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Génesis 18
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Génesis 18Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1Y APARECIÓLE Jehová en el valle de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día.

2Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él: y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, e inclinóse hacia la tierra,

3Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, ruégote que no pases de tu siervo.

4Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol,

5Y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; después pasaréis: porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.

6Entonces Abraham fue de priesa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo.

7Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo al mozo, y dióse este priesa a aderezarlo.

8Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsolo delante de ellos; y él estaba junto a ellos debajo del árbol; y comieron.

9Y le dijeron: ¿ Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda.

10Entonces dijo: De cierto volveré a ti según el tiempo de la vida, y he aquí, tendrá un hijo Sara tu mujer. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.

11Y Abraham y Sara eran viejos, entrados en días: a Sara había cesado ya la costumbre de las mujeres.

12Rióse, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿ Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?

13Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿ Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de parir siendo ya vieja?

14Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo.

15Entonces Sara negó diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.

16Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma: y Abraham iba con ellos acompañándolos.

17Y Jehová dijo: ¿ Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,

18Habiendo de ser Abraham en una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las gentes de la tierra?

19Porque yo lo he conocido, sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.

20Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,

21Descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, saberlo he.

22Y apartáronse de allí los varones, y fueron hacia Sodoma: mas Abraham estaba aún delante de Jehová.

23Y acercóse Abraham y dijo: ¿ Destruirás también al justo con el impío?

24Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿ destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que estén dentro de él?

25Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿ no ha de hacer lo que es justo?

26Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor de ellos.

27Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza:

28Quizá faltarán de cincuenta justos cinco: ¿ destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.

29Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta.

30Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.

31Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor de los veinte.

32Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor de los diez.

33Y fuése Jehová, luego que acabó de hablar a Abraham: y Abraham se volvió a su lugar.

Sobre Génesis 18

¿Qué pasa aquí?

Tres visitantes aparecen junto a la tienda de Abraham en el calor del día. Él se apresura a darles un banquete. Uno anuncia que Sara tendrá un hijo dentro de un año. Sara, que escucha a la puerta de la tienda, se ríe. Dios la oye y pregunta por qué. Los visitantes se dirigen hacia Sodoma. Dios le revela a Abraham que Sodoma será destruida. Abraham regatea el umbral de la misericordia: de 50 justos a 10. Dios acepta cada petición.

¿La idea principal?

Dios confía lo suficiente en Abraham como para contarle sus planes, y Abraham se atreve a replicar en favor de los inocentes, lo que nos enseña que la oración puede parecerse a una discusión.

Una línea para recordar

25: "Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿ no ha de hacer lo que es justo?" Abraham apela al propio carácter de Dios como fundamento de su petición.

El contexto

Abraham está sentado a la puerta de su tienda en el calor del mediodía, la peor hora para viajar en el Cercano Oriente. La hospitalidad que muestra, correr al encuentro de unos desconocidos, matar un becerro, hornear pan fresco, quedarse de pie mientras comen, es el modelo de acogida generosa en esa cultura. Lo que parece hospitalidad común se vuelve un encuentro con lo divino.

¿Quién aparece?

Abraham, el anfitrión y el intercesor; Sara, que se ríe a escondidas y luego lo niega; los tres visitantes, que resultan ser mensajeros divinos.

Por qué importa

La escena del regateo es una de las más notables de la Escritura: un ser humano que replica ante el juicio anunciado por Dios, y un Dios que entra en el argumento. Se convierte en modelo de la oración de intercesión. La pregunta "El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?" llega a ser una de las afirmaciones fundamentales sobre la justicia divina.

Para cuando sientes...

Para cuando llevas ante Dios la situación de otra persona y no sabes hasta dónde puedes insistir. Abraham sigue pidiendo hasta que no le queda nada que pedir. El texto honra esa postura.