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Josué 10
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Josué 10Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1Y COMO Adonisedec rey de Jerusalem oyó que Josué había tomado a Hai, y que la había asolado, ( como había hecho a Jericó y a su rey, así hizo a Hai y a su rey;) y que los moradores de Gabaón habían hecho paz con los Israelitas, y que estaban entre ellos;

2Tuvieron muy gran temor; porque Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y mayor que Hai, y todos sus hombres fuertes.

3Envió pues a decir Adonisedec rey de Jerusalem, a Oham rey de Hebrón, y a Piream rey de Jerimot, y a Jafía rey de Laquis, y a Debir rey de Eglón:

4Subid a mí, y ayudadme, y combatamos a Gabaón: porque ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel.

5Y cinco reyes de los Amorreos, el rey de Jerusalem, el rey de Hebrón, el rey de Jerimot, el rey de Laquis, el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus ejércitos, y asentaron campo sobre Gabaón, y pelearon contra ella.

6Y los moradores de Gabaón enviaron a decir a Josué al campo en Gilgal: No encojas tus manos de tus siervos; sube prestamente a nosotros para guardarnos y ayudarnos: porque todos los reyes de los Amorreos que habitan en las montañas, se han juntado contra nosotros.

7Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes.

8Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos: porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos parará delante de ti.

9Y Josué vino a ellos de repente, toda la noche subió desde Gilgal.

10Y Jehová los turbó delante de Israel, e hiriólos con gran mortandad en Gabaón: y siguiólos por el camino que sube a Bet-horón, e hiriólos hasta Azeca y Maceda.

11Y como iban huyendo de los Israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová echó sobre ellos del cielo grandes piedras hasta Azeca, y murieron: muchos más murieron de las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel habían muerto a cuchillo.

12Entonces Josué habló a Jehová el día que Jehová entregó al Amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los Israelitas: Sol, detente en Gabaón; y tú, Luna, en el valle de Ajalón.

13Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta tanto que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿ No está aquesto escrito en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero.

14Y nunca fue tal día antes ni después de aquel, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre: porque Jehová peleaba por Israel.

15Y Josué, y todo Israel con él, volvíase al campo en Gilgal.

16Pero los cinco reyes huyeron, y se escondieron en una cueva en Maceda.

17Y fue dicho a Josué que los cinco reyes habían sido hallados en una cueva en Maceda.

18Entonces Josué dijo: Rodad grandes piedras a la boca de la cueva, y poned hombres junto a ella que los guarden;

19Y vosotros no os paréis, sino seguid a vuestros enemigos, y heridles la retaguardia, sin dejarles entrar en sus ciudades; porque Jehová vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano.

20Y aconteció que como Josué y los hijos de Israel hubieron acabado de herirlos con mortandad muy grande, hasta destruirlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fuertes.

21Y todo el pueblo se volvió salvo al campo a Josué en Maceda; que no hubo quien moviese su lengua contra los hijos de Israel.

22Entonces dijo Josué: Abrid la boca de la cueva, y sacadme de ella a estos cinco reyes.

23E hiciéronlo así, y sacáronle de la cueva aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalem, al rey de Hebrón, al rey de Jerimot, al rey de Laquis, al rey de Eglón.

24Y cuando hubieron sacado estos reyes a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Llegad y poned vuestros pies sobre los pescuezos de aquestos reyes. Y ellos se llegaron, y pusieron sus pies sobre los pescuezos de ellos.

25Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis; sed fuertes y valientes: porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis.

26Y después de esto Josué los hirió y los mató, e hízolos colgar en cinco maderos: y quedaron colgados en los maderos hasta la tarde.

27Y cuando el sol se iba a poner, mandó Josué que los quitasen de los maderos, y los echasen en la cueva donde se habían escondido: y pusieron grandes piedras a la boca de la cueva, hasta hoy.

28En aquel mismo día tomó Josué a Maceda, y la puso a cuchillo, y mató a su rey; a ellos y a todo lo que en ella tenía vida, sin quedar nada: mas al rey de Maceda hizo como había hecho al rey de Jericó.

29Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, a Libna; y peleó contra Libna:

30Y Jehová la entregó también a ella, y a su rey, en manos de Israel; y metióla a filo de espada, con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada: mas a su rey hizo de la manera que había hecho al rey de Jericó.

31Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis, y puso campo contra ella, y combatióla:

32Y Jehová entregó a Laquis en mano de Israel, y tomóla al día siguiente, y metióla a cuchillo, con todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Libna.

33Entonces Horam, rey de Gezer, subió en ayuda de Laquis; mas a él y a su pueblo hirió Josué, hasta no quedar ninguno de ellos.

34De Laquis pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón: y pusieron campo contra ella, y combatiéronla:

35Y la tomaron el mismo día, y metiéronla a cuchillo; y aquel día mató a todo lo que en ella había vivo, como había hecho en Laquis.

36Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y combatiéronla;

37Y tomándola, la metieron a cuchillo, a su rey y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella había vivo, sin quedar nada: como habían hecho a Eglón, así la destruyeron con todo lo que en ella había vivo.

38Y volviéndose Josué, y todo Israel con él, sobre Debir, combatióla;

39Y tomóla, y a su rey, y a todas sus villas; y metiéronlos a cuchillo, y destruyeron todo lo que allí dentro había vivo, sin quedar nada: como había hecho a Hebrón, así hizo a Debir y a su rey; y como había hecho a Libna y a su rey.

40Hirió pues Josué toda la región de las montañas, y del mediodía, y de los llanos, y de las cuestas, y a todos sus reyes, sin quedar nada; todo lo que tenía vida mató, al modo que Jehová Dios de Israel lo había mandado.

41E hiriólos Josué desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosén hasta Gabaón.

42Todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel.

43Y tornóse Josué, y todo Israel con él, al campo en Gilgal.

Sobre Josué 10

¿Qué pasa aquí?

Cinco reyes amorreos atacan Gabaón porque hizo paz con Israel. Josué corre en defensa de Gabaón, Dios envía piedras de granizo que matan a más enemigos que las espadas israelitas, y Josué ora para que el sol se detenga. Se detiene, durante casi un día entero. Los cinco reyes se esconden en una cueva, son capturados, ejecutados públicamente, y la campaña del sur continúa por seis ciudades más.

¿La idea principal?

Cuando Dios pelea por su pueblo, la batalla está terminada antes de empezar. El sol detenido no es una curiosidad; es la naturaleza de esta guerra hecha visible.

Una línea para recordar

14: "Y nunca fue tal día antes ni después de aquel, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre: porque Jehová peleaba por Israel." El propio texto subraya lo único del suceso: es irrepetible.

El contexto

El valle de Ajalón y la bajada de Beth-horón, en el centro de Judá, 1405 a. C. La coalición de los cinco reyes se concentra contra Gabaón de noche. El ejército de Josué marcha en la oscuridad desde Gilgal y llega a Gabaón al alba tras subir toda la noche por la serranía. El ataque por sorpresa se vuelve desbandada, y los amorreos en fuga se amontonan en la estrecha bajada hacia Ajalón. Piedras de granizo del tamaño de un puño golpean el camino. Josué mira el sol todavía bajo y calcula que no queda luz suficiente para terminar la obra. Ora, y el sol se queda.

¿Quién aparece?

Josué, que ora en voz alta para que el cielo se detenga; Adonisedec rey de Jerusalem, que organiza la coalición; los cuatro reyes aliados: Oham de Hebrón, Piream de Jerimot, Jafía de Lachis y Debir de Eglón; los gabaonitas, que desencadenan todo el enfrentamiento por su tratado anterior; Dios, que hace llover granizo y luego detiene el sol.

Por qué importa

El sol detenido es uno de los versículos más debatidos de la Biblia y una de las afirmaciones más extraordinarias de toda la literatura del antiguo Cercano Oriente. El texto cita el libro de Jaser como corroboración. Se entienda como un suceso astronómico literal, como una luz prolongada por refracción atmosférica o como hipérbole poética, el punto del relato es el mismo: el tiempo mismo se dobla al propósito de Dios cuando su pueblo está en el campo. La coalición del sur queda deshecha en un solo enfrentamiento.

Para cuando sientes...

El capítulo avanza a toda carrera: marcha nocturna desde Gilgal, combate repentino al alba, granizo cayendo sobre un ejército en fuga, y luego una oración tan audaz que detiene el sol. Josué de pie en el campo pidiéndole a Dios que sostenga el cielo en su lugar es uno de los momentos más atrevidos de la Biblia.