2 Crónicas 5Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y ACABADA que fue toda la obra que hizo Salomón para la casa de Jehová, metió Salomón en ella las cosas que David su padre había dedicado; y puso la plata, y el oro, y todos los vasos, en los tesoros de la casa de Dios.
2Entonces Salomón juntó en Jerusalem los ancianos de Israel, y todos los príncipes de las tribus, los cabezas de las familias de los hijos de Israel, para que trajesen el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, que es Sión.
3Y juntáronse al rey todos los varones de Israel, a la solemnidad del mes séptimo.
4Y vinieron todos los ancianos de Israel, y tomaron los Levitas el arca:
5Y llevaron el arca, y el tabernáculo del testimonio, y todos los vasos del santuario que estaban en el tabernáculo: los sacerdotes y los Levitas los llevaron.
6Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había a él reunido delante del arca, sacrificaron ovejas y bueyes, que por la multitud no se pudieron contar ni numerar.
7Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el oratorio de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines:
8Pues los querubines extendían las alas sobre el asiento del arca, y cubrían los querubines por encima así el arca como sus barras.
9E hicieron salir fuera las barras, de modo que se viesen las cabezas de las barras del arca delante del oratorio, mas no se veían desde fuera: y allí estuvieron hasta hoy.
10En el arca no había sino las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb, con las cuales Jehová había hecho alianza con los hijos de Israel, después que salieron de Egipto.
11Y como los sacerdotes salieron del santuario, ( porque todos los sacerdotes que se hallaron habían sido santificados, y no guardaban sus veces;
12Y los Levitas cantores, todos los de Asaf, los de Hemán, y los de Jedutún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas:)
13Sonaban pues las trompetas, y cantaban con la voz todos a una, para alabar y confesar a Jehová: y cuando alzaban la voz con trompetas y címbalos e instrumentos de música, cuando alababan a Jehová, diciendo: Porque es bueno, porque su misericordia es para siempre: la casa se llenó entonces de una nube, la casa de Jehová.
14Y no podían los sacerdotes estar para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Dios.
Sobre 2 Crónicas 5
¿Qué pasa aquí?
Salomón lleva el arca del pacto al templo terminado con una enorme procesión de sacerdotes y levitas. El arca se coloca en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines. Los sacerdotes se retiran, los músicos levitas tocan y cantan al unísono, y la gloria de Dios llena el templo como una nube. Los sacerdotes ni siquiera pueden quedarse de pie para ministrar, tan abrumadora es la presencia.
¿La idea principal?
La llegada de Dios al templo no es ceremonial sino abrumadora: su gloria literalmente desplaza a la gente y llena el espacio que le construyeron.
Una línea para recordar
14: "Y no podían los sacerdotes estar para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Dios." El edificio está terminado, la ceremonia se ha cumplido a la perfección, y Dios deja claro quién manda de verdad en este espacio.
El contexto
La dedicación ocurrió probablemente hacia el 959 a. C. Cada elemento del capítulo está coreografiado para el máximo impacto teológico: el canto unánime, los instrumentos, el arca llevada por sacerdotes. Pero el cronista conoce a sus lectores. Ellos han oído esta historia entre escombros. La gloria que llenó esta casa se había ido antes de que llegaran los babilonios, y esa pérdida define cada versículo.
¿Quién aparece?
Salomón, que preside; los sacerdotes y levitas, que avanzan en procesión con el arca; los músicos, cuya alabanza unánime precede la llegada divina; el arca misma, que guarda las dos tablas del Sinaí.
Por qué importa
La nube de gloria que llena el templo refleja la nube que guió a Israel por el desierto y llenó el tabernáculo cuando Moisés lo dedicó. El cronista hace una conexión deliberada: el templo es el tabernáculo hecho permanente, y el Dios que se encontró con Moisés se encuentra con Salomón. Para los lectores posteriores al exilio, este capítulo es memoria de lo perdido y esperanza de lo que podría volver.
Para cuando sientes...
Para cuando terminaste algo con todo lo que tenías y te preguntas si fue recibido. El capítulo dice que a veces la respuesta es inconfundible, y se parece a no poder quedarse de pie.