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2 Reyes 23
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2 Reyes 23Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1ENTONCES el rey envió, y juntaron a él todos los ancianos de Judá y de Jerusalem.

2Y subió el rey a la casa de Jehová con todos los varones de Judá, y con todos los moradores de Jerusalem, con los sacerdotes y profetas y con todo el pueblo, desde el más chico hasta el más grande; y leyó, oyéndolo ellos, todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová.

3Y poniéndose el rey en pie junto a la columna, hizo alianza delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y guardarían sus mandamientos, y sus testimonios, y sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras de la alianza que estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo confirmó el pacto.

4Entonces mandó el rey al sumo sacerdote Hilcías, y a los sacerdotes de segundo orden, y a los guardianes de la puerta, que sacasen del templo de Jehová todos los vasos que habían sido hechos para Baal, y para el bosque, y para toda la milicia del cielo; y quemólos fuera de Jerusalem en el campo de Cedrón, e hizo llevar las cenizas de ellos a Bet-el.

5Y quitó a los Camoreos, que habían puesto los reyes de Judá para que quemasen perfumes en los altos en las ciudades de Judá, y en los alrededores de Jerusalem; y asimismo a los que quemaban perfumes a Baal, al sol y a la luna, y a los signos, y a todo el ejército del cielo.

6Hizo también sacar el bosque fuera de la casa de Jehová, fuera de Jerusalem, al torrente de Cedrón, y quemólo en el torrente de Cedrón, y tornólo en polvo, y echó el polvo de él sobre los sepulcros de los hijos del pueblo.

7Además derribó las casas de los sodomitas que estaban en la casa de Jehová, en las cuales tejían las mujeres pabellones para el bosque.

8E hizo venir todos los sacerdotes de las ciudades de Judá, y profanó los altos donde los sacerdotes quemaban perfumes, desde Gabaa hasta Beer-seba; y derribó los altares de las puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la ciudad, que estaban a la mano izquierda, a la puerta de la ciudad.

9Empero los sacerdotes de los altos no subían al altar de Jehová en Jerusalem, mas comían panes sin levadura entre sus hermanos.

10Asimismo profanó a Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, porque ninguno pasase su hijo o su hija por fuego a Moloc.

11Quitó también los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol a la entrada del templo de Jehová, junto a la cámara de Natán-melec eunuco, el cual tenía cargo de los ejidos; y quemó al fuego los carros del sol.

12Derribó además el rey los altares que estaban sobre la techumbre de la sala de Acaz, que los reyes de Judá habían hecho, y los altares que había hecho Manasés en los dos atrios de la casa de Jehová; y de allí corrió y arrojó el polvo en el torrente de Cedrón.

13Asimismo profanó el rey los altos que estaban delante de Jerusalem, a la mano derecha del monte de la destrucción, los cuales Salomón rey de Israel había edificado a Astoret, abominación de los Sidonios, y a Quemos abominación de Moab, y a Milcom abominación de los hijos de Amón.

14Y quebró las estatuas, y taló los bosques, e hinchió el lugar de ellos de huesos de hombres.

15Igualmente el altar que estaba en Bet-el, y el alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, aquel altar y el alto destruyó; y quemó el alto, y lo tornó en polvo, y puso fuego al bosque.

16Y volvióse Josías, y viendo los sepulcros que estaban allí en el monte, envió y sacó los huesos de los sepulcros, y quemólos sobre el altar para contaminarlo, conforme a la palabra de Jehová que había profetizado el varón de Dios, el cual había anunciado estos negocios.

17Y después dijo: ¿ Qué título es este que veo? Y los de la ciudad le respondieron: Este es el sepulcro del varón de Dios que vino de Judá, y profetizó estas cosas que tú has hecho sobre el altar de Bet-el.

18Y él dijo: Dejadlo; ninguno mueva sus huesos: y así fueron preservados sus huesos, y los huesos del profeta que había venido de Samaria.

19Y todas las casas de los altos que estaban en las ciudades de Samaria, las cuales habían hecho los reyes de Israel para provocar a ira, quitólas también Josías, e hizo de ellas como había hecho en Bet-el.

20Mató además sobre los altares a todos los sacerdotes de los altos que allí estaban, y quemó sobre ellos huesos de hombres, y volvióse a Jerusalem.

21Entonces mandó el rey a todo el pueblo, diciendo: Haced la pascua a Jehová vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en el libro de esta alianza.

22No fue hecha tal pascua desde los tiempos de los jueces que gobernaron a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel, y de los reyes de Judá.

23A los diez y ocho años del rey Josías fue hecha aquella pascua a Jehová en Jerusalem.

24Asimismo barrió Josías los pythones, adivinos, y terapheos, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalem, para cumplir las palabras de la ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa de Jehová.

25No hubo tal rey antes de él que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, y de toda su alma, y de todas su fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro tal.

26Con todo eso, no se volvió Jehová del ardor de su grande ira, con que se había encendido su enojo contra Judá, por todas las provocaciones con que Manasés le había irritado.

27Y dijo Jehová: También he de quitar de mi presencia a Judá, como quité a Israel, y abominaré a esta ciudad que había escogido, a Jerusalem, y a la casa de la cual había yo dicho: Mi nombre será allí.

28Lo demás de los hechos de Josías, y todas las cosas que hizo, ¿ no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

29En aquellos días Faraón Necao rey de Egipto subió contra el rey de Asiria al río Eufrates, y salió contra él el rey Josías; pero aquel, así que le vio, matólo en Meguido.

30Y sus siervos lo pusieron en un carro, y trajéronlo muerto de Meguido a Jerusalem, y sepultáronlo en su sepulcro. Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y ungiéronle y pusiéronlo por rey en lugar de su padre.

31De veintitrés años era Joacaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalem. El nombre de su madre fue Amutal, hija de Jeremías de Libna.

32Y él hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho.

33Y echólo preso Faraón Necao en Ribla en la provincia de Hamat, reinando él en Jerusalem; e impuso sobre la tierra una multa de cien talentos de plata, y uno de oro.

34Entonces Faraón Necao puso por rey a Eliacim hijo de Josías, en lugar de Josías su padre, y mudóle el nombre en el de Joacim; y tomó a Joacaz, y llevólo a Egipto, y murió allí.

35Y Joacim pagó a Faraón la plata y el oro; mas hizo apreciar la tierra para dar el dinero conforme al mandamiento de Faraón, sacando la plata y oro del pueblo de la tierra, de cada uno según la estimación de su hacienda, para dar a Faraón Necao.

36De veinticinco años era Joacim cuando comenzó a Reinar, y once años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fue Zebuda hija de Pedaia, de Ruma.

37E hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho.

Sobre 2 Reyes 23

¿Qué pasa aquí?

Josías lee en público el libro de la ley y hace un pacto con todo el pueblo. Destruye de manera sistemática toda forma de idolatría: los altos, las imágenes de Asera, los caballos del sol, los altares que Manasés construyó en el templo, Tofet en el valle de Hinom, los altos que Salomón edificó para dioses extranjeros. Ejecuta a los sacerdotes paganos. Viaja al norte y profana Bet-el y los altos de Samaria. Celebra una Pascua sin igual desde los tiempos de los jueces. A pesar de todo esto, el juicio de Dios sobre Judá por los pecados de Manasés no cambia. Josías muere en Meguido a manos del Faraón Necao. Le siguen otros tres reyes en rápida sucesión.

¿La idea principal?

La reforma de Josías es la más completa en la historia de ambos reinos, y no basta: el juicio pronunciado en tiempos de Manasés sigue en pie, y el rey más justo del linaje de David muere en batalla antes de cumplir sesenta años.

Una línea para recordar

25: "No hubo tal rey antes de él que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, y de toda su alma, y de todas su fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro tal." El superlativo es real y trágico: el mejor rey no alcanza para revertir dos siglos de daño.

El contexto

La muerte de Josías en Meguido en 609 a.C. fue una sorpresa geopolítica. El Faraón Necao marchaba hacia el norte para apoyar al imperio asirio en declive contra Babilonia en Carquemis. No se explica por qué Josías decidió interceptarlo. Quizá intentaba preservar la autonomía de Judá impidiendo que Egipto se fortaleciera en el norte. Fuera cual fuera su razón, allí murió, y con él murió la última esperanza de estabilidad de Judá.

¿Quién aparece?

Josías, el reformador que desmantela tres siglos de sincretismo; el pueblo de Judá, que entra en el pacto en público; el Faraón Necao de Egipto, que mata a Josías en Meguido; Joacaz y Joacim, los reyes que siguen y deshacen pronto lo que Josías construyó.

Por qué importa

Josías desentierra los huesos de los sacerdotes de Bet-el y los quema sobre el altar, cumpliendo una profecía de 1 Reyes 13 dada trescientos años antes. La Pascua que celebra se declara sin igual desde la época de los jueces. Sin embargo, en el versículo 26 Dios dice que su ira no se ha apartado a causa de Manasés. No es una transacción mecánica, sino una afirmación sobre lo que puede producir una sola generación de liderazgo catastrófico, aun después de los mejores esfuerzos de quienes vienen detrás.

Para cuando sientes...

Para cuando estás haciendo todo bien y el daño estructural sigue siendo demasiado profundo para arreglarlo. La historia de Josías no es una advertencia sobre él. Es una tragedia sobre lo que nos hacemos unos a otros a lo largo de las generaciones.