1 Reyes 2Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y LLEGÁRONSE los días de David para morir, y mandó a Salomón su hijo, diciendo:
2Yo voy el camino de toda la tierra: esfuérzate, y sé varón.
3Guarda la ordenanza de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, y sus derechos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que seas dichoso en todo lo que hicieres, y en todo aquello a que te tornares;
4Para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren su camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón, y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón del trono de Israel.
5Y ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner, y a Amasa hijo de Jeter, los cuales él mató, derramando en paz la sangre de guerra, y poniendo la sangre de guerra en su talabarte que tenía sobre sus lomos, y en sus zapatos que tenía en sus pies.
6Tú pues harás conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas a la huesa en paz.
7Mas a los hijos de Barzilai Galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron así a mí, cuando iba huyendo de Absalom tu hermano.
8También tienes contigo a Semei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová, diciendo: Yo no te mataré a cuchillo.
9Empero ahora no lo absolverás: que hombre sabio eres, y sabes cómo te has de haber con él: y harás descender sus canas con sangre a la sepultura.
10Y David durmió con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David.
11Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años: siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalem.
12Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y fue su reino firme en gran manera.
13Entonces Adonía hijo de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella dijo: ¿ Es tu venida de paz? Y él respondió: Sí, de paz.
14En seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di.
15Y él dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro, para que yo reinara: mas el reino fue traspasado, y vino a mi hermano; porque por Jehová era suyo.
16Y ahora yo te hago una petición: no me hagas volver mi rostro. Y ella le dijo: Habla.
17El entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón, ( porque él no te hará volver tu rostro,) para que me dé a Abisag Sunamita por mujer.
18Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.
19Y vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonía. Y el rey se levantó a recibirla, e inclinóse a ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo poner una silla a la madre del rey, la cual se sentó a su diestra.
20Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me hagas volver mi rostro. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te haré volver el rostro.
21Y ella dijo: Dése Abisag Sunamita por mujer a tu hermano Adonía.
22Y el rey Salomón respondió, y dijo a su madre: ¿ Por qué pides a Abisag Sunamita para Adonía? Demanda también para él el reino, porque él es mi hermano mayor; y tiene también a Abiatar sacerdote, y a Joab hijo de Sarvia.
23Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y así me añada, que contra su vida ha hablado Adonía esta palabra.
24Ahora pues, vive Jehová, que me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y que me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonía morirá hoy.
25Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual dio sobre él, y murió.
26Y a Abiatar sacerdote dijo el rey: Vete a Anatot a tus heredades, que tú eres digno de muerte; mas no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca del Señor Jehová delante de David mi padre, y además has sido trabajado en todas las cosas en que fue trabajado mi padre.
27Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.
28Y vino la noticia hasta Joab: porque también Joab se había adherido a Adonía, si bien no se había adherido a Absalom. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y asióse a los cornijales del altar.
29Y fue hecho saber a Salomón que Joab había huído al tabernáculo de Jehová, y que estaba junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve, y da sobre él.
30Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y díjole: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino aquí moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así habló Joab, y así me respondió.
31Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérralo, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.
32Y Jehová hará tornar su sangre sobre su cabeza: que él ha muerto dos varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a cuchillo sin que mi padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general de ejército de Judá.
33La sangre pues de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su simiente para siempre: mas sobre David y sobre su simiente, y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte de Jehová.
34Entonces Benaía hijo de Joiada subió, y dio sobre él, y matólo; y fue sepultado en su casa en el desierto.
35Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el ejército: y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar.
36Después envió el rey, e hizo venir a Semei, y díjole: Edifícate una casa en Jerusalem, y mora ahí, y no salgas de allá a una parte ni a otra;
37Porque sabe de cierto que el día que salieres, y pasares el torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza.
38Y Semei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Semei en Jerusalem muchos días.
39Pero pasados tres años, aconteció que se le huyeron a Semei dos siervos a Aquis, hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Semei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat.
40Levantóse entonces Semei, y enalbardó su asno, y fue a Gat, a Aquis, a procurar sus siervos. Fue pues Semei, y volvió sus siervos de Gat.
41Díjose luego a Salomón como Semei había ido de Jerusalem hasta Gat, y que había vuelto.
42Entonces el rey envió, e hizo venir a Semei, y díjole: ¿ No te conjuré yo por Jehová, y te protesté, diciendo: El día que salieres, y fueres acá o acullá, sabe de cierto que has de morir? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco.
43Por qué pues no guardaste el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse?
44Dijo además el rey a Semei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová pues, ha tornado el mal sobre tu cabeza.
45Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová.
46Entonces el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió e hirióle; y murió. Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón.
Sobre 1 Reyes 2
¿Qué pasa aquí?
David da a Salomón su encargo final, fundado en la fidelidad al pacto con Dios. Después, con fría precisión, Salomón elimina las amenazas que quedan: Adonía es ejecutado por pedir a Abisag, el sacerdote Abiatar es desterrado, Joab muere junto al altar y Semei es ejecutado por salir de Jerusalén. El reino queda ahora del todo asegurado.
¿La idea principal?
Un reino edificado sobre el pacto de David requiere tanto fidelidad espiritual como firmeza para tratar con quienes amenazan su estabilidad.
Una línea para recordar
3: "Guarda la ordenanza de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos" El encargo de David en su lecho de muerte hace depender todo el éxito o el fracaso futuro de Salomón de la obediencia, no de la fuerza militar.
El contexto
Jerusalén, 970 a. C., los primeros meses del reinado de Salomón. El consejo de David en su lecho de muerte es callado, íntimo. Luego llega la maquinaria veloz del poder: Benaía recorriendo la ciudad, Joab huyendo al tabernáculo, una espada que por fin lo alcanza allí. El reino se asienta como el limo después de una inundación.
¿Quién aparece?
David: rey moribundo, entrega el encargo del pacto; Salomón: nuevo rey, actúa con una firmeza calculada; Adonía: se excede y lo paga; Joab: viejo guerrero, muerto junto al altar; Semei: antiguo adversario de David, ejecutado al fin.
Por qué importa
El capítulo 2 cierra el relato de transición que comenzó en el capítulo 1 y pone fin formal a los libros de Samuel. La eliminación metódica de amenazas por parte de Salomón no es venganza al azar ni pura crueldad; la mayoría de las ejecuciones cumplen juicios que el propio David había aplazado, y dejan limpio el terreno para una nueva era.
Para cuando sientes...
Las últimas palabras de David pesan más allá de la política: es un padre que entrega a su hijo algo más importante que un trono. Las ejecuciones que siguen son serenas y graves, un recordatorio de que los nuevos comienzos a menudo exigen finales duros.