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Malaquías 4
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Malaquías 4Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1PORQUE he aquí, viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama.

2Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud: y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

3Y hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día que yo hago, ha dicho Jehová de los ejércitos.

4Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.

5yo os envío a Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible.

6El convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres: no sea que yo venga, y con destrucción hiera la tierra.

Sobre Malaquías 4

¿Qué pasa aquí?

Seis versículos cierran el Antiguo Testamento. El día de Jehová llega como un horno que consume a los soberbios y a los impíos, pero como un sol naciente que trae salud para los que temen el nombre de Dios. Moisés es invocado por última vez: acordaos de la ley dada en Horeb. Luego se promete a Elías como el precursor que vendrá antes del día grande y terrible, para volver el corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres. Con esa nota, las Escrituras hebreas guardan silencio durante cuatro siglos.

¿La idea principal?

El mismo día que viene y quema a los impíos nace como un sol de sanidad para los fieles. El desenlace depende por completo de hacia dónde estabas orientado antes de que llegara.

Una línea para recordar

2: "Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud: y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada." La imagen de los becerros captura una alegría pura y sin reservas: animales jóvenes que salen del encierro del invierno al campo abierto y corren simplemente porque pueden.

El contexto

Seis versículos. Ese es todo el capítulo final de la Biblia hebrea. El escenario físico es el mismo de las tierras altas de Judea que en el resto de Malaquías, pero el marco temporal se ha extendido hasta el fin de la historia. Malaquías se dirige a una comunidad tan desgastada que algunos han dicho abiertamente que no tiene sentido servir a Dios. No cierra con un programa de reforma institucional sino con un horizonte: viene un día en que toda ambigüedad sobre quién tenía razón quedará resuelta, y la única preparación que importa es la orientación de tu corazón antes de que ese día amanezca.

¿Quién aparece?

Moisés aparece como la norma suprema de la mediación profética, y su pacto en Horeb es el fundamento que el pueblo sigue descuidando. El profeta Elías es el precursor prometido, la figura que el Nuevo Testamento aplica directamente a Juan el Bautista y con quien Jesús lo identifica de manera explícita. Los padres y los hijos representan la fractura entre generaciones que el ministerio de Elías sanará antes de que llegue el juicio.

Por qué importa

A los cuatro versículos del capítulo 4 el Antiguo Testamento prácticamente termina, y el silencio que sigue no es un accidente de la formación del canon sino una declaración teológica inscrita en el propio texto. La promesa de Elías significa que la historia no ha terminado. Algo todavía viene. El Nuevo Testamento retoma el hilo cuatrocientos años después en Mateo 3, donde Juan el Bautista aparece en el desierto haciendo exactamente lo que Malaquías describió. La salud en las alas del Sol de justicia se convierte en una de las imágenes mesiánicas más directas que los escritores del Nuevo Testamento remiten a esta profecía.

Para cuando sientes...

Hay terror y ternura a la vez en este final: un horno que consume y un sol que sana, dos imágenes de la misma realidad que llega, y vivirás una o la otra. Las últimas palabras antes del silencio son una maldición, contenida solo por el precursor que ha de volver.