Isaías 57Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1PERECE el justo, y no hay quien pare mientes; y los píos son recogidos, y no hay quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo.
2Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.
3Mas vosotros llegaos acá, hijos de la agorera, generación de adúltero y de fornicaria.
4De quién os habéis mofado? ¿ contra quién ensanchasteis la boca, y alargasteis la lengua? ¿ No sois vosotros hijos rebeldes, simiente mentirosa,
5Que os enfervorizáis con los ídolos debajo de todo árbol umbroso, que sacrificáis los hijos en los valles, debajo de los peñascos?
6En las pulimentadas piedras del valle está tu parte; ellas, ellas son tu suerte; y a ellas derramaste libación, y ofreciste presente. ¿ No me tengo de vengar de estas cosas?
7Sobre el monte alto y empinado pusiste tu cama: allí también subiste a hacer sacrificio.
8Y tras la puerta y el umbral pusiste tu recuerdo: porque a otro que a mí te descubriste, y subiste, y ensanchaste tu cama, e hiciste con ellos alianza: amaste su cama donde quiera que la veías.
9Y fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus perfumes, y enviaste tus embajadores lejos, y te abatiste hasta el profundo.
10En la multitud de tus caminos te cansaste, mas no dijiste: No hay remedio; hallaste la vida de tu mano, por tanto no te arrepentiste.
11Y de quién te asustaste y temiste, que has faltado a la fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿ No he yo disimulado desde tiempos antiguos, y nunca me has temido?
12Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán.
13líbrente tus allegados; empero a todos ellos llevará el viento, un soplo los arrebatará; mas el que en mí espera, tendrá la tierra por heredad, y poseerá el monte de mi santidad.
14Y dirá: Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo.
15Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.
16Porque no tengo de contender para siempre, ni para siempre me he de enojar: pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he criado.
17Por la iniquidad de su codicia me enojé y heríle, escondí mi rostro y ensañéme; y fue él rebelde por el camino de su corazón.
18Visto he sus caminos, y le sanaré, y le pastorearé, y daréle consolaciones, a él y a sus enlutados.
19Crío fruto de labios: Paz, paz al lejano y al cercano, dijo Jehová; y sanarélo.
20Mas los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta, y sus aguas arrojan cieno y lodo.
21No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.
Sobre Isaías 57
¿Qué pasa aquí?
Los justos perecen y nadie lo nota. Entran en paz. Mientras tanto, Israel comete adulterio espiritual sobre todo collado alto, sacrifica niños en los valles y amontona ofrendas perfumadas para dioses extraños. Dios lo pondrá todo al descubierto. Luego: habito con el quebrantado y humilde de espíritu. Haré vivir a los humildes. No hay paz para los impíos.
¿La idea principal?
Dios deja pasar la muerte de los justos porque ellos entran en paz, pero no deja pasar la proliferación de la idolatría. Al mismo tiempo condena y promete descanso a los quebrantados.
Una línea para recordar
15: "Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes" La paradoja del Dios alto que habita con el espíritu abatido es el centro teológico del capítulo.
El contexto
Jerusalén después del exilio, donde el culto sincretista ha revivido junto a la práctica oficial del templo. El capítulo hace un inventario de lugares: collados altos, árboles frondosos, hendiduras de los valles, detrás de las puertas, la cama. Las prácticas son íntimas y ocultas. Dios las conoce por completo. Y en medio de la acusación, un giro repentino hacia el Dios de la eternidad que habita en un corazón quebrantado.
¿Quién aparece?
Los justos que mueren sin que nadie lo note. Israel, acusado de prostitución espiritual y sacrificio de niños. El Alto y Sublime que habita la eternidad. El espíritu quebrantado y humilde que recibe la presencia de Dios. Los impíos, como el mar en tempestad, que no tienen paz.
Por qué importa
El versículo del quebrantado y humilde (v. 15) es un texto central para entender cómo conviven la santidad y la misericordia en la teología de Isaías. Jesús invierte la imagen del mar en tempestad al ofrecer descanso a los trabajados y cargados (Mateo 11:28 y 29). Las acusaciones de sacrificio de niños hacen explícito lo que otros oráculos nombran de manera velada.
Para cuando sientes...
Para cuando te sientes pasado por alto, apagándote en silencio mientras gente peor prospera. El capítulo dice que la muerte del justo es en realidad protección, una entrada en la paz antes de la tormenta que viene.