Hebreos 12Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta,
2Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono de Dios.
3Reducid pues a vuestro pensamiento a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando.
4Que aun no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado:
5Y estáis ya olvidados de la exhortación que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de él reprendido.
6Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo.
7Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como a hijos; porque ¿ qué hijo es aquel a quien el padre no castiga?
8Mas si estáis fuera del castigo, del cual todos han sido hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos.
9Por otra parte, tuvimos por castigadores a los padres de nuestra carne, y los reverenciábamos, ¿ por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
10Y aquellos, a la verdad, por pocos días nos castigaban como a ellos les parecía, mas este para lo que nos es provechoso, para que recibamos su santificación.
11Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia a los que en él son ejercitados.
12Por lo cual alzad las manos caídas y las rodillas paralizadas;
13Y haced derechos pasos a vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino, antes sea sanado.
14Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor:
15Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados;
16Que ninguno sea fornicario, o profano, como Esaú, que por una vianda vendió su primogenitura.
17Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue reprobado ( que no halló lugar de arrepentimiento ), aunque la procuró con lágrimas.
18Porque no os habéis llegado al monte que se podía tocar, y al fuego encendido, y al turbión, y a la oscuridad, y a la tempestad,
19Y al sonido de la trompeta, y a la voz de las palabras, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más;
20Porque no podían tolerar lo que se mandaba: Si bestia tocare al monte, será apedreada, o pasada con dardo.
21Y tan terrible cosa era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy asombrado y temblando.
22Mas os habéis llegado al monte de Sión, y a la ciudad del Dios vivo, Jerusalem la celestial, y a la compañía de muchos millares de ángeles,
23Y a la congregación de los primogénitos que están alistados en los cielos, y a Dios el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos,
24Y a Jesús el Mediador del nuevo testamento, y a la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel.
25Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla de los cielos.
26La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo.
27Y esta palabra, Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas hechas, para que queden las cosas que son firmes.
28Así que, tomando el reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;
29Porque nuestro Dios es fuego consumidor.
Sobre Hebreos 12
¿Qué pasa aquí?
Los testigos del capítulo 11 se convierten en la nube que rodea la carrera presente. Despójate de todo peso y del pecado que tan fácilmente te enreda. Corre con paciencia. Pon los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, que por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz. Considéralo, para que no te canses. La disciplina de Dios es evidencia de que eres hijo, dolorosa en el momento pero que después da fruto apacible. Luego el capítulo contrasta el terror del monte Sinaí con la bienvenida del monte Sion: los lectores no se han acercado al fuego y la oscuridad, sino a la ciudad del Dios vivo, a la congregación de los primogénitos y a Jesús el Mediador. Una última advertencia cierra: no desechéis al que habla desde los cielos.
¿La idea principal?
La carrera se corre con paciencia fijando la mirada en Jesús y no en las circunstancias, y las dificultades del camino son el entrenamiento del Padre, no su rechazo.
Una línea para recordar
2: "Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono de Dios." El medio para perseverar no es la fuerza de voluntad sino la atención sostenida en aquel que corrió la carrera antes que tú y la terminó.
El contexto
Un creyente que ha estado vacilando, viendo a sus amigos volver a la sinagoga para escapar de la presión social, oye el contraste entre Sinaí y Sion. Un monte era intocable, rodeado de fuego, tan aterrador que hasta el mediador temblaba de miedo. El otro es una ciudad de puertas abiertas, una asamblea gozosa, un Mediador con una sangre que habla mejor que la de Abel. El contraste no es sutil. El autor pregunta: ¿cuál de estos cambiarías por comodidad social?
¿Quién aparece?
Jesús como pionero y consumador de la fe a la vez, el corredor que terminó la carrera. Esaú como figura de advertencia: un hombre que cambió todo su futuro por una sola comida y descubrió después que el cambio no tenía vuelta atrás. Moisés, temblando de miedo en el Sinaí, en contraste con la bienvenida de Sion.
Por qué importa
El capítulo 12 es la culminación pastoral de todo lo anterior. La teología de los capítulos 1 al 10 y los ejemplos del capítulo 11 convergen aquí: tienes lo que necesitas para correr. La sección sobre la disciplina da un nuevo marco al sufrimiento actual de los lectores. No están siendo castigados; están siendo entrenados por un padre que disciplina a los hijos que recibe. El contraste entre Sinaí y Sion responde a qué significa volver a la adoración judía: significa cambiar la ciudad del Dios vivo por un monte que aterró incluso a Moisés.
Para cuando sientes...
El versículo 11 nombra la experiencia con honestidad: ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza. El autor no exige que los lectores se sientan bien con lo que es duro. Solo les pide que confíen en el después: el fruto apacible de justicia que llega a los que en él son ejercitados.