Ezequiel 22Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y FUE a mí palabra de Jehová, diciendo:
2Y tú, hijo del hombre, ¿ no juzgarás tú, no juzgarás tú a la ciudad derramadora de sangre, y le mostrarás todas sus abominaciones?
3Dirás, pues: Así ha dicho el Señor Jehová: ¡ Ciudad derramadora de sangre en medio de sí, para que venga su hora, y que hizo ídolos contra sí misma para contaminarse!
4En tu sangre que derramaste has pecado, y te has contaminado en tus ídolos que hiciste; y has hecho acercar tus días, y has llegado a tus años: por tanto te he dado en oprobio a las gentes, y en escarnio a todas las tierras.
5Las que están cerca, y las que están lejos de ti, se reirán de ti, amancillada de fama, y de grande turbación.
6He aquí que los príncipes de Israel, cada uno según su poder, fueron en ti para derramar sangre.
7Al padre y a la madre despreciaron en ti: al extranjero trataron con calumnia en medio de ti: al huérfano y a la viuda despojaron en ti.
8Mis santuarios menospreciaste, y mis sábados has profanado.
9Calumniadores hubo en ti para derramar sangre; y sobre los montes comieron en ti: hicieron en medio de ti suciedades.
10La desnudez del padre descubrieron en ti; la inmunda de menstruo forzaron en ti.
11Y cada uno hizo abominación con la mujer de su prójimo; y cada uno contaminó su nuera torpemente; y cada uno forzó en ti a su hermana, hija de su padre.
12Precio recibieron en ti para derramar sangre; usura y logro tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia: olvidástete de mí, dice el Señor Jehová.
13Y he aquí, que herí mi mano a causa de tu avaricia que cometiste, y a causa de tus sangres que fueron en medio de ti.
14Estará firme tu corazón? ¿ tus manos serán fuertes en los días que obraré yo contra ti? Yo Jehová he hablado, y harélo.
15Y yo te esparciré por las gentes, y te aventaré por las tierras; y haré fenecer de ti tu inmundicia.
16Y tomarás heredad en ti a los ojos de las gentes; y sabrás que yo soy Jehová.
17Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo:
18Hijo del hombre, la casa de Israel se me ha tornado en escoria: todos ellos son metal, y estaño, y hierro, y plomo, en medio del horno; escorias de plata se tornaron.
19Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto todos vosotros os habéis tornado en escorias, por tanto, he aquí que yo os junto en medio de Jerusalem.
20Como quien junta plata y metal y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundir; así os juntaré en mi furor y en mi ira, y haré reposar, y os fundiré.
21Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos.
22Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.
23Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo:
24Hijo del hombre, di a ella: Tú no eres tierra limpia, ni rociada con lluvia en el día del furor.
25La conjuración de sus profetas en medio de ella, como león bramando que arrebata presa: devoraron almas, tomaron haciendas y honra, aumentaron sus viudas en medio de ella.
26Sus sacerdotes violentaron mi ley, y contaminaron mis santuarios: entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis sábados escondieron sus ojos, y yo era profanado en medio de ellos.
27Sus príncipes en medio de ella como lobos que arrebataban presa, derramando sangre, para destruir las almas, para pábulo de su avaricia.
28Y sus profetas revocaban con lodo suelto, profetizándoles vanidad, y adivinándoles mentira, diciendo: Así ha dicho el Señor Jehová; y Jehová no había hablado.
29El pueblo de la tierra usaba de opresión, y cometía robo, y al afligido y menesteroso hacían violencia, y al extranjero oprimían sin derecho.
30Y busqué de ellos hombre que hiciese vallado, y que se pusiese al portillo delante de mí por la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.
31Por tanto derramé sobre ellos mi ira; con el fuego de mi ira los consumí: torné el camino de ellos sobre su cabeza, dice el Señor Jehová.
Sobre Ezequiel 22
¿Qué pasa aquí?
Dios enumera los pecados de Jerusalén: derramamiento de sangre, idolatría, deshonra a los padres, opresión del extranjero, el huérfano y la viuda, pecado sexual, soborno, cobro de intereses al pobre. Príncipes, sacerdotes, profetas y gente común son todos culpables. La ciudad es como la escoria sin valor que queda después de fundir el metal. Dios buscó a alguien que se pusiera en la brecha y no encontró a nadie. Por eso cae todo el fuego del juicio.
¿La idea principal?
La corrupción sistémica no es culpa de una sola persona: cuando príncipes, sacerdotes, profetas y gente común participan todos en la opresión, no queda ninguna estructura moral que contenga el derrumbe.
Una línea para recordar
30: "Y busqué de ellos hombre que hiciese vallado, y que se pusiese al portillo delante de mí por la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé." Falta quien se ponga en la brecha, y por eso llega el fuego.
El contexto
Hacia 591 a. C., Ezequiel acusa de forma sistemática a cada estrato social de Jerusalén, de arriba abajo. La lista de pecados se lee como una versión concentrada de la ley social de Levítico y Deuteronomio, pero al revés: cada mandato que protegía al vulnerable ha sido violado.
¿Quién aparece?
Los príncipes, sacerdotes, profetas y gente común de Jerusalén, cada clase acusada a su turno; Jehová, que busca a una sola persona justa; el pueblo vendido a la opresión.
Por qué importa
La imagen de ponerse en la brecha se convirtió en un texto clave para la oración de intercesión y la valentía profética en las tradiciones judía y cristiana. La ironía trágica es que aquí se presenta a Ezequiel mismo como alguien que cumplió ese papel: profetizó, lloró e intercedió. Pero la oración no fue respondida con liberación, solo con testimonio.
Para cuando sientes...
Para cuando una institución o una comunidad que quieres se ha podrido de arriba abajo y quienes debían levantarse no lo hicieron. El dolor del versículo 30 es real: Dios estaba buscando. Dios siguió buscando. Nadie vino.