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1 Reyes 18
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1 Reyes 18Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1PASADOS muchos días, fue palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo daré lluvia sobre la haz de la tierra.

2Fue pues Elías a mostrarse a Acab. Había a la sazón grande hambre en Samaria.

3Y Acab llamó a Abdías su mayordomo, el cual Abdías era en grande manera temeroso de Jehová;

4Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó cien profetas, los cuales escondió de cincuenta en cincuenta por cuevas, y sustentólos a pan y agua.

5Y dijo Acab a Abdías: Ve por el país a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos; que acaso hallaremos grama con que conservemos la vida a los caballos y a las acémilas, para que no nos quedemos sin bestias.

6Y partieron entre sí el país para recorrerlo: Acab fue de por sí por un camino, y Abdías fue separadamente por otro.

7Y yendo Abdías por el camino, topóse con Elías; y como le conoció, postróse sobre su rostro, y dijo: ¿ No eres tú mi señor Elías?

8Y él respondió: Yo soy; ve, di a tu amo: He aquí Elías.

9Pero él dijo: ¿ En qué he pecado, para que tú entregues tu siervo en mano de Acab para que me mate?

10Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino donde mi señor no haya enviado a buscarte; y respondiendo ellos, No está aquí, él ha conjurado a reinos y naciones si no te han hallado.

11Y ahora tú dices: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías?

12Y acontecerá que, luego que yo me haya partido de ti, el espíritu de Jehová te llevará donde yo no sepa; y viniendo yo, y dando las nuevas a Acab, y no hallándote él, me matará; y tu siervo teme a Jehová desde su mocedad.

13No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba a los profetas de Jehová: que escondí cien varones de los profetas de Jehová de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve a pan y agua?

14Y ahora dices tú: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías: para que él me mate?

15Y díjole Elías: Vive Jehová de los ejércitos, delante del cual estoy, que hoy me mostraré a él.

16Entonces Abdías fue a encontrarse con Acab, y dióle el aviso; y Acab vino a encontrarse con Elías.

17Y como Acab vio a Elías, díjole Acab: ¿ Eres tú el que alborotas a Israel?

18Y él respondió: Yo no he alborotado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los Baales.

19Envía pues ahora y júntame a todo Israel en el monte de Carmelo, y los cuatrocientos y cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de los bosques, que comen de la mesa de Jezabel.

20Entonces Acab envió a todos los hijos de Israel, y juntó los profetas en el monte de Carmelo.

21Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿ Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.

22Y Elías tornó a decir al pueblo: Solo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos y cincuenta hombres.

23Dénsenos pues dos bueyes, y escójanse ellos el uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, mas no pongan fuego debajo; y yo aprestaré el otro buey, y pondrélo sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.

24Invocad luego vosotros en el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré en el nombre de Jehová: y el Dios que respondiere por fuego, ese sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.

25Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos el un buey, y haced primero, pues que vosotros sois los más: e invocad en el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.

26Y ellos tomaron el buey que les fue dado, y aprestáronlo, e invocaron en el nombre de Baal desde la mañana hasta el medio día, diciendo: ¡ Baal, respóndenos! Mas no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.

27Y aconteció al medio día, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, que dios es: quizá está conversando, o tiene algún empeño, o va de camino; acaso duerme, y despertará.

28Y ellos clamaban a grandes voces, y sajábanse con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.

29Y como pasó el medio día, y ellos profetizaran hasta el tiempo del sacrificio del presente, y no había voz, ni quien respondiese ni escuchase;

30Elías dijo entonces a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se llegó a él: y él reparó el altar de Jehová que estaba arruinado.

31Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido palabra de Jehová, diciendo, Israel será tu nombre;

32Edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová: después hizo una reguera alrededor del altar, cuanto cupieran dos satos de simiente.

33Compuso luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y púsolo sobre la leña.

34Y dijo: Henchid cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; e hiciéronlo la tercera vez.

35De manera que las aguas corrían alrededor del altar; y había también henchido de agua la reguera.

36Y como llegó la hora de ofrecerse el holocausto, llegóse el profeta Elías, y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.

37Respóndeme, Jehová, respóndeme; para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú volviste atrás el corazón de ellos.

38Entonces cayó fuego de Jehová, el cual consumió el holocausto, y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun lamió las aguas que estaban en la reguera.

39Y viéndolo todo el pueblo, cayeron sobre sus rostros, y dijeron: ¡ Jehová es el Dios! ¡ Jehová es el Dios!

40Y díjoles Elías: Prended a los profetas de Baal, que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y llevólos Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.

41Y entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una grande lluvia suena.

42Y Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo; y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.

43Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia la mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.

44Y a la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube de la mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce y desciende, porque la lluvia no te ataje.

45Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento; y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel.

46Y la mano de Jehová fue sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y vino corriendo delante de Acab hasta llegar a Jezreel.

Sobre 1 Reyes 18

¿Qué pasa aquí?

Después de tres años de sequía, Dios envía a Elías de vuelta a Acab. Abdías, que ha escondido en secreto a cien profetas de la purga de Jezabel, organiza el encuentro. Elías convoca a todo Israel y a los 450 profetas de Baal al monte Carmelo para una competencia: cada bando prepara un sacrificio y ora, y el Dios que responda con fuego es el Dios verdadero. Los profetas de Baal gritan y se sajan desde la mañana hasta la tarde sin resultado. Elías ora una vez. Cae fuego y consume el sacrificio, las piedras del altar e incluso el agua de la zanja. El pueblo se postra. Los profetas de Baal son ejecutados. Llega la lluvia.

¿La idea principal?

Hay un solo Dios que responde a la oración, y ninguna intensidad religiosa humana puede sustituir su presencia y su poder reales.

Una línea para recordar

21: "Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿ Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra." El silencio de la multitud ante esta pregunta es una de las no respuestas más elocuentes de la Escritura.

El contexto

Monte Carmelo, hacia el 869 a. C. Una cresta expuesta sobre el mar, visible a kilómetros. Cuatrocientos cincuenta hombres en frenesí religioso desde el alba hasta el mediodía y hasta la tarde, la sangre corriendo de heridas que se hicieron ellos mismos, las voces roncas. Luego Elías reconstruye un altar derribado con doce piedras, lo empapa de agua tres veces y pronuncia una oración serena. El fuego lo consume todo. Una nubecilla sube del mar y crece hasta que el cielo se oscurece.

¿Quién aparece?

Elías: profeta de Jehová, artífice de la confrontación en el Carmelo; Acab: rey, cómplice de la apostasía; Abdías: oficial real, protector secreto de los profetas; los 450 profetas de Baal: profesionales religiosos que no tienen nada que mostrar tras sus horas desesperadas.

Por qué importa

El monte Carmelo es la demostración pública decisiva de todo aquello hacia lo que el libro ha venido avanzando. Baal era el dios de la tormenta; su incapacidad de producir fuego en un día seco, en medio de una sequía que supuestamente él causó, es teológicamente devastadora. La oración de Elías, dieciocho palabras en hebreo, contrasta con horas de frenesí de los profetas de Baal.

Para cuando sientes...

La burla del mediodía, cuando Elías sugiere que Baal tal vez duerme o está de viaje, es de un humor oscuro y de una tristeza desesperada. Ver a personas que se hieren por un dios que no está ahí tiene un patetismo genuino. Luego el fuego, y el silencio después, antes de que el pueblo diga por fin lo que debió haber dicho hace años.