1 Samuel 30Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y CUANDO David y los suyos vinieron a Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el mediodía y a Siclag, y habían desolado a Siclag, y puéstola a fuego.
2Y habíanse llevado cautivas a las mujeres que estaban en ella, desde el menor hasta el mayor; mas a nadie habían muerto, sino llevado, e ídose su camino.
3Vino pues David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada a fuego, y sus mujeres y sus hijos e hijas llevadas cautivas.
4Entonces David y la gente que con él estaba, alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.
5Las dos mujeres de David, Ahinoam Jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal del Carmelo, también eran cautivas.
6Y David fue muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearlo; porque todo el pueblo estaba con ánimo amargo, cada uno por sus hijos y por sus hijas: mas David se esforzó en Jehová su Dios.
7Y dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo te ruego que me acerques el ephod. Y Abiatar acercó el ephod a David.
8Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿ Seguiré esta tropa? ¿ podréla alcanzar? Y él le dijo: Síguela, que de cierto la alcanzarás, y sin falta librarás la presa.
9Partióse pues David, él y los seiscientos hombres que con él estaban, y vinieron hasta el torrente de Besor, donde se quedaron algunos.
10Y David siguió el alcance con cuatrocientos hombres; porque se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron pasar el torrente de Besor.
11Y hallaron en el campo un hombre Egipcio, el cual trajeron a David, y diéronle pan que comiese, y a beber agua;
12Diéronle también un pedazo de masa de higos secos, y dos hilos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches.
13Y díjole David: ¿ De quién eres tú? ¿y de dónde eres? Y respondió el mozo Egipcio: Yo soy siervo de un Amalecita, y dejóme mi amo hoy ha tres días, porque estaba enfermo;
14Pues hicimos una incursión a la parte del mediodía de Cereteos, y a Judá, y al mediodía de Caleb; y pusimos fuego a Siclag.
15Y díjole David: ¿ Me llevarás tú a esa tropa? Y él dijo: Hazme juramento por Dios que no me matarás, ni me entregarás en las manos de mi amo, y yo te llevaré a esa gente.
16Llevólo pues: y he aquí que estaban derramados sobre la haz de toda aquella tierra, comiendo y bebiendo y haciendo fiesta, por toda aquella gran presa que habían tomado de la tierra de los Filisteos, y de la tierra de Judá.
17E hiriólos David desde aquella mañana hasta la tarde del día siguiente: y no escapó de ellos ninguno, sino cuatrocientos mancebos, que habían subido en camellos y huyeron.
18Y libró David todo lo que los Amalecitas habían tomado: y asimismo libertó David a sus dos mujeres.
19Y no les faltó cosa chica ni grande, así de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían tomado: todo lo recobró David.
20Tomó también David todas las ovejas y ganados mayores; y trayéndolo todo delante, decían: Esta es la presa de David.
21Y vino David a los doscientos hombres que habían quedado cansados y no habían podido seguir a David, a los cuales habían hecho quedar en el torrente de Besor; y ellos salieron a recibir a David, y al pueblo que con él estaba. Y como David llegó a la gente, saludóles con paz.
22Entonces todos los malos y perversos de entre los que habían ido con David, respondieron y dijeron: Pues que no fueron con nosotros, no les daremos de la presa que hemos quitado, sino a cada uno su mujer y sus hijos; los cuales tomen y se vayan.
23Y David dijo: No hagáis eso, hermanos míos, de lo que nos ha dado Jehová; el cual nos ha guardado, y ha entregado en nuestras manos la caterva que vino sobre nosotros.
24Y quién os escuchará en este caso? porque igual parte ha de ser la de los que vienen a la batalla, y la de los que quedan con el bagaje: que partan juntamente.
25Y desde aquel día en adelante fue esto puesto por ley y ordenanza en Israel, hasta hoy.
26Y como David llegó a Siclag, envió de la presa a los ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: He aquí una bendición para vosotros, de la presa de los enemigos de Jehová.
27A los que estaban en Bet-el, y en Ramot al mediodía, y a los que estaban en Jatir;
28Y a los que estaban en Aroer, y en Sifmot, y a los que estaban en Estemoa;
29Y a los que estaban en Racal, y a los que estaban en las ciudades de Jerameel, y a los que estaban en las ciudades del Cineo;
30Y a los que estaban en Horma, y a los que estaban en Corasán, y a los que estaban en Atac;
31Y a los que estaban en Hebrón, y en todos los lugares donde David había estado con los suyos.
Sobre 1 Samuel 30
¿Qué pasa aquí?
David y sus hombres regresan a Siclag y la encuentran quemada, y a sus familias llevadas por saqueadores amalecitas. Los hombres lloran hasta quedarse sin fuerzas y luego hablan de apedrear a David. David se esfuerza en Dios y consulta al sacerdote. Dios le dice que persiga y que lo recobrará todo. Persiguen, encuentran a un esclavo egipcio abandonado y enfermo en el desierto, que los guía al campamento amalecita. Atacan y lo recuperan todo. David reparte el botín con una regla nueva: los que se quedaron con el bagaje reciben lo mismo que los que pelearon.
¿La idea principal?
Liderazgo en plena crisis personal. David lo pierde todo, y en ese momento consulta a Dios en vez de derrumbarse o vengarse.
Una línea para recordar
6: "Y David fue muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearlo; porque todo el pueblo estaba con ánimo amargo, cada uno por sus hijos y por sus hijas: mas David se esforzó en Jehová su Dios." El movimiento interior de un líder a quien no le queda nada más que Dios.
El contexto
Siclag y el Neguev, hacia el año 1010 a.C. El saqueo amalecita mientras el ejército está ausente es una táctica recurrente en la región. El papel del esclavo egipcio es una pequeña nota humana: estaba enfermo, abandonado, y resulta que sabe adónde fue la banda de saqueadores. El azar y la providencia vuelven a obrar juntos.
¿Quién aparece?
David, que encuentra su fuente de fuerza cuando ya no hay apoyo humano; el esclavo egipcio, un hombre abandonado que se vuelve la clave de la misión; los hombres que se quejaron de repartir, que se topan con una regla que entrará en la ley de Israel.
Por qué importa
Aquí aparece la ética de liderazgo de David: reparto equitativo del botín, protección de los vulnerables y decisiones tomadas consultando a Dios, no por emoción reactiva. Este es el hombre que será rey.
Para cuando sientes...
"David se esforzó en Jehová su Dios" es una de las frases psicológicamente más honestas del texto. Nadie más iba a hacerlo por él.