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2 Crónicas 20
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2 Crónicas 20Reina Valera 1909 · Biblia en audio

1PASADAS estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los Amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra.

2Y acudieron, y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una grande multitud de la otra parte de la mar, y de la Siria; y he aquí ellos están en Hasasón-tamar, que es Engedi.

3Entonces él tuvo temor; y puso Josafat su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá.

4Y juntáronse los de Judá para pedir socorro a Jehová: y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir a Jehová.

5Púsose entonces Josafat en pie en la reunión de Judá y de Jerusalem, en la casa de Jehová, delante del atrio nuevo;

6Y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿ no eres tú Dios en los cielos, y te enseñoreas en todos los reinos de las Gentes? ¿ no está en tu mano tal fuerza y potencia, que no hay quien te resista?

7Dios nuestro, ¿ no echaste tú los moradores de aquesta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la simiente de Abraham tu amigo para siempre?

8Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo:

9Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, presentarnos hemos delante de esta casa, y delante de ti, ( porque tu nombre está en esta casa,) y de nuestras tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás.

10Ahora pues, he aquí los hijos de Amón y de Moab, y los del monte de Seir, a la tierra de los cuales no quisiste que pasase Israel cuando venían de la tierra de Egipto, sino que se apartasen de ellos, y no los destruyesen;

11He aquí ellos nos dan el pago, viniendo a echarnos de tu heredad, que tú nos diste a poseer.

12Oh Dios nuestro! ¿ no los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos lo que hemos de hacer, mas a ti volvemos nuestros ojos.

13Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños, y sus mujeres, y sus hijos.

14Y estaba allí Jahaziel hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, Levita de los hijos de Asaf, sobre el cual vino el espíritu de Jehová en medio de la reunión;

15Y dijo: Oid, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalem, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta tan grande multitud; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.

16Mañana descenderéis contra ellos: he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel.

17No habrá para qué vosotros peleéis en este caso: paraos, estad quedos, y ved la salud de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalem, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que Jehová será con vosotros.

18Entonces Josafat se inclinó rostro por tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalem se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová.

19Y levantáronse los Levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel a grande y alta voz.

20Y como se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat estando en pie, dijo: Oidme, Judá y moradores de Jerusalem. Creed a Jehová vuestro Dios, y seréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.

21Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen a Jehová, y alabasen en la hermosura de la santidad, mientras que salía la gente armada, y dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre.

22Y como comenzaron con clamor y con alabanza, puso Jehová contra los hijos de Amón, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y matáronse los unos a los otros:

23Pues los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir, para matarlos y destruirlos; y como hubieron acabado a los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero.

24Y luego que vino Judá a la atalaya del desierto, miraron hacia la multitud; mas he aquí yacían ellos en tierra muertos, que ninguno había escapado.

25Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron en ellos muchas riquezas entre los cadáveres, así vestidos como preciosos enseres, los cuales tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar: tres días duró el despojo, porque era mucho.

26Y al cuarto día se juntaron en el valle de Beraca; porque allí bendijeron a Jehová, y por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beraca, hasta hoy.

27Y todo Judá y los de Jerusalem, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para tornarse a Jerusalem con gozo, porque Jehová les había dado gozo de sus enemigos.

28Y vinieron a Jerusalem con salterios, arpas, y bocinas, a la casa de Jehová.

29Y fue el pavor de Dios sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel.

30Y el reino de Josafat tuvo reposo; porque su Dios le dio reposo de todas partes.

31Así reinó Josafat sobre Judá: de treinta y cinco años era cuando comenzó a reinar, y reinó veinte y cinco años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Azuba, hija de Silhi.

32Y anduvo en el camino de Asa su padre, sin apartarse de él, haciendo lo recto en los ojos de Jehová.

33Con todo eso los altos no eran quitados; que el pueblo aun no había enderezado su corazón al Dios de sus padres.

34Lo demás de los hechos de Josafat, primeros y postreros, he aquí están escritos en las palabras de Jehú hijo de Hanani, del cual es hecha mención en el libro de los reyes de Israel.

35Pasadas estas cosas, Josafat rey de Judá trabó amistad con Ocozías rey de Israel, el cual fue dado a la impiedad:

36E hizo con él compañía para aparejar navíos que fuesen a Tarsis; y construyeron los navíos en Esion-geber.

37Entonces Eliezer hijo de Dodava de Maresa, profetizó contra Josafat, diciendo: Por cuanto has hecho compañía con Ocozías, Jehová destruirá tus obras. Y los navíos se rompieron, y no pudieron ir a Tarsis.

Sobre 2 Crónicas 20

¿Qué pasa aquí?

Una vasta coalición de moabitas, amonitas y maonitas avanza contra Judá. Josafat proclama ayuno, reúne al pueblo en Jerusalén y ora públicamente en el atrio del templo. Reconoce el poder de Dios, recuerda sus obras pasadas y admite que no saben qué hacer, pero que sus ojos están puestos en Dios. Un levita llamado Jahaziel profetiza: no teman, esta batalla no es de ustedes sino de Dios. Salen cantando, descubren que el enemigo se ha destruido a sí mismo y pasan tres días recogiendo el botín.

¿La idea principal?

Cuando de verdad no sabes qué hacer, decírselo a Dios en público no es debilidad, sino la postura que suelta la batalla de tus manos a las suyas.

Una línea para recordar

12: "Oh Dios nuestro! ¿ no los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos lo que hemos de hacer, mas a ti volvemos nuestros ojos." La oración más breve y más honesta de Crónicas, y la que recibe la respuesta más dramática.

El contexto

Josafat pone a los cantores al frente del ejército y salen cantando acciones de gracias antes de que el enemigo esté siquiera a la vista. Cuando llegan, la coalición se ha desplomado por sus propias peleas internas. El valle donde sucede esto se llama después el valle de Beraca, es decir, de bendición. Los lectores posteriores al exilio, reconstruyendo una comunidad después de que su propia coalición de enemigos lo desmantelara todo, habrían llorado y esperado a partes iguales.

¿Quién aparece?

Josafat, que ora mejor en la crisis que en la prosperidad; Jahaziel el levita, cuya profecía da la vuelta a la asamblea; los cantores que encabezan el ejército; la coalición, que se destruye a sí misma.

Por qué importa

El capítulo 20 es uno de los grandes relatos de guerra del Antiguo Testamento. El plan de batalla es enviar primero al coro. El cronista lo usa para encarnar la afirmación teológica central de su historia: los resultados militares siguen a la orientación teológica. Para una comunidad que había perdido su tierra ante un poder abrumador y trataba de entender por qué, y si la recuperación era posible, este capítulo es a la vez explicación y promesa.

Para cuando sientes...

Para cuando estás abrumado, has probado todas las estrategias y te has quedado con las manos vacías. La oración del versículo 12 es todo el repertorio: no tenemos fuerza, no sabemos qué hacer, nuestros ojos están en ti. Es suficiente.