2 Crónicas 28Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1DE VEINTE años era Acaz cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalem: mas no hizo lo recto en ojos de Jehová, como David su padre.
2Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y además hizo imágenes de fundición a los Baales.
3Quemó también perfume en el valle de los hijos de Hinom, y quemó sus hijos por fuego, conforme a las abominaciones de las gentes que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.
4Asimismo sacrificó y quemó perfumes en los altos, y en los collados, y debajo de todo árbol espeso.
5Por lo cual Jehová su Dios lo entregó en manos del rey de los Siros, los cuales le derrotaron, y cogieron de él una grande presa, que llevaron a Damasco. Fue también entregado en manos del rey de Israel, el cual lo batió con gran mortandad.
6hijo de Remalías mató en Judá en un día ciento y veinte mil, todos hombres valientes; por cuanto habían dejado a Jehová el Dios de sus padres.
7Asimismo Zicri, hombre poderoso de Efraín, mató a Maasías hijo del rey, y a Azricam su mayordomo, y a Elcana, segundo después del rey.
8Tomaron también cautivos los hijos de Israel de sus hermanos doscientos mil, mujeres, muchachos, y muchachas, a más de haber saqueado de ellos un gran despojo, el cual trajeron a Samaria.
9Había entonces allí un profeta de Jehová, que se llamaba Obed, el cual salió delante del ejército cuando entraba en Samaria, y díjoles: He aquí Jehová el Dios de vuestros padres, por el enojo contra Judá, los ha entregado en vuestras manos; y vosotros los habéis muerto con ira, que hasta el cielo ha llegado.
10Y ahora habéis determinado sujetar a vosotros a Judá y a Jerusalem por siervos y siervas: mas ¿ no habéis vosotros pecado contra Jehová vuestro Dios?
11Oidme pues ahora, y volved a enviar los cautivos que habéis tomado de vuestros hermanos: porque Jehová está airado contra vosotros.
12Levantáronse entonces algunos varones de los principales de los hijos de Efraín, Azarías hijo de Johanán, y Berequías hijo de Mesilemot, y Ezequías hijo de Salum, y Amasa hijo de Hadlai, contra los que venían de la guerra.
13Y dijéronles: No metáis acá la cautividad; porque el pecado contra Jehová será sobre nosotros. Vosotros tratáis de añadir sobre nuestros pecados y sobre nuestras culpas, siendo asaz grande nuestro delito, y la ira del furor sobre Israel.
14Entonces el ejército dejó los cautivos y la presa delante de los príncipes y de toda la multitud.
15Y levantáronse los varones nombrados, y tomaron los cautivos, y vistieron del despojo a los que de ellos estaban desnudos; vistiéronlos y calzáronlos, y diéronles de comer y de beber, y ungiéronlos, y condujeron en asnos a todos los flacos, y lleváronlos hasta Jericó, ciudad de las palmas, cerca de sus hermanos; y ellos se volvieron a Samaria.
16En aquel tiempo envió a pedir el rey Acaz a los reyes de Asiria que le ayudasen:
17los Idumeos habían venido y herido a los de Judá, y habían llevado cautivos.
18Asimismo los Filisteos se habían derramado por las ciudades de la llanura, y al mediodía de Judá, y habían tomado a Bet-semes, a Ajalón, Gederot, y Soco con sus aldeas, Timna también con sus aldeas, y Gimzo con sus aldeas; y habitaban en ellas.
19Porque Jehová había humillado a Judá por causa de Acaz rey de Israel: por cuanto él había desnudado a Judá, y rebeládose gravemente contra Jehová.
20Y vino contra él Tiglat-pileser, rey de los Asirios: pues lo redujo a estrechez, y no lo fortificó.
21Aunque despojó Acaz la casa de Jehová, y la casa real, y las de los príncipes, para dar al rey de los Asirios, con todo eso él no le ayudó.
22Además el rey Acaz en el tiempo que aquel le apuraba, añadió prevaricación contra Jehová;
23Porque sacrificó a los dioses de Damasco que le habían herido, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también sacrificaré a ellos para que me ayuden; bien que fueron estos su ruina, y la de todo Israel.
24A más de eso recogió Acaz los vasos de la casa de Dios, y quebrólos, y cerró las puertas de la casa de Jehová, e hízose altares en Jerusalem en todos los rincones.
25Hizo también altos en todas las ciudades de Judá, para quemar perfumes a los dioses ajenos, provocando así a ira a Jehová el Dios de sus padres.
26Lo demás de sus hechos, y todos sus caminos, primeros y postreros, he aquí ello está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
27Y durmió Acaz con sus padres, y sepultáronlo en la ciudad de Jerusalem: mas no le metieron en los sepulcros de los reyes de Israel; y reinó en su lugar Ezequías su hijo.
Sobre 2 Crónicas 28
¿Qué pasa aquí?
Acaz llega a ser rey a los veinte años y no hace lo recto. Quema a sus hijos en el fuego, edifica lugares altos y ofrece sacrificios por todas partes. Dios lo entrega en manos de Siria y de Israel. Israel derrota a Judá con enormes bajas y se lleva 200.000 cautivos. Pero el profeta Obed sale al encuentro del ejército y dice: no pueden esclavizar a sus propios hermanos. Los cautivos son devueltos con ropa y comida. Acaz pide ayuda a Asiria y le envía la plata del templo. Los asirios no lo ayudan. Él cierra el templo y multiplica los altares.
¿La idea principal?
Un rey que abandona a Dios descubre que toda alianza le falla, todo ejército lo derrota y cada sustituto religioso que levanta agranda el desastre.
Una línea para recordar
22: "Además el rey Acaz en el tiempo que aquel le apuraba, añadió prevaricación contra Jehová" La fórmula más demoledora de Crónicas: la crisis que debería producir arrepentimiento produce, en cambio, más pecado.
El contexto
Los cautivos, 200.000 hombres, mujeres y niños, son devueltos a Jericó vestidos y alimentados, y los débiles van montados en asnos. Es un acto notable de conciencia colectiva. Los soldados de Israel los llevan al sur con cuidado. Jericó está en el borde del territorio de Benjamín. Ya casi están en casa. El momento humano queda preservado en un capítulo lleno de desastre, y el cronista no deja que pase inadvertido.
¿Quién aparece?
Acaz, cuyo rumbo es siempre descendente; Obed el profeta, cuya reprensión detiene una atrocidad; el ejército israelita que escucha al profeta y libera a los cautivos; Tiglat-pileser de Asiria, que toma la plata y no hace nada.
Por qué importa
El episodio de Obed y los cautivos devueltos es extraordinario: el Israel del norte, guiado por la reprensión de un profeta, trata a los prisioneros de Judá con más humanidad que la que el rey de Judá muestra a su propio pueblo. El cronista hace una observación punzante: la fidelidad a la palabra de Dios puede aparecer en lugares inesperados, y la infidelidad en los esperados.
Para cuando sientes...
Para cuando estás en problemas y cada estrategia lo empeora. Acaz lo vive, y el cronista es explícito: no es mala suerte. Es el resultado de un rechazo constante. Pero la esperanza escondida en la historia de Obed es que la palabra de Dios puede detener un desastre incluso cuando el rey ya se ha rendido.