Apocalipsis 22Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1DESPUÉS me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.
2En el medio de la plaza de ella, y de la una y de la otra parte del río, estaba el árbol de la vida, que lleva doce frutos, dando cada mes su fruto: y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.
3Y no habrá más maldición; sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.
4Y verán su cara; y su nombre estará en sus frentes.
5Y allí no habrá más noche; y no tienen necesidad de lumbre de antorcha, ni de lumbre de sol: porque el Señor Dios los alumbrará: y reinarán para siempre jamás.
6Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor Dios de los santos profetas ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que es necesario que sean hechas presto.
7Y he aquí, vengo presto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
8Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.
9Y él me dijo: Mira que no lo hagas: porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.
10Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro; porque el tiempo está cerca.
11El que es injusto, sea injusto todavía: y el que es sucio, ensúciese todavía: y el que es justo, sea todavía justificado: y el santo sea santificado todavía.
12Y he aquí, yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según fuere su obra.
13Yo soy Alfa y Omega, principio y fin, el primero y el postrero.
14Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad.
15Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, y los disolutos, y los homicidas, y los idólatras, y cualquiera que ama y hace mentira.
16Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente, y de la mañana.
17Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde.
18Porque yo protesto a cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro.
19Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro.
20El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve. Amén, sea así. Ven, Señor Jesús.
21La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
Sobre Apocalipsis 22
¿Qué pasa aquí?
Un río de vida fluye del trono de Dios y del Cordero por en medio de la ciudad. El árbol de la vida da doce clases de fruto y sus hojas sanan a las naciones. Ya no hay maldición. Los siervos de Dios verán su rostro y su nombre estará en sus frentes. Reinarán para siempre. El ángel afirma que estas cosas son fieles y verdaderas. Jesús dice tres veces que viene pronto. El libro no ha de sellarse. El Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Una última advertencia contra añadir o quitar del libro. La gracia del Señor Jesucristo sea con todos.
¿La idea principal?
El Apocalipsis no termina con un cierre definitivo sino con una invitación: el río sigue corriendo, el árbol sigue dando fruto, y la respuesta a todo lo que se ha mostrado es un Ven abierto.
Una línea para recordar
20: "El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve. Amén, sea así. Ven, Señor Jesús." El último intercambio de la Biblia antes de la bendición final: una promesa y su respuesta, en un mismo aliento.
El contexto
El río que corre por en medio de la calle, con el árbol de la vida en ambas orillas, es la última imagen detallada del libro, deliberadamente pastoral y edénica después de todo lo anterior. La ciudad, con todo su jaspe y su oro, tiene un río que la atraviesa. El trono y el árbol están en el mismo lugar. Lo que se separó al comienzo de la historia humana, la presencia de Dios y el acceso sin guardia a la vida, vuelve a estar unido al final.
¿Quién aparece?
El río de vida y el árbol de la vida, que aparecieron al principio de Génesis y reaparecen aquí cerrando el arco; los siervos de Dios que ven su rostro; Jesús, que habla directamente tres veces; el ángel; Juan, que otra vez intenta adorar al ángel y es corregido; el Espíritu y la Esposa, que pronuncian el Ven final.
Por qué importa
En Génesis, el árbol de la vida quedó custodiado tras la expulsión de la humanidad. Aquí está libremente al alcance, da fruto cada mes y sus hojas son para la sanidad de las naciones. La maldición de Génesis 3 se revierte de forma explícita: no habrá más maldición. Lo que se cerró al principio se abre al final. La advertencia de no añadir ni quitar de la profecía refleja Deuteronomio 4 y 12, y sitúa al Apocalipsis en la tradición de la Torá como una revelación fija y completa.
Para cuando sientes...
Para cuando has atravesado todo lo que contiene este libro y necesitas saber qué hacer ahora. La respuesta es sencilla: Ven. No una postura teológica, no una declaración doctrinal. Solo esto: ¿tienes sed? Ven. ¿Quieres? Ven. El agua de la vida se da de balde.