Hageo 1Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1EN el año segundo del rey Darío en el mes sexto, en el primer día del mes, fue palabra de Jehová, por mano del profeta Hageo, a Zorobabel hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, diciendo:
2Jehová de los ejércitos habla así, diciendo: Este pueblo dice: No es aún venido el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada.
3Fue pues palabra de Jehová por mano del profeta Hageo, diciendo:
4Es para vosotros tiempo, para vosotros, de morar en vuestras casas enmaderadas, y esta casa está desierta?
5Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pensad bien sobre vuestros caminos.
6Sembráis mucho, y encerráis poco; coméis, y no os hartáis; bebéis, y no os saciáis; os vestís, y no os calentáis; y el que anda a jornal recibe su jornal en trapo horadado.
7Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.
8Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré honrado, ha dicho Jehová.
9Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y soplo en ello. ¿ Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa.
10Por eso se detuvo de los cielos sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos.
11Y llamé la sequedad sobre esta tierra, y sobre los montes, y sobre el trigo, y sobre el vino, y sobre el aceite, y sobre todo lo que la tierra produce, y sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos.
12Y oyó Zorobabel hijo de Sealtiel, y Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, y todo el demás pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como lo había enviado Jehová el Dios de ellos; y temió el pueblo delante de Jehová.
13Entonces Hageo, enviado de Jehová, habló por mandado de Jehová, al pueblo, diciendo: Yo soy con vosotros, dice Jehová.
14Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, gran sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron e hicieron obra en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios,
15En el día veinte y cuatro del mes sexto, en el segundo año del rey Darío.
Sobre Hageo 1
¿Qué pasa aquí?
En el año 520 a.C., Dios habla por medio de Hageo al gobernador Zorobabel y al sumo sacerdote Josué. El pueblo ha estado diciendo que no es el momento de reedificar el templo, pero ya construyó sus propias casas artesonadas. Dios relaciona directamente sus cosechas fallidas y su sequía económica con el abandono de su casa. Ellos escuchan, temen a Dios y comienzan la obra en menos de tres semanas.
¿La idea principal?
Las prioridades fuera de lugar vacían todo por dentro. Cuando la casa de Dios está en ruinas mientras tú construyes la tuya, espera que la tierra misma deje de colaborar.
Una línea para recordar
9: "Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y soplo en ello." Dios se nombra a sí mismo como el origen de la sequía, dejando claro que la escasez no es mala suerte sino una respuesta directa a las prioridades fuera de lugar.
El contexto
Finales del verano en Jerusalén, el sexto mes, tiempo de cosecha. Familias en sus casas terminadas, con los techos sellados contra el mal tiempo. El monte del templo sigue siendo escombros y muros a medio levantar, dieciocho años de inercia. Hageo se pone de pie y relaciona la cosecha escasa, las lluvias irregulares, los salarios que nunca alcanzan, todo, con la casa en ruinas sobre el monte. Veintitrés días después, toman las herramientas.
¿Quién aparece?
Hageo, el profeta que entrega cuatro oráculos fechados. Zorobabel, el gobernador y heredero del linaje de David. Josué hijo de Josadac, el sumo sacerdote. Los exiliados que regresaron, todavía construyendo sus propias casas cómodas dieciocho años después de volver.
Por qué importa
Hageo es uno de solo dos profetas posteriores al exilio cuyo ministerio puede fecharse hasta el día exacto. A su intervención se atribuye directamente la reanudación de la construcción del templo, detenida desde Esdras 4. El capítulo 1 marca el patrón de todo el libro: examina tus prioridades, relaciona la causa con la consecuencia, y luego actúa.
Para cuando sientes...
Duele de verdad que te muestren que tu comodidad te costó más de lo que te dio. El pueblo no discute; teme y obedece, y ese paso de la convicción a la acción trae su propio tipo de alivio.