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Job 37
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Job 37Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1A ESTO también se espanta mi corazón, y salta de su lugar.

2Oid atentamente su voz terrible, y el sonido que sale de su boca.

3Debajo de todos los cielos lo dirige, y su luz hasta los fines de la tierra.

4Después de ella bramará el sonido, tronará él con la voz de su magnificencia; y aunque sea oída su voz, no los detiene.

5Tronará Dios maravillosamente con su voz; él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.

6Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra; también a la llovizna, y a los aguaceros de su fortaleza.

7Así hace retirarse a todo hombre, para que los hombres todos reconozcan su obra.

8La bestia se entrará en su escondrijo, y estaráse en sus moradas.

9Del mediodía viene el torbellino, y el frío de los vientos del norte.

10Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas son constreñidas.

11Regando también llega a disipar la densa nube, y con su luz esparce la niebla.

12Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor, para hacer sobre la haz del mundo, en la tierra, lo que él les mandara.

13Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, otras por misericordia las hará parecer.

14Escucha esto, Job; repósate, y considera las maravillas de Dios.

15Supiste tú cuándo Dios las ponía en concierto, y hacía levantar la luz de su nube?

16Has tú conocido las diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?

17Por qué están calientes tus vestidos cuando se fija el viento del mediodía sobre la tierra?

18Extendiste tú con él los cielos, firmes como un espejo sólido?

19Muéstranos qué le hemos de decir; porque nosotros no podemos componer las ideas a causa de las tinieblas.

20Será preciso contarle cuando yo hablaré? Por más que el hombre razone, quedará como abismado.

21no se puede mirar la luz esplendente en los cielos, luego que pasa el viento y los limpia,

22Viniendo de la parte del norte la dorada claridad. En Dios hay una majestad terrible.

23es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en potencia; y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.

24Temerlo han por tanto los hombres: él no mira a los sabios de corazón.

Sobre Job 37

¿Qué pasa aquí?

Eliú pronuncia un poema de tormenta: la voz de Dios truena, la nieve y la lluvia vienen a su mandato, los animales se esconden, del sur viene el esplendor dorado. Dios viene con majestad imponente. ¿Puedes entender cómo hace Dios todo esto? ¿Puedes extender los cielos? Detente y considera las maravillas de Dios. Dios es grande en poder y en justicia; no responderá a los que se creen sabios.

¿La idea principal?

El último discurso de Eliú termina con una invitación a dejarse sobrecoger por el poder de Dios en la naturaleza, señalando hacia el torbellino que está a punto de comenzar.

Una línea para recordar

22: "Viniendo de la parte del norte la dorada claridad. En Dios hay una majestad terrible." La frase que cierra el monólogo de Eliú y abre el cielo para el discurso divino. La majestad es real. Lo que Dios dirá desde ella será distinto de lo que Eliú esperaba.

El contexto

Las tormentas en el antiguo Cercano Oriente, sobre todo las tormentas estacionales del Levante, eran la experiencia natural más directa del poder divino que tenía la gente antigua. El sonido del trueno era la voz de Dios. Eliú se sitúa en una tradición que viene desde el Sinaí y sigue en los Salmos de la teofanía en la tormenta.

¿Quién aparece?

Eliú solo, dirigiéndose a Job y llamándolo a prestar atención al testimonio que el mundo natural da de la grandeza de Dios. Su discurso termina y Dios habla en el versículo siguiente.

Por qué importa

La poesía de la creación de Eliú anticipa tan de cerca el discurso divino que algunos estudiosos creen que fue añadido al libro como introducción literaria a los capítulos 38 al 41. Otros lo ven como una voz separada e independiente. En cualquier caso, su último capítulo acorta la distancia entre el habla humana y el habla divina.

Para cuando sientes...

Hay algo que humilla en el paso de la discusión al clima. Todo el debate sobre la justicia, el sufrimiento y la retribución, y entonces llega una tormenta y lo cambia todo. Eliú la señala antes de que empiece.