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1 Corintios 2
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1 Corintios 2Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1ASÍ que, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con altivez de palabra, o de sabiduría, a anunciaros el testimonio de Cristo.

2Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo, y a este crucificado.

3Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor;

4Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, mas con demostración del Espíritu y de poder;

5Para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios.

6Empero hablamos sabiduría entre perfectos; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que se deshacen:

7Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria:

8La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria:

9Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman.

10Empero Dios nos lo reveló a nosotros por el Espíritu: porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

11Porque ¿ quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

12Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado;

13Lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, mas con doctrina del Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.

14Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente.

15Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas él no es juzgado de nadie.

16Porque ¿ quién conoció la mente del Señor? ¿ quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

Sobre 1 Corintios 2

¿Qué pasa aquí?

Pablo recuerda cómo llegó por primera vez a Corinto: dejó a un lado a propósito la actuación retórica, llegó con debilidad y temor, decidido a no saber nada sino a Cristo crucificado. Contrasta esto con la verdadera sabiduría de Dios, un misterio escondido que se revela no por argumentos humanos sino por el Espíritu Santo. Las cosas espirituales, dice, se disciernen espiritualmente. El hombre natural no puede recibirlas.

¿La idea principal?

El Espíritu lleva una revelación que la elocuencia no puede llevar. La contención retórica deliberada de Pablo en Corinto no fue incompetencia; fue una declaración teológica sobre cómo viaja realmente el evangelio.

Una línea para recordar

2: "Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo, y a este crucificado." Este es el contraprograma deliberado de Pablo frente a la sofisticación corintia: la decisión de centrarlo todo en lo único que más ofendía a la sociedad educada.

El contexto

Corinto recibía a filósofos y oradores itinerantes que competían por públicos en espacios abiertos y casas acomodadas. Con ese fondo, Pablo llegó desde Atenas (donde los filósofos acababan de recibirlo con un escepticismo cortés) y despojó a propósito su presentación hasta dejar solo su elemento más ofensivo. El contraste entre su manera y el estilo elocuente de Apolos habría sido evidente para cualquier corintio que hubiera escuchado a ambos.

¿Quién aparece?

Pablo es la única voz aquí, y ofrece su autobiografía como argumento. Recuerda su propia llegada temerosa, una rara admisión de vulnerabilidad. El Espíritu es el agente activo de principio a fin, que escudriña aun lo profundo de Dios y lo comunica a quienes reciben la palabra.

Por qué importa

La cultura de Corinto valoraba la retórica como señal de inteligencia y de estatus social. Maestros itinerantes llamados sofistas atraían multitudes y cobraban por discursos pulidos. Pablo entró en ese mundo y se negó a jugar ese juego. El argumento aquí es que la sabiduría divina opera en un registro completamente distinto al de la actuación y la elocuencia, y que la obsesión de los corintios con oradores impresionantes revela cuánto habían absorbido los valores de su cultura en lugar de los del evangelio.

Para cuando sientes...

Pablo admite que llegó temblando. Esa honestidad llama la atención, porque defiende su caso encarnándolo: el mensaje funcionó no porque él fuera impresionante, sino a pesar de que no lo era. Hay algo que desarma, en silencio, en un apóstol que confiesa su miedo.