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Apocalipsis 3
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Apocalipsis 3Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1Y ESCRIBE al ángel de la iglesia en SARDIS: El que tiene los siete Espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco tus obras, que tienes nombre que vives, y estás muerto.

2Sé vigilante y confirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.

3Acuérdate pues de lo que has recibido y has oído, y guárda lo, y arrepiéntete. Y si no velares, vendré a ti como ladrón, y no sabrás en qué hora vendré a ti.

4Mas tienes unas pocas personas en Sardis que no han ensuciado sus vestiduras: y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos.

5El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.

6El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

7Y escribe al ángel de la iglesia en FILADELFIA: Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:

8Yo conozco tus obras: he aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar; porque tienes un poco de potencia, y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

9He aquí, yo doy de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas mienten; he aquí, yo los constreñiré a que vengan y adoren delante de tus pies, y sepan que yo te he amado.

10Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar a los que moran en la tierra.

11He aquí, yo vengo presto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.

12Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalem, la cual desciende del cielo de con mi Dios, y mi nombre nuevo.

13El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

14Y escribe al ángel de la iglesia en LAODICEA: He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios:

15Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡ Ojalá fueses frío, o caliente!

16Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

17Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo;

18Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

19Yo reprendo y castigo a todos los que amo: sé pues celoso, y arrepiéntete.

20He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

21Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

22El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Sobre Apocalipsis 3

¿Qué pasa aquí?

Tres cartas más. Sardis tiene fama de estar viva, pero en la práctica está muerta, y se le dice que despierte antes de que llegue el ladrón. Filadelfia es pequeña y débil, pero ha guardado la palabra de Cristo y recibe la promesa de una puerta abierta que nadie puede cerrar y protección en la hora de prueba que viene. Laodicea recibe la reprensión más dura: rica y satisfecha de sí misma, no sabe que es desventurada y desnuda. Cristo está a la puerta y llama. Al que abra, le promete comunión a la mesa y un lugar en su trono.

¿La idea principal?

La buena reputación y la prosperidad material pueden convivir con un profundo vacío espiritual, mientras que la iglesia con menos recursos puede ser la que Cristo más elogia.

Una línea para recordar

20: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." Dirigido a una iglesia, no a un individuo, y la imagen es urgente: Cristo afuera, esperando, frente a una comunidad demasiado cómoda para darse cuenta.

El contexto

Sardis tenía un pasado legendario como capital del antiguo reino de Lidia, la ciudad de Creso, considerada inexpugnable y tomada dos veces por asaltos sorpresa. Su historia de dormir cuando debía vigilar hacía que la orden de Cristo de despertar pesara de manera especial para quien conocía la historia de la ciudad.

¿Quién aparece?

La iglesia de Sardis, con sus pocos miembros sin mancha que andarán en vestiduras blancas; la iglesia de Filadelfia, pequeña y fiel; la iglesia de Laodicea, rica por sus industrias de banca, textiles y colirio, pero que Cristo evalúa como en bancarrota.

Por qué importa

El agua tibia de Laodicea es una referencia local: el agua de la ciudad llegaba por acueducto desde manantiales lejanos, tibia y cargada de minerales al llegar, a diferencia de las aguas termales de Hierápolis o de los arroyos fríos de la cercana Colosas. La geografía amplifica la metáfora: no eres ni lo uno ni lo otro, y eso da náuseas.

Para cuando sientes...

Para cuando tu vida se ve bien desde afuera y sabes que no lo está. La carta a Laodicea es la más confrontativa del conjunto, pero termina con una invitación, no con un rechazo. Cristo sigue a la puerta.