Deuteronomio 32Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1ESCUCHAD, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca.
2Goteará como la lluvia mi doctrina; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba:
3Porque el nombre de Jehová invocaré: engrandeced a nuestro Dios.
4El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud: Dios de verdad, y ninguna iniquidad en él: es justo y recto.
5La corrupción no es suya: a sus hijos la mancha de ellos, generación torcida y perversa.
6Así pagáis a Jehová, pueblo loco e ignorante? ¿ no es él tu padre que te poseyó? él te hizo y te ha organizado.
7Acuérdate de los tiempos antiguos; considerad los años de generación y generación: pregunta a tu padre, que él te declarará; a tus viejos, y ellos te dirán.
8Cuando el Altísimo hizo heredar a las gentes, cuando hizo dividir los hijos de los hombres, estableció los términos de los pueblos según el número de los hijos de Israel.
9Porque la parte de Jehová es su pueblo; Jacob la cuerda de su heredad.
10Hallólo en tierra de desierto, y en desierto horrible y yermo; trájolo alrededor, instruyólo, guardólo como la niña de su ojo.
11Como el águila despierta su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas:
12Jehová solo le guió, que no hubo con él dios ajeno.
13Hízolo subir sobre las alturas de la tierra, y comió los frutos del campo, e hizo que chupase miel de la peña, y aceite del duro pedernal;
14Manteca de vacas y leche de ovejas, con grosura de corderos, y carneros de Basán; también machos de cabrío, con grosura de riñones de trigo: y sangre de uva bebiste, vino puro.
15Y engrosó Jesurún, y tiró coces: engordástete, engrosástete, cubrístete: y dejó al Dios que le hizo, y menospreció la Roca de su salud.
16Despertáronle a celos con los dioses ajenos; ensañáronle con abominaciones.
17Sacrificaron a los diablos, no a Dios; a dioses que no habían conocido, a nuevos dioses venidos de cerca, que no habían temido vuestros padres.
18De la Roca que te crió te olvidaste: te has olvidado del Dios tu criador.
19Y vio lo Jehová, y encendióse en ira, por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas.
20Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su postrimería: que son generación de perversidades, hijos sin fe.
21Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; hiciéronme ensañar con sus vanidades: yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, con gente insensata los haré ensañar.
22Porque fuego se encenderá en mi furor, y arderá hasta el profundo; y devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes.
23Yo allegaré males sobre ellos; emplearé en ellos mis saetas.
24Consumidos serán de hambre, y comidos de fiebre ardiente y de amarga pestilencia; diente de bestias enviaré también sobre ellos, con veneno de serpiente de la tierra.
25De fuera desolará la espada, y dentro de las cámaras el espanto; así al mancebo como a la doncella, al que mama como el hombre cano.
26Dije: Echaríalos yo del mundo, haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos,
27Si no temiese la ira del enemigo, no sea que se envanezcan sus adversarios, no sea que digan: Nuestra mano alta ha hecho todo esto, no Jehová.
28Porque son gente de perdidos consejos, y no hay en ellos entendimiento.
29Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y entendieran su postrimería!
30Cómo podría perseguir uno a mil, y dos harían huir a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado?
31Que la roca de ellos no es como nuestra Roca: y nuestros enemigos sean de ello jueces.
32Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los sarmientos de Gomorra: las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, racimos muy amargos tienen.
33Veneno de dragones es su vino, y ponzoña cruel de áspides.
34No tengo yo esto guardado, sellado en mis tesoros?
35Mía es la venganza y el pago, al tiempo que su pie vacilará; porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está preparado se apresura.
36Porque Jehová juzgará a su pueblo, y por amor de sus siervos se arrepentirá, cuando viere que la fuerza pereció, y que no hay guardado, mas desamparado.
37Y dirá: ¿ Dónde están sus dioses, la roca en que se guarecían;
38Que comían el sebo de sus sacrificios, bebían el vino de sus libaciones? Levántense, que os ayuden y os defiendan.
39Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo: yo hago morir, y yo hago vivir: yo hiero, y yo curo: y no hay quien pueda librar de mi mano.
40Cuando yo alzaré a los cielos mi mano, y diré: Vivo yo para siempre,
41Si afilare mi reluciente espada, y mi mano arrebatare el juicio, yo volveré la venganza a mis enemigos, y daré el pago a los que me aborrecen.
42Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada devorará carne: en la sangre de los muertos y de los cautivos de las cabezas, con venganzas de enemigo.
43Alabad, gentes, a su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos, y volverá la venganza a sus enemigos, y expiará su tierra, a su pueblo.
44Y vino Moisés, y recitó todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo, él, y Josué hijo de Nun.
45Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras a todo Israel;
46Y díjoles: Poned vuestro corazón a todas las palabras que yo os protesto hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley.
47Porque no os es cosa vana, mas es vuestra vida: y por ellas haréis prolongar los días sobre la tierra, para poseer la cual pasáis el Jordán.
48Y habló Jehová a Moisés aquel mismo día, diciendo:
49Sube a este monte de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, que está en derecho de Jericó, y mira la tierra de Canaán, que yo doy por heredad a los hijos de Israel;
50Y muere en el monte al cual subes, y sé reunido a tus pueblos; al modo que murió Aarón tu hermano en el monte de Hor, y fue reunido a sus pueblos:
51Por cuanto prevaricasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de la rencilla de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.
52Verás por tanto delante de ti la tierra; mas no entrarás allá, a la tierra que doy a los hijos de Israel.
Sobre Deuteronomio 32
¿Qué pasa aquí?
Moisés entona su último cántico: un relato poético de la fidelidad de Dios, la infidelidad de Israel, la ira de Dios expresada por medio de las naciones, y la vindicación final de su pueblo y el juicio de sus enemigos. El cántico describe a Dios como roca, como padre, como águila y finalmente como vengador. Moisés y Josué lo recitan ante toda la asamblea. Luego Dios le dice a Moisés que suba al monte Nebo para ver la tierra y morir allí, como Aarón murió en el monte Hor.
¿La idea principal?
El cántico guarda en verso todo el recorrido de la historia de Israel, para que cuando lleguen los desastres el pueblo tenga en la boca las palabras que explican lo que está pasando y por qué.
Una línea para recordar
4: "El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud: Dios de verdad, y ninguna iniquidad en él: es justo y recto." El carácter de Dios como el punto fijo con el que se mide cada fracaso humano y cada catástrofe nacional.
El contexto
Los campos de Moab, 1406 a. C. Toda la nación está reunida por última vez. Moisés, cuya voz llevó la ley durante cuarenta años, la alza una vez más en poesía. No es un lamento sino un canto de batalla: le dice al pueblo cómo llamar a Dios cuando ya no le queden otras palabras.
¿Quién aparece?
Moisés, cantando. Josué, de pie a su lado. Dios, descrito como Roca, Padre y Águila. Israel, descrito como Jesurún, el recto que engordó y tiró coces. Las naciones, usadas como instrumentos de juicio y luego juzgadas ellas mismas.
Por qué importa
El cántico de Moisés se cita en el Nuevo Testamento con más frecuencia que casi cualquier otro pasaje de Deuteronomio. Pablo lo cita en Romanos 10 y 15 y en 1 Corintios 10. Apocalipsis 15 muestra a los redimidos cantándolo en el cielo. Llegó a ser uno de los textos litúrgicos fundamentales tanto de la sinagoga como de la iglesia primitiva.
Para cuando sientes...
Para cuando la historia se siente caótica y aleatoria, cuando las naciones suben y caen y nada parece cuadrar. El cántico dice que hay un patrón: la obra de la Roca es perfecta, y lo que parece abandono es la forma que toma la justicia.