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Romanos 14
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Romanos 14Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1RECIBID al flaco en la fe, pero no para contiendas de disputas.

2Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas: otro que es débil, come legumbres.

3El que come, no menosprecie al que no come: y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha levantado.

4Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? para su señor está en pie, o cae: mas se afirmará; que poderoso es el Señor para afirmarle.

5Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté asegurado en su ánimo.

6El que hace caso del día, háce lo para el Señor: y el que no hace caso del día, no lo hace para el Señor. El que come, come para el Señor, porque da gracias a Dios; y el que no come, no come para el Señor, y da gracias a Dios.

7Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.

8Que si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, o que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

9Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

10Mas tú ¿ por qué juzgas a tu hermano? o tú también, ¿ por qué menosprecias a tu hermano? porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo.

11Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que a mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.

12De manera que, cada uno de nosotros dará a Dios razón de sí.

13Así que, no juzguemos más los unos de los otros: antes bien juzgad de no poner tropiezo o escándalo al hermano.

14Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que de suyo nada hay inmundo: mas a aquel que piensa alguna cosa ser inmunda, para él es inmunda.

15Empero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme a la caridad. No arruines con tu comida a aquel por el cual Cristo murió.

16No sea pues blasfemado vuestro bien:

17Que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo.

18Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es acepto a los hombres.

19Así que, sigamos lo que hace a la paz, y a la edificación de los unos a los otros.

20No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias: mas malo es al hombre que come con escándalo.

21Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o sea debilitado.

22Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo con lo que aprueba.

23Mas el que hace diferencia, si comiere, es condenado, porque no comió por fe: y todo lo que no es de fe, es pecado.

Sobre Romanos 14

¿Qué pasa aquí?

Los fuertes en la fe y los débiles en la fe discuten por la comida y la observancia de días. Pablo les dice a ambos lados que dejen de juzgarse. Cada uno está en pie o cae delante de su propio Señor. El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Todo lo que no proviene de fe es pecado. No destruyas a tu hermano insistiendo en tu libertad en asuntos donde la conciencia difiere.

¿La idea principal?

En asuntos secundarios donde la Escritura no es explícita, los creyentes se deben caridad y no juicio, y la libertad personal debe ceder ante el bien de los demás.

Una línea para recordar

17: "Que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo." Una corrección de énfasis mal puesto: aquello por lo que los creyentes peleaban no era el centro de lo que Dios estaba haciendo.

El contexto

En Roma había comunidades judeocristianas importantes junto a los creyentes gentiles. Las leyes judías sobre los alimentos y la observancia del sábado no eran simples preferencias personales, sino señales de identidad ligadas a siglos de historia y a un costo social considerable. Los creyentes gentiles que comían con libertad no solo tomaban decisiones distintas; daban a entender que esas señales no importaban. La ofensa era real en ambos lados.

¿Quién aparece?

Los débiles en la fe, que por escrúpulo se abstienen de carne y guardan días especiales. Los fuertes, que comen con libertad y estiman iguales todos los días. Ambos grupos, de pie ante un solo Señor que los recibe a los dos.

Por qué importa

Este capítulo inaugura una categoría con la que el cristianismo protestante ha luchado desde entonces: los adiáforos, cosas que no están ni mandadas ni prohibidas, en las que los creyentes pueden diferir legítimamente. El marco de Pablo no se disuelve en relativismo; el pecado sigue siendo pecado. Pero crea un espacio protegido para las diferencias de conciencia que no deberían dividir a una comunidad.

Para cuando sientes...

Para cuando una comunidad se está desgarrando por prácticas que no son lo esencial. La frustración de Pablo es callada pero clara: estas disputas consumen energía que le pertenece al centro, no a los bordes. El tono emocional es una invitación a ganar perspectiva.