1 Reyes 3Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y SALOMÓN hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, porque tomó la hija de Faraón, y trájola a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalem alrededor.
2Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los altos; porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.
3Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David: solamente sacrificaba y quemaba perfumes en los altos.
4E iba el rey a Gabaón, porque aquel era el alto principal, y sacrificaba allí: mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar.
5Y aparecióse Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y díjo le Dios: Pide lo que quisieres que yo te dé.
6Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, según que él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo: y tú le has guardado esta tu grande misericordia, que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día.
7Ahora pues, Jehová Dios mío, tú has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre: y yo soy mozo pequeño, que no sé cómo entrar ni salir.
8Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.
9Da pues a tu siervo corazón dócil para juzgar a tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo: porque ¿ quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?
10Y agradó delante de Adonai que Salomón pidiese esto.
11Y díjole Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, mas demandaste para ti inteligencia para oir juicio;
12He aquí lo he hecho conforme a tus palabras: he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no haya habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.
13Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria: tal, que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.
14Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.
15Y como Salomón despertó, vio que era sueño: y vino a Jerusalem, y presentóse delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó holocaustos, e hizo pacíficos; hizo también banquete a todos sus siervos.
16En aquella sazón vinieron dos mujeres rameras al rey, y presentáronse delante de él.
17Y dijo la una mujer: ¡ Ah, señor mío! yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo parí estando con ella en la casa.
18Y aconteció al tercer día después que yo parí, que esta parió también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.
19Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él.
20Y levantóse a media noche, y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y púsolo a su lado, y púsome a mi lado su hijo muerto.
21Y como yo me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto: mas observéle por la mañana, y vi que no era mi hijo, que yo había parido.
22Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.
23El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto: y la otra dice, No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.
24Y dijo el rey: Traedme un cuchillo. Y trajeron al rey un cuchillo.
25En seguida el rey dijo: Partid por medio el niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.
26Entonces la mujer cuyo era el hijo vivo, habló al rey ( porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo ), y dijo: ¡ Ah, señor mío! dad a esta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo.
27Entonces el rey respondió, y dijo: Dad a aquella el hijo vivo, y no lo matéis: ella es su madre.
28Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey: y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.
Sobre 1 Reyes 3
¿Qué pasa aquí?
Salomón se casa con la hija de Faraón, una alianza diplomática temprana que insinúa concesiones futuras. En Gabaón, Dios se le aparece en sueños y le ofrece lo que desee. Salomón pide sabiduría para gobernar con justicia en lugar de riquezas o larga vida. Dios le concede una sabiduría como no la hubo antes ni la habrá después, además de la riqueza y la gloria que no pidió. El famoso caso de las dos madres demuestra que el don de Salomón es real.
¿La idea principal?
Pedir a Dios la capacidad de servir bien a otros, en lugar de una ventaja personal, es en sí la sabiduría más profunda.
Una línea para recordar
9: "Da pues a tu siervo corazón dócil para juzgar a tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo" La petición de Salomón revela un corazón todavía orientado hacia los demás y no hacia sí mismo, la medida con la que se juzgará su posterior decadencia.
El contexto
Gabaón, hacia el 970 a. C., el gran lugar alto al norte de Jerusalén. Mil holocaustos humean al amanecer. Esa noche llega el sueño. Luego, de vuelta en Jerusalén: dos mujeres, un niño muerto, un niño vivo y un rey que pide una espada no para matar, sino para revelar quién dice la verdad.
¿Quién aparece?
Salomón: rey joven, humilde delante de Dios; Dios: se aparece en el sueño en Gabaón y concede la petición; las dos madres: mujeres sin nombre cuya disputa se convierte en la prueba de la sabiduría de Salomón.
Por qué importa
Este es el eje teológico de la historia de Salomón. La sabiduría que Dios concede aquí no es mera inteligencia; es discernimiento judicial que refleja el propio carácter de Dios. El episodio de las dos madres está construido para mostrar ese don en acción inmediata e innegable. Todo lo bueno del reinado de Salomón brota de este momento.
Para cuando sientes...
Hay una sorpresa genuina en la petición de Salomón. Un rey joven que podía pedir cualquier cosa, y pide servir mejor. El veredicto en el caso de las madres trae a la vez asombro y alivio, esa clase de justicia que hace que la gente respire.