Jueces 7Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1LEVANTÁNDOSE pues de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, asentaron el campo junto a la fuente de Harod: y tenía el campo de los Madianitas al norte, de la otra parte del collado de More, en el valle.
2Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo dé a los Madianitas en su mano: porque no se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.
3Haz pues ahora pregonar, que lo oiga el pueblo, diciendo: El que teme y se estremece, madrugue y vuélvase desde el monte de Galaad. Y volviéronse de los del pueblo veintidós mil: y quedaron diez mil.
4Y Jehová dijo a Gedeón: Aun es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí yo te los probaré; y del que yo te dijere: Vaya este contigo, vaya contigo: mas de cualquiera que yo te dijere: Este no vaya contigo, el tal no vaya.
5Entonces llevó el pueblo a las aguas: y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, aquel pondrás aparte; asimismo cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber.
6Y fue el número de los que lamieron las aguas, llegándola con la mano a la boca, trescientos hombres: y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas.
7Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los Madianitas en tus manos: y váyase toda la gente cada uno a su lugar.
8Y tomada provisión para el pueblo en sus manos, y sus bocinas, envió a todos los Israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres: y tenía el campo de Madián abajo en el valle.
9Y aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campo; porque yo lo he entregado en tus manos.
10Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campo,
11Y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campo. Y él descendió con Fura su criado al principio de la gente de armas que estaba en el campo.
12estaban tendidos en el valle como langostas en muchedumbre, y sus camellos eran innumerables, como la arena que está a la ribera de la mar en multitud.
13Y luego que llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: que veía un pan de cebada que rodaba hasta el campo de Madián, y llegaba a las tiendas, y las hería de tal manera que caían, y las trastornaba de arriba abajo, y las tiendas caían.
14Y su compañero respondió, y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joas, varón de Israel: Dios ha entregado en sus manos a los Madianitas con todo el campo.
15Y como Gedeón oyó la historia del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campo de Israel, dijo: Levantaos, que Jehová ha entregado el campo de Madián en vuestras manos.
16Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a cada uno de ellos bocinas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros.
17Y díjoles: Miradme a mí, y haced como yo hiciere; he aquí que cuando yo llegare al principio del campo, como yo hiciere, así haréis vosotros.
18Yo tocaré la bocina y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las bocinas alrededor de todo el campo, y diréis: ¡ Por Jehová y Gedeón!
19Llegó pues Gedeón, y los cien hombres que llevaba consigo, al principio del campo, a la entrada de la vela del medio, cuando acababan de renovar las centinelas; y tocaron las bocinas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos:
20Y los tres escuadrones tocaron las bocinas, y quebrando los cántaros tomaron en las manos izquierdas las teas, y en las derechas los cuernos con que tañían, y dieron grita: ¡ La espada de Jehová y de Gedeón!
21Y estuviéronse en sus lugares en derredor del campo: y todo el campo fue alborotado, y huyeron gritando.
22Mas los trescientos tocaban las bocinas: y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campo. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, hacia Cerera, y hasta el término de Abel-mehola en Tabat.
23Y juntándose los de Israel, de Neftalí, y de Aser, y de todo Manasés, siguieron a los Madianitas.
24Gedeón también envió mensajeros a todo el monte de Efraín, diciendo: Descended al encuentro de los Madianitas, y tomadles las aguas hasta Bet-bara y el Jordán. Y juntos todos los hombres de Efraín, tomaron las aguas de Bet-bara y el Jordán.
25Y tomaron dos príncipes de los Madianitas, Oreb y Zeeb: y mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb: y después que siguieron a los Madianitas, trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Gedeón de la otra parte del Jordán.
Sobre Jueces 7
¿Qué pasa aquí?
Dios le dice a Gedeón que su ejército de treinta y dos mil es demasiado grande; una victoria en esas condiciones produciría orgullo, no fe. El ejército se reduce a diez mil, y luego a trescientos mediante una prueba al beber agua. Dios envía a Gedeón a escuchar la interpretación del sueño de un madianita como confirmación final. Esa noche, los trescientos hombres de Gedeón rodean el campamento con antorchas escondidas en cántaros de barro y bocinas, gritan, quiebran los cántaros y tocan las bocinas. El campamento madianita estalla en caos y se derrumba.
¿La idea principal?
Dios reduce a propósito el ejército a un número que hace imposible el orgullo humano, para que la victoria sea, sin lugar a dudas, suya.
Una línea para recordar
2: "Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo dé a los Madianitas en su mano: porque no se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado." La aritmética de la fe va en sentido contrario a la aritmética de la guerra.
El contexto
El valle de Jezreel hacia el 1175 a. C., con las fuerzas de Madián y Amalec acampadas en una masa tan grande que parece un enjambre de langostas. Trescientos hombres en las colinas de alrededor, cada uno con una antorcha y una bocina. A la señal quiebran los cántaros. El fuego aparece a la vez en cada cresta. El campamento adormilado no tiene idea de que lo rodean trescientos hombres y no miles.
¿Quién aparece?
Gedeón, obediente por fin; los trescientos que lamieron el agua como perros; el soldado madianita cuyo sueño del pan de cebada aterra al campamento; las multitudes sin nombre enviadas a casa antes de la batalla.
Por qué importa
La estrategia de la batalla es irracional según cualquier criterio militar. Ningún comandante envía trescientos hombres contra un ejército descrito como langostas en número, usando antorchas y ruido como armas principales. El capítulo obliga al lector a quedarse con la extrañeza, porque el punto es justamente que la lógica militar normal no aplica aquí.
Para cuando sientes...
Para cuando los recursos que tienes son ridículamente insuficientes para la tarea. Gedeón no recibe más hombres. Recibe un sueño escuchado en la oscuridad, y eso tiene que bastar.