Números 35Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y HABLÓ Jehová a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó, diciendo:
2Manda a los hijos de Israel, que den a los Levitas de la posesión de su heredad ciudades en que habiten: también daréis a los Levitas los ejidos de esas ciudades alrededor de ellas.
3Y tendrán ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus animales, y para sus ganados, y para todas sus bestias.
4Y los ejidos de las ciudades que daréis a los Levitas, serán mil codos alrededor, desde el muro de la ciudad para afuera.
5Luego mediréis fuera de la ciudad a la parte del oriente dos mil codos, y a la parte del mediodía dos mil codos, y a la parte del occidente dos mil codos, y a la parte del norte dos mil codos, y la ciudad en medio: esto tendrán por los ejidos de las ciudades.
6Y de las ciudades que daréis a los Levitas, seis ciudades serán de acogimiento, las cuales daréis para que el homicida se acoja allá: y además de estas daréis cuarenta y dos ciudades.
7Todas las ciudades que daréis a los Levitas serán cuarenta y ocho ciudades; ellas con sus ejidos.
8Y las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del que mucho tomaréis mucho, y del que poco tomaréis poco: cada uno dará de sus ciudades a los Levitas según la posesión que heredará.
9Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
10Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis pasado el Jordán a la tierra de Canaán,
11Os señalaréis ciudades, ciudades de acogimiento tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte por yerro.
12Y os serán aquellas ciudades por acogimiento del pariente, y no morirá el homicida hasta que esté a juicio delante de la congregación.
13De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de acogimiento.
14Tres ciudades daréis de esta parte del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán; las cuales serán ciudades de acogimiento.
15Estas seis ciudades serán para acogimiento a los hijos de Israel, y al peregrino, y al que morare entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro por yerro.
16Y si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá:
17Y si con piedra de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá.
18Y si con instrumento de palo de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá.
19El pariente del muerto, él matará al homicida: cuando lo encontrare, él le matará.
20Y si por odio lo empujó, o echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere;
21O por enemistad lo hirió con su mano, y murió: el heridor morirá; es homicida; el pariente del muerto matará al homicida, cuando lo encontrare.
22Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, o echó sobre él cualquier instrumento sin asechanzas,
23O bien, sin verlo, hizo caer sobre él alguna piedra, de que pudo morir, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal;
24Entonces la congregación juzgará entre el heridor y el pariente del muerto conforme a estas leyes:
25Y la congregación librará al homicida de mano del pariente del muerto, y la congregación lo hará volver a su ciudad de acogimiento, a la cual se había acogido; y morará en ella hasta que muera el gran sacerdote, el cual fue ungido con el aceite santo.
26Y si el homicida saliere fuera del término de su ciudad de refugio, a la cual se acogió,
27Y el pariente del muerto le hallare fuera del término de la ciudad de su acogida, y el pariente del muerto al homicida matare, no se le culpará por ello:
28Pues en su ciudad de refugio deberá aquel habitar hasta que muera el gran sacerdote: y después que muriere el gran sacerdote, el homicida volverá a la tierra de su posesión.
29Y estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vuestras edades, en todas vuestras habitaciones.
30Cualquiera que hiriere a alguno, por dicho de testigos, morirá el homicida: mas un solo testigo no hará fe contra alguna persona para que muera.
31Y no tomaréis precio por la vida del homicida; porque está condenado a muerte: mas indefectiblemente morirá.
32Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sacerdote.
33Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis: porque esta sangre amancillará la tierra: y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.
34No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel.
Sobre Números 35
¿Qué pasa aquí?
Dios ordena apartar cuarenta y ocho ciudades para los levitas en todos los territorios tribales, entre ellas seis ciudades de refugio. Las ciudades de refugio dan asilo a quien mata por accidente: el homicida queda a salvo hasta la muerte del sumo sacerdote. El homicidio intencional exige la pena de muerte; un solo testigo no basta para condenar. Ningún rescate puede comprar la sentencia de un asesino.
¿La idea principal?
La justicia ante un homicidio exige distinguir la intención del accidente, y proteger al inocente de la venganza de la multitud es tarea de toda la comunidad.
Una línea para recordar
11: "Os señalaréis ciudades, ciudades de acogimiento tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte por yerro." Un sistema legal de asilo integrado en la infraestructura de la tierra.
El contexto
Los campos de Moab, 1406 a. C., las últimas instrucciones legales antes del cruce. Las ciudades de refugio estarán repartidas en ambas orillas del Jordán, a un día de camino desde cualquier punto de la tierra. Son infraestructura para una sociedad que sabe que los accidentes ocurren y que la venganza puede crecer más rápido que la verdad.
¿Quién aparece?
Moisés, que transmite las leyes; los levitas, que habitan las cuarenta y ocho ciudades; el que mata por accidente y huye a una ciudad de refugio; el vengador de la sangre, ejecutor de la justicia según el parentesco; el sumo sacerdote, cuya muerte pone fin al destierro.
Por qué importa
Las ciudades de refugio son una de las instituciones legales más innovadoras del mundo antiguo: un sistema de santuarios designados que protege al acusado de la ejecución fuera de la ley y a la vez asegura una resolución final. La muerte del sumo sacerdote como mecanismo de liberación une la justicia individual con el sacerdocio nacional de una forma que intérpretes posteriores leyeron en clave cristológica. El principio de exigir varios testigos para condenar entra en la tradición legal judía y, más tarde, en la occidental.
Para cuando sientes...
Para cuando has causado daño sin querer y tienes miedo de las consecuencias. El capítulo dice que hay un lugar para ti, y que la acusación tiene que probarse antes de que ocurra algo irreversible.