siete la estéril, y la que tenía muchos hijos enfermó.

6Jehová mata, y él da vida: él hace descender al sepulcro, y hace subir.

7Jehová empobrece, y él enriquece: abate, y ensalza.

8El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarlo con los príncipes; y hace que tengan por heredad asiento de honra: porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo.

9El guarda los pies de sus santos, mas los impíos perecen en tinieblas; porque nadie será fuerte por su fuerza.

10Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios, y sobre ellos tronará desde los cielos: Jehová juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías.

11Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.

12Mas los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.

13Y la costumbre de los sacerdotes con el pueblo era que, cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras la carne estaba a cocer, trayendo en su mano un garfio de tres ganchos;

14Y hería con él en la caldera, o en la olla, o en el caldero, o en el pote; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para si. De esta manera hacían a todo Israelita que venía a Silo.

15Asimismo, antes de quemar el sebo, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que ase para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda.

16Y si le respondía el varón, Quemen luego el sebo hoy, y después toma tanta como quisieres; él respondía: No, sino ahora la has de dar: de otra manera yo la tomaré por fuerza.

17Era pues el pecado de los mozos muy grande delante de Jehová; porque los hombres menospreciaban los sacrificios de Jehová.

18Y el joven Samuel ministraba delante de Jehová, vestido de un ephod de lino.

19Y hacíale su madre una túnica pequeña, y traíasela cada año, cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio acostumbrado.

20Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé simiente de esta mujer en lugar de esta petición que hizo a Jehová. Y volviéronse a su casa.

21Y visitó Jehová a Ana, y concibió, y parió tres hijos, y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.

22Elí empero era muy viejo, y oyó todo lo que sus hijos hacían a todo Israel, y como dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo del testimonio.

23Y díjoles: ¿ Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.

24No, hijos míos; porque no es buena fama la que yo oigo: que hacéis pecar al pueblo de Jehová.

25Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿ quién rogará por él? Mas ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová los quería matar.

26Y el joven Samuel iba creciendo, y adelantando delante de Dios y delante de los hombres.

27Y vino un varón de Dios a Elí, y díjole: Así ha dicho Jehová: ¿ No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?

28Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase perfume, y trajese ephod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel.

29Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis presentes, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?

30Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me tuvieren en poco, serán viles.

31He aquí vienen días, en que cortaré tu brazo, y el brazo de la casa de tu padre, que no haya viejo en tu casa.

32Y verás competidor en el tabernáculo, en todas las cosas en que hiciere bien a Israel; y en ningún tiempo habrá viejo en tu casa.

33Y no te cortaré del todo varón de mi altar, para hacerte marchitar tus ojos, y henchir tu ánimo de dolor; mas toda la cría de tu casa morirá en la edad varonil.

34Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día.

35Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días.

36Y será que el que hubiere quedado en tu casa, vendrá a postrársele por un dinero de plata y un bocado de pan, diciéndole: Ruégote que me constituyas en algún ministerio, para que coma un bocado de pan.

Sobre 1 Samuel 2

¿Qué pasa aquí?

El cántico de alabanza de Ana celebra cómo Dios invierte la suerte humana: los soberbios son abatidos, los hambrientos saciados, la estéril se vuelve fecunda. Samuel crece sirviendo en Silo, mientras los hijos de Elí, Ofni y Finees, roban de los sacrificios y se acuestan con las mujeres a la entrada del tabernáculo. Elí los reprende con debilidad. Un varón de Dios anuncia que la línea sacerdotal de Elí llega a su fin y que viene un sacerdote fiel.

¿La idea principal?

La adoración corrompida desde adentro sigue siendo corrupción. Dios no protegerá una dinastía sacerdotal que trata lo sagrado como propiedad personal.

Una línea para recordar

2: "No hay santo como Jehová: porque no hay ninguno fuera de ti; y no hay refugio como el Dios nuestro." Ana no ancla su gozo en su situación, sino en el carácter único de Dios.

El contexto

Silo, hacia el año 1100 a.C. El sistema del tabernáculo tiene generaciones y muestra podredumbre institucional. Ofni y Finees no son pecadores ocultos; su abuso es público y Elí lo sabe. Con ese fondo, un niño pequeño con un efod de lino cumple sus tareas, en fuerte contraste con los sacerdotes que lo rodean.

¿Quién aparece?

Ana, cuya oración se vuelve un salmo que María repetirá después; Samuel, pequeño y fiel; Elí, un hombre bueno con una crianza desastrosamente débil; Ofni y Finees, sacerdotes que han convertido la religión en su negocio.

Por qué importa

El cántico de Ana anticipa el Magníficat y da forma a la manera en que Israel entiende la inversión divina. La corrupción de los hijos de Elí prepara la crisis que hará necesario a Samuel como profeta y juez.

Para cuando sientes...

Hay algo doloroso en ver a Elí amar a sus hijos más que a su Dios. Es un fracaso reconocible, humano y costoso.