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Oseas 10
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Oseas 10Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1ES Israel una frondosa viña, haciendo fruto para sí: conforme a la multiplicación de su fruto multiplicó altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus estatuas.

2Dividióse su corazón. Ahora serán hallados culpables: él quebrantará sus altares, asolará sus estatuas.

3Porque dirán ahora: No tenemos rey, porque no temimos a Jehová: ¿ y qué haría el rey por nosotros?

4Han hablado palabras jurando en vano al hacer alianza: por tanto, el juicio florecerá como ajenjo en los surcos del campo.

5Por las becerras de Bet-avén serán atemorizados los moradores de Samaria: porque su pueblo lamentará a causa del becerro, y sus sacerdotes que en él se regocijaban por su gloria, la cual será disipada.

6Y aun será él llevado a Asiria en presente al rey Jareb: Efraín será avergonzado, e Israel será confuso de su consejo.

7De Samaria fue cortado su rey como la espuma sobre la superficie de las aguas.

8Y los altares de Avén serán destruídos, el pecado de Israel; crecerá sobre sus altares espino y cardo. Y dirán a los montes: Cubridnos; y a los collados: Caed sobre nosotros.

9Desde los días de Gabaa has pecado, oh Israel: allí estuvieron: no los tomó la batalla en Gabaa contra los inicuos.

10Y los castigaré como deseo: y pueblos se juntarán sobre ellos cuando serán atados en sus dos surcos.

11Efraín es becerra domada, amadora del trillar; mas yo pasaré sobre su lozana cerviz: yo haré llevar yugo a Efraín; arará Judá, quebrará sus terrones Jacob.

12Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; arad para vosotros barbecho: porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia.

13Habéis arado impiedad, segasteis iniquidad: comeréis fruto de mentira: porque confiaste en tu camino, en la multitud de tus fuertes.

14en tus pueblos se levantará alboroto, y todas tus fortalezas serán destruídas, como destruyó Salmán a Bet-arbel el día de la batalla: la madre fue arrojada sobre los hijos.

15Así hará a vosotros Bet-el por la maldad de vuestra maldad: en la mañana será del todo cortado el rey de Israel.

Sobre Oseas 10

¿Qué pasa aquí?

Israel es una vid frondosa que convirtió cada cosecha en más altares para otros dioses. Los becerros de oro de Bet-aven serán llevados como tributo a Asiria en vergüenza. Los lugares altos construidos en Gabaa desde los primeros días del pecado serán destruidos. Oseas llama al pueblo a arar su barbecho y sembrar justicia antes de que se acabe el tiempo de buscar a Jehová.

¿La idea principal?

La prosperidad sin fidelidad es una vid que produce más ídolos con cada buena cosecha, multiplicando la deuda que vence en el juicio.

Una línea para recordar

12: "Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; arad para vosotros barbecho: porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia." Escondida dentro de un capítulo de juicio hay una verdadera metáfora agrícola del arrepentimiento: la tierra dura tiene que romperse antes de que algo crezca.

El contexto

Entre los años 730 y 725 a.C., el ejército asirio está en movimiento. Tiglat-pileser ya ha tomado la región de Galilea. Los becerros de Bet-el y Dan, que Jeroboam levantó tres siglos antes para que los del norte no fueran a Jerusalén, están a punto de convertirse en trofeos asirios.

¿Quién aparece?

Dios se dirige a Israel y a Efraín como el labrador a su campo. El becerro de Bet-aven (Bet-el) es tratado casi como un personaje, algo con un destino: será llevado en vergüenza. El pueblo se lamenta por él como por un jefe difunto. El rey asirio Jareb aparece otra vez como el destinatario final de la humillación de Israel.

Por qué importa

El capítulo 10 hace explícita la relación entre la abundancia agrícola y la complacencia espiritual. Cuanto más prosperaba Israel, más altares construía para explicar esa prosperidad sin hacer referencia a Dios. El llamado del versículo 12 a arar el barbecho es uno de los llamados a la acción más claros del libro, y reconoce que volver todavía es posible incluso aquí.

Para cuando sientes...

La imagen de una nación llorando por una estatua que se llevan como tributo de guerra es a la vez absurda y genuinamente triste, un pueblo cuya identidad entera va atada a un becerro de oro rumbo a Nínive.