Mateo 18Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1EN aquel tiempo se llegaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿ Quién es el mayor en el reino de los cielos?
2Y llamando Jesús a un niño, le puso en medio de ellos,
3Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
4Así que, cualquiera que se humillare como este niño, este es el mayor en el reino de los cielos.
5Y cualquiera que recibiere a un tal niño en mi nombre, a mí recibe.
6Y cualquiera que escandalizare a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar.
7Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos; mas ¡ ay de aquel hombre por el cual viene el escándalo!
8si tu mano o tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo y échalo de ti: mejor te es entrar cojo o manco en la vida, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.
9Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego.
10Mirad no tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos.
11Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.
12Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿ no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, a buscar la que se había descarriado?
13Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquella, que de las noventa y nueve que no se descarriaron.
14Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.
15Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado a tu hermano.
16Mas si no te oyere, toma aún contigo uno o dos, para que en boca de dos o de tres testigos conste toda palabra.
17Y si no oyere a ellos, dilo a la iglesia: y si no oyere a la iglesia, tenle por étnico y publicano.
18De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo.
19Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.
20Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.
21Entonces Pedro, llegándose a él, dijo: Señor, ¿ cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿ hasta siete?
22Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
23Por lo cual, el reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos.
24Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.
25Mas a este, no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y a su mujer e hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase.
26Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
27El señor, movido a misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda.
28Y saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes.
29Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
30Mas él no quiso; sino fue, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda.
31Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon a su señor todo lo que había pasado.
32Entonces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste:
33No te convenía también a ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?
34Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.
35Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano sus ofensas.
Sobre Mateo 18
¿Qué pasa aquí?
Los discípulos preguntan quién es el mayor en el reino. Jesús pone a un niño delante de ellos. El mayor es como un niño; recibir a los niños es recibirlo a él. Luego vienen advertencias sobre hacer tropezar a otros, cortar los miembros que son ocasión de caer, dejar las noventa y nueve por la oveja perdida, y el proceso para confrontar a un hermano que peca. Pedro pregunta cuántas veces perdonar: ¿hasta siete? Jesús dice hasta setenta veces siete. Cuenta la parábola del siervo que no quiso perdonar.
¿La idea principal?
La grandeza en el reino pasa por la pequeñez, y la misma generosidad que Dios tiene con el deudor es el mínimo exigible en el trato de unos con otros.
Una línea para recordar
3: "Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos." No es una metáfora de la sencillez: es un requisito para entrar.
El contexto
Diez mil talentos era una suma astronómica: más que toda la recaudación anual de impuestos de provincias romanas enteras. Cien denarios equivalían a unos tres meses de salario. La desproporción de la parábola es todo el punto. Ninguna ofensa humana contra otro ser humano se acerca a lo que se ha perdonado desde arriba.
¿Quién aparece?
Los discípulos, que compiten por el rango; el niño que Jesús pone en medio; la oveja perdida y el pastor; Pedro, que pregunta por el perdón; el siervo que no perdona, que debe diez mil talentos y no quiere perdonar cien denarios.
Por qué importa
Es el cuarto gran discurso y trata de la vida en comunidad. El pasaje sobre la disciplina en la iglesia (18:15 al 20) es uno de solo dos lugares en los evangelios donde Jesús usa la palabra iglesia. La respuesta de setenta veces siete a Pedro significa, en la práctica, que no hay límite para el perdón dentro de la comunidad.
Para cuando sientes...
Para cuando estás agotado por alguien que te ha vuelto a herir y tratas de calcular cuántas veces más tienes que aguantarlo. La parábola del siervo que no perdona no discute con el cansancio; señala una deuda mayor que ya fue cancelada.