2 Samuel 21Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y EN los días de David hubo hambre por tres años consecutivos. Y David consultó a Jehová, y Jehová le dijo: Es por Saúl, y por aquella casa de sangre; porque mató a los Gabaonitas.
2Entonces el rey llamó a los Gabaonitas, y hablóles. ( Los Gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del residuo de los Amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento: mas Saúl había procurado matarlos con motivo de celo por los hijos de Israel y de Judá.)
3Dijo pues David a los Gabaonitas: ¿ Qué os haré, y con qué expiaré para que bendigáis a la heredad de Jehová?
4Y los Gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros querella sobre plata ni sobre oro con Saúl y con su casa: ni queremos que muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que vosotros dijereis os haré.
5Y ellos respondieron al rey: De aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros, para extirparnos sin dejar nada de nosotros en todo el término de Israel;
6Dénsenos siete varones de sus hijos, para que los ahorquemos a Jehová en Gabaa de Saúl, el escogido de Jehová. Y el rey dijo: Yo los daré.
7Y perdonó el rey a Mefi-boset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento de Jehová que hubo entre ellos, entre David y Jonatán hijo de Saúl.
8Mas tomó el rey dos hijos de Rispa hija de Aja, los cuales ella había parido a Saúl, a saber, a Armoni y a Mefi-boset; y cinco hijos de Mical hija de Saúl, los cuales ella había parido a Adriel, hijo de Barzilai Meholatita;
9Y entrególos en manos de los Gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte delante de Jehová: y murieron juntos aquellos siete, los cuales fueron muertos en el tiempo de la siega, en los primeros días, en el principio de la siega de las cebadas.
10Tomando luego Rispa hija de Aja un saco, tendióselo sobre un peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó a ninguna ave del cielo asentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche.
11Y fue dicho a David lo que hacía Rispa hija de Aja, concubina de Saúl.
12Entonces David fue, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los hombres de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-seán, donde los habían colgado los Filisteos, cuando deshicieron los Filisteos a Saúl en Gilboa:
13E hizo llevar de allí los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo; y juntaron también los huesos de los ahorcados.
14Y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Cis su padre; e hicieron todo lo que el rey había mandado. Después se aplacó Dios con la tierra.
15Y como los Filisteos tornaron a hacer guerra a Israel, descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los Filisteos: y David se cansó.
16En esto Isbi-benob, el cual era de los hijos del gigante, y el peso de cuya lanza era de trescientos siclos de metal, y tenía él ceñida una nueva espada, trató de herir a David:
17Mas Abisai hijo de Sarvia le socorrió, e hirió al Filisteo, y matólo. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí adelante saldrás con nosotros a batalla, porque no apagues la lámpara de Israel.
18Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los Filisteos: entonces Sibecai Husatita hirió a Saf, que era de los hijos del gigante.
19Otra guerra hubo en Gob contra los Filisteos, en la cual Elhanán, hijo de Jaare-oregim de Belén, hirió a Goliat Geteo, el asta de cuya lanza era como un enjullo de telar.
20Después hubo otra guerra en Gat, donde hubo un hombre de grande altura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro en todos: y también era de los hijos del gigante.
21Este desafió a Israel, y matólo Jonatán, hijo de Sima hermano de David.
22Estos cuatro le habían nacido al gigante en Gat, los cuales cayeron por la mano de David, y por la mano de sus siervos.
Sobre 2 Samuel 21
¿Qué pasa aquí?
Una hambruna de tres años se atribuye a que Saúl violó un tratado con los gabaonitas. David pregunta a los gabaonitas qué reparación exigen. Ellos piden siete descendientes varones de Saúl para ejecutarlos. David perdona a Mefi-boset pero les entrega a otros siete. Rispa, concubina de Saúl, se sienta junto a los cuerpos sobre la peña durante meses, ahuyentando a las aves y las fieras. David se entera y da sepultura digna a los huesos de Saúl, de Jonatán y de los siete. Se registran cuatro batallas contra gigantes filisteos, en una de las cuales David casi muere.
¿La idea principal?
Los pecados antiguos exigen saldarse. El voto roto de Saúl trae hambruna; hombres ejecutados sobre una peña provocan la vigilia de una madre que llega al corazón de David.
Una línea para recordar
10: "Tomando luego Rispa hija de Aja un saco, tendióselo sobre un peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó a ninguna ave del cielo asentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche." La protesta silenciosa de Rispa es una de las imágenes más poderosas de dolor materno en toda la Biblia.
El contexto
Hacia el año 975 a.C., en la etapa final del reinado de David. La hambruna llevaba tres años cuando David buscó la causa. Los gabaonitas eran un pueblo con el que Josué había hecho pacto siglos antes; Saúl había violado ese pacto en su celo por Israel, dice el texto, aunque el incidente concreto no se registra en ningún otro lugar. El lugar de la ejecución fue Gabaa, la propia ciudad natal de Saúl.
¿Quién aparece?
David, que negocia una reparación que abarca dos generaciones; los gabaonitas, que exigen que se honre su antiguo tratado; Rispa, concubina de Saúl, que vela durante meses a hijos ejecutados que ella no crió; Mefi-boset, perdonado; Elhanán y los demás guerreros, que acaban con los últimos gigantes filisteos.
Por qué importa
A Rispa no se le da ningún diálogo. Simplemente actúa, y su acción dura tanto y es tan visible para todos que David se ve obligado a responder. Reúne todos los huesos: los de Saúl, los de Jonatán y los de los siete ejecutados. La hambruna termina. El capítulo trata de lo que queda pendiente entre generaciones, obligaciones que sobreviven a quienes las contrajeron.
Para cuando sientes...
Para cuando ves a alguien llorar tan por completo que cambia lo que hacen todos a su alrededor. Rispa no pide nada. Simplemente se niega a que los cuerpos sean profanados, y esa negativa transforma la historia.